Vive rápido, muere joven

Reproducirse a edad muy temprana y desaparecer pronto puede ser la mejor opción de una especie para sobrevivir a las grandes extinciones.

Hace 250 millones de años, las violentísimas erupciones de varios volcanes siberianos enviaron a la atmósfera miles de millones de toneladas de gases y polvo que provocaron un cambio climático que acabó con buena parte de la vida. El episodio se conoce con el nombre de extinción masiva del Pérmico-Triásico (también llamada la Gran Mortandad), y ha sido el mayor cataclismo de este tipo en la historia del planeta.

Pero hubo animales que se las arreglaron para sobrevivir. Un estudio de paleontólogos del Museo de Historia Natural de Utah y la Universidad de ese estado ha demostrado que un grupo de antiguos mamíferos conocido como terápsidos se adaptó a las nuevas condiciones hostiles y superó el mal trago. 

¿Cómo lo hicieron? Según los investigadores, disminuyendo sus expectativas de vida y reproduciéndose a edades más tempranas que sus antecesores. Los científicos han estudiado los patrones de crecimiento de estos animales a partir de fósiles muy bien preservados del Karoo, una meseta semidesértica del sur de Sudáfrica. 

Los restos pertenecían a ejemplares de antes y después de la Gran Mortandad, lo que ha permitido compararlos y estimar sus edades y tasas de supervivencia. Los trabajos se centraron en los muy abundantes fósiles de Lystrosaurus, un género de terápsidos que sobrevivió con mucho éxito a la extinción pérmico-triásica, tras la que dominaron los ecosistemas terrestres durante millones de años. 

La edad media de los ejemplares hallados de este animal que vivieron antes del gran desastre era de 12-14 años; los de después tenían 2 o 3, lo que implica que tras el cataclismo se reproducían cada vez más jóvenes. Este cambio afectó a su anatomía: antes de la gran extinción, eran del tamaño de un hipopótamo pequeño; tras ella, del de un gran perro, en parte debido a la alteración de su expectativa de vida. 

Los modelos ecológicos demuestran que, al reproducirse muy joven, el Lystrosaurus habría incrementado en un 40 % sus posibilidades de supervivencia en un entorno impredecible como el que siguió a la Gran Mortandad.

Este fenómeno se ha documentado también en tiempos modernos: en el siglo pasado, el bacalao común o del Atlántico estuvo al borde de la extinción por la sobrepesca. Los ejemplares supervivientes comenzaron a reproducirse cada vez antes y redujeron su tamaño como táctica para escapar a su fin. 

Foto (Ken Angielczyk): Espécimen de Lystrosaurus del Museo Albany de Grahamstown, Sudáfrica.

Etiquetas: animalescienciaevolución

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