1816, el año que no tuvo verano

Hace dos siglos, una erupción volcánica alteró el clima planetario. Una de sus muchas consecuencias fue el villancico Noche de Paz, pero hubo más…

Tuve un sueño, que no era del todo un sueño.
El brillante sol se había extinguido y las estrellas
vagaban apagándose en el espacio eterno.
Sin luz y sin rumbo, la helada tierra
oscilaba ciega y negra en el cielo sin luna.

Con estos versos arranca el poema Oscuridad, de Lord Byron. Para escribirlo, el poeta se inspiró en el verano de 1816, un verano que no fue verano. Aquel año, Byron pasó unos días en Suiza bajo un cielo oscuro y cubierto de nubes, con temperaturas inusualmente bajas para la estación.

Pero esta historia empieza antes, y muy lejos de allí. En 1815, el volcán Tambora, situado en la actual Indonesia, estalló violentamente. La primera erupción comenzó el 5 de abril, y el estruendo fue tal que se oyó a una distancia de más de 1000 km. Estas primeras explosiones provocaron incluso la movilización de algunas tropas que se encontraban en la isla de Java, ya que fueron confundidas con cañonazos.

La segunda erupción, aún más intensa, sucedió el día 10 de abril, y generó una columna de humo y ceniza que superó los 40 km de altura, el cuádruple de la altura a la que vuela un avión comercial. El sonido de la explosión llegó hasta Sumatra, a más de 2.500 km de distancia. En algunos momentos, el Tambora llegó a expulsar 400 millones de kilogramos de material volcánico cada segundo, arrasando con todo a su alrededor. Se estima que el volcán arrojó 140.000 millones de toneladas de roca volcánica.

Durante dos días, la ceniza bloqueó la luz solar en 600 km a la redonda, y en el mar se formaron islas flotantes de piedra pómez de hasta 5 km de diámetro. El Tambora, que antes de la erupción tenía una altura de 4300 m, pasó a medir 2851 m.


El volcán que cambió el clima

Fue la mayor erupción volcánica de la era moderna, 8 veces más potente que la del Vesubio, que arrasó Pompeya. Provocó más de 70.000 muertes, 10.000 de las cuales ocurrieron de forma inmediata, mientras que el resto fueron consecuencia de las enfermedades y el hambre.

Sin embargo, las consecuencias fueron más allá. La gran cantidad de azufre que el volcán arrojó a la atmósfera provocó una alteración climática que hizo desaparecer el siguiente verano. El de 1816 fue el más frío registrado en el hemisferio norte desde el año 1601.

En algunos lugares, las temperaturas podían bajar hasta 20 ºC en cuestión de horas. Nevó en el sur de México y en Guatemala, y también en Europa el tiempo fue anormalmente frío y las lluvias abundantes. Multitud de cosechas quedaron arruinadas, los precios aumentaron, y se produjeron revueltas, hambrunas y epidemias.

Inspiración en medio del desastre

Este inclemente verano, que oscureció el cielo suizo e inspiró a Lord Byron, también sirvió de estímulo indirecto para la imaginación de los que pasaban con él esos días en la mansión Villa Diodati, junto al Lago Lemán.

Obligados por el mal tiempo a permanecer en la casa, pasaban el rato inventando historias de terror. Entre los invitados estaban Mary Godwin (nombre de soltera de Mary Shelley) y John Polidori, y a través de esos relatos crearon el germen de sus legendarios personajes: Frankenstein y el vampiro en el que se basó el Drácula de Bram Stoker.

Mientras tanto, en una Inglaterra con el cielo teñido de rojo, el pintor J.M.W. Turner plasmó en sus cuadros los sorprendentes atardeceres que veía, sin saber que lo que les daba ese aspecto mágico era azufre volcánico proveniente de una gigantesca explosión al otro lado del mundo.

Un villancico, dos mitos de la literatura, un poema, algunas de las obras pictóricas más importantes del impresionismo y uno de los vehículos más utilizados en el mundo

Pero el impacto cultural de la erupción del Tambora no quedó ahí. El frío verano pasó y llegó un muy frío invierno. En una pequeña localidad austríaca el órgano de la iglesia quedó inutilizado por las bajas temperaturas, y el párroco encargó a un amigo que compusiera un villancico que no necesitara el acompañamiento de ese instrumento. El compositor creó uno de los temas navideños más célebres del mundo, Noche de Paz.

Cerca de allí, en Alemania, se inventó también ese año la dresina, un precursor de la bicicleta, para desplazarse sin necesidad de usar animales, ya que estos estaban sufriendo la carencia de alimentos provocada por la ruina de las cosechas.

Un villancico, dos mitos de la literatura, un poema, algunas de las obras pictóricas más importantes del impresionismo y uno de los vehículos más utilizados en el mundo, nacidos del estallido de una montaña a miles de kilómetros de distancia. Creaciones que siguen vivas 200 veranos después del verano que no llegó a serlo.

Etiquetas: climacuriosidadeshistoriaveranovolcanes

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