Tormentas solares, sembradoras de vida

Cada 11 años a nuestro Sol le sale acné: se produce un aumento en la actividad solar y las manchas, tormentas y fulguraciones solares se convierte en el pan nuestro de cada día.

Esto puede provocar en la Tierra fallos en las telecomunicaciones, modificaciones en las órbitas de los satélites de baja altura... Pero hace 4.000 millones de años pudieron dar un empujón a la aparición de la vida en la Tierra.

Un estudio publicado recientemente en Nature Geoscience afirma que las supertormentas que sufrió el Sol cuando era joven pudieron ayudar a la creación de las moléculas necesarios para que apareciera la vida en nuestro planeta.

Para ello se han estudiado las fulguraciones que se observan en la actualidad en estrellas jóvenes similares al Sol: presentan un nivel de actividad muy superior a nuestra estrella, que hoy se encuentra en su “madurez”. Los investigadores postulan que las partículas muy energéticas emitidas en esas 'supertormentas' colisionaron con las moléculas presentes en la atmósfera de la Tierra, entre ellas la de nitrógeno, rompiéndolas. Los dos átomos de nitrógeno liberados se recombinaron produciendo óxido nitroso, un gas invernadero, y ácido cianhídrico, componente fundamental en la construcción del ADN. Según uno de los coautores, Vladimir Airapetian, astrofísico del Goddard Space Flight Center de la NASA, "nuestro Sol no ha sido solo fuente de calor, sino que también ha producido los ingredientes para la vida". Según los cálculos de Airapetian y sus colegas las fulguraciones del Sol joven pudieron ser hasta mil veces mayores que las más intensas de las que tenemos registro.

Debemos tener en cuenta que hace 4.000 millones de años el Sol era un 30% menos luminoso que en la actualidad. Esto quiere decir que la cantidad de energía que llegaba a la Tierra no era suficiente para mantener las temperaturas de la superficie por encima del punto de congelación del agua sin la ayuda de gases invernadero, como el óxido nitroso creado por culpa de las fulguraciones solares. Y la aparición de la primera molécula capaz de copiarse a sí misma, el antepasado de nuestro ADN, necesitó de otras moléculas más pequeñas, como el ácido cianhídrico, para construirse.

Etiquetas: astronomíasol

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