Píldoras: Experimentos con agua

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Jugar con agua es lo que hacíamos de críos en la playa. Entre otros descubrimientos fascinantes de nuestra infancia está cómo usar agua acarreada en nuestros cubos para mezclarla con la arena (seca) y poder edificar nuestros estupendos castillos de arena. Y de niños pronto comprendimos que tampoco hacía falta echar mucha, porque entonces obteníamos un barro inutilizable. También aprendimos que si llenábamos el cubo hasta arriba y metíamos la mano, enseguida el agua rezumaba y se desparramaba a nuestro alrededor. Acabábamos de descubrir empíricamente el principio de Arquímedes. El mismo que empleamos en nuestro primer experimento.

El agua desplazada por nuestra cabeza es exactamente su volumen. ¿Pero cómo sabemos la masa? Recordemos nuestros tiempos de escuela: la masa dividida por el volumen es la densidad de un cuerpo. Luego, si conocemos la densidad de nuestra cabeza, podremos saber qué masa tiene. En una primera aproximación nuestro cuerpo tiene una densidad similar a la del agua (por eso podemos hacer "el muerto" en la piscina y no nos vamos al fondo como las piedras). Luego la regla es fácil: 1 litro es 1 kilo.

El segundo experimento es un clásico que habitualmente explicamos erróneamente. Que el agua ascienda dentro del vaso no es debido a que desaparezca el oxígeno por la combustión de la llama. Si fuera así, el agua iría entrando de manera continua a medida que va desapareciendo (y convirtiéndose en dióxido de carbono, por lo que el oxígeno no termina por desaparecer). El mecanismo que subyace es el de la temperatura. Cuando la llama está encendida, la temperatura del gas aumenta y se dilata. Al apagarse, cae la temperatura y el gas encerrado se contrae y el agua entra en el vaso.

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