Bautismo de vehículos


Bautismo de vehículos Hace unos años, la mayoría de los modelos de coches se bautizaban con cifras: Seat 600, Simca 1000 o Renault 5, por sólo mencionar alguno de los más emblemáticos. Se trataba entonces de vender tecnología, siempre más avenida con los números que con las letras. Sin embargo, la moda pasó y hoy las firmas de automóviles dedican una parte significativa de sus presupuestos de diseño y de mercadotecnia a seleccionar un nombre para cada nuevo modelo que sale al mercado. Y no es tarea fácil porque hay que encontrar una denominación que sea al tiempo sugestiva, fácil de recordar, eufónica (de sonoridad agradable) y que no tenga un significado negativo en ningún idioma, como ocurrió con el modelo Nova de Chevrolet, que a finales de los setenta tuvo que ser retirado del mercado latinoamericano porque su nombre se interpretaba en broma como ¡No va! Josep M. Albaigês, en su Enciclopedia de los nombres propios, hace un interesante recorrido por los nombres de los coches y cómo éstos han ido buscando valores de prestigio entre los consumidores. Así, hay modelos que apelan a la exclusividad: Imperial, Sovereign, Triumph; a los grandes viajes: Caravelle, Frégate, Corvette; a la aventura y al exotismo: Tuareg, Nomad, Sirocco, o a la velocidad: Tiburón, Falcon, Impala.

Otros tienen que ver con el espacio y los planetas: Mercury, Comet, Espace; con el ocio y los deportes exclusivos: Golf, Regata, Polo; con la diversión: Samba, Ritmo, Fiesta; con ciertos lugares y ciudades: Alpine, Lugano, Ibiza, León, Toledo, Granada; y con nombres propios, preferentemente femeninos: Augusta, Carina, Electra. El famoso Mercedes tomó su nombre de la hija del cónsul general de Austria en Niza, quien en 1899 inscribió así a su coche en un campeonato de velocidad; luego, a fuerza de ganar carreras se hizo tan popular que acabó convirtiéndose en marca. Y entre los nombres raros destacan el legendario Escarabajo de Volkswagen, uno de los modelos más vendidos de la historia, el Manta, de Opel, y el políticamente incorrecto Dictador, de Studebaker.

Jesús Marchamalo

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