Como cuchillos


También al escritor Chesterton se le atribuyen multitud de comenta- rios afilados y demoledores. Se dice de él que una vez, en el transcurso de una comida, soltó una sonora ventosidad. Viendo que la señora que se sentaba a su lado se ruborizaba, se acercó y le dijo al oído, pero de forma que todo el mundo pudiera escucharle: "No se apure, señora, diremos que he sido yo".

En el libro Errores de la historia, de Roger Rossing, se dedica un pequeño capítulo a algunas de estas frases históricas. Se cita, por ejemplo, al escritor irlandés Bernard Shaw, quien una vez invitó a uno de sus estrenos a un conocido político al que hizo llegar la siguiente nota: "Le envío dos entradas por si quisiera acudir con un amigo, si es que tiene alguno". A lo que el destinatario, también avezado en los combates dialécticos, contestó: "Siento, señor Shaw, no poder acudir al estreno, le agradecería que me enviara invitaciones para otra representación, si es que hay alguna".

Otro corte curioso se lo llevó el dramaturgo inglés Noel Coward quien, tradicional con respecto a la vestimenta femenina, le dijo a una señora que iba vestida con un pantalón: "Señorita, parece usted un hombre", a lo que ella, sin inmutarse, y mirándole de arriba abajo, respondió con un escueto: "Y usted también".

En todo caso, una de las más rápidas y letales respuestas fue la de John Wilkes, un conocido y ácido periodista inglés del siglo XVIII, a lord Sándwich cuando este último, borracho como una cuba, le espetó: "Estoy seguro, amigo, de que usted acabará muriendo en la horca, o corroído por la sífilis", a lo que Wilkes dijo: "Eso dependerá sólo de si abrazo su credo político o abrazo a su querida". Inapelable.

Jesús Marchamalo

Etiquetas: historialenguaje

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