Steven Vogt: "Mucho antes de lo que creíamos tendremos que abandonar la Tierra"

Steven Vogt acaba de terminar su conferencia A la búsqueda de otros mundos en el Museo de la Ciencia de Barcelona y un joven aficionado le pide un autógrafo, como si de una estrella de cine se tratara. Ciertamente, este astrónomo norteamericano puede presumir de ser un personaje famoso gracias a su oficio de cazaplanetas. Sus palabras transportan a la audiencia más allá del Sistema Solar, glosando una tarea que, tal y como la transmite, es una misión necesaria para nuestro futuro.
-Después de oírle, parece que su trabajo sea una tarea preventiva para la humanidad.¿Lo dice por mi convencimiento de que tendremos que abandonar la Tierra?
-Sí, nadie piensa en ello, pero llegará un momento en que nos tendremos que ir, y se trata de un largo camino para el que hemos de prepararnos.

-¿Esta huida de la Tierra es un hecho científico?
-Dentro de unos miles de millones de años el Sol será más grande y, como parte de su proceso de envejecimiento, más brillante y caliente. Esto hará aumentar la temperatura en la Tierra, que a su vez cambiará la distribución de los gases en la atmósfera: el dióxido de carbono comenzará a prevalecer. Así aumentará el efecto invernadero, los océanos se evaporarán y no tendremos agua en el planeta. La tesis se basa en modelos complejos, pero que, según los científicos que la desarrollan, prevé que en unos cientos de millones de años será imposible vivir en nuestro mundo. Mucho antes de lo que creíamos tendremos que abandonar la Tierra.

-Y deberemos movernos no precisamente a los planetas más cercanos...
-Quizás nos sea posible vivir en Marte durante un tiempo si conseguimos dotarlo de una atmósfera y conseguir agua. Pero Marte también será cada vez más cálido a causa del Sol, y necesitaremos irnos más lejos. Hemos de buscar otros sistemas solares en los que poder habitar. Han de estar lo suficientemente cerca como para que podamos desplazarnos a ellos en miles de años, que es el tiempo que realmente costará alcanzarlos, y establecer una presencia. El primer paso es determinar dónde ir, esto es, qué estrellas pueden sostener la vida en el futuro.

-¿Eso es lo que ustedes andan buscando?
-Lo cierto es que ahora mismo no lo hacemos. Yo estoy en el negocio de encontrar planetas, no vida, no me fijo en si son mejores o peores para acogerla. Pero, una vez que hemos encontrado uno, podemos calcular fácilmente si es bueno para ello. Según la distancia que le separa de su estrella y el brillo de ésta, podemos conocer la temperatura del planeta. Si ésta se sitúa entre los 0 y 100 ºC, se encuentra en condiciones potenciales de acoger vida. En el último artículo que publicamos a finales de 1999, dábamos cuenta del descubrimiento de seis planetas, de los cuales todos menos uno estaban en ese intervalo que puede albergar vida. Ahora nos dedicamos mucho a los planetas más pequeños y creo que puede haber sorpresas excitantes. Quizá nos encontremos con ciertas similitudes respecto a nuestro Sistema Solar, pero nos llevará al menos un año o dos poder comprobarlo.

-Cuesta creer que puedan determinarse con precisión características de un planeta, como la temperatura, sin observarlo directamente...
-Ciertamente no vemos el planeta en absoluto.

-¿Entonces cómo realizan estas mediciones?
-En realidad lo hacemos por el rastro que dejan los planetas. La física que empleamos para lograrlo es muy simple. Está basada en seguir su movimiento. Por ejemplo, cuando la luz de una estrella conocida desaparece durante un periodo de tiempo es porque la eclipsa un planeta. Ese dato nos permite inferir su órbita e incluso su diámetro, por lo que podemos deducir su tamaño. Una vez que lo tenemos, basándonos en ese dato y en el ángulo que forma el eclipse con la estrella, calculamos la densidad y masa del planeta. Y gracias a estos datos y a su luminosidad, conseguimos saber también otros, como su temperatura. Siguiendo el hilo, incluso conoceremos de qué elementos se compone, teniendo en cuenta que la mayor parte de la materia del universo está hecha de hidrógeno y helio. Si el planeta es muy denso, seguramente será una gran roca; si no, se tratará de una bola de gas. Hay muchas más mediciones interesantes, como la variación del espectro lumínico de la estrella que atraviesa un exoplaneta, cuyas modificaciones nos pueden ofrecer información sobre la atmósfera de éste, incluso determinar si hay nubes. En definitiva, llegamos a saber todo de él aunque no podamos verlo. Es tal la precisión, que estamos seguros de que, si tomáramos una nave espacial y fuéramos en busca de uno cualquiera, llegaríamos a nuestro destino con toda seguridad. Es una cuestión de física.

-En cierta manera, lo que hacen recuerda a cuando por la noche nos guiamos por las sombras para conocer las dimensiones de una persona o un objeto.
-Es exactamente la misma clase de truco. ¿Y sabe una cosa curiosa? Estas sombras han llegado a la Tierra, vacilantes, durante millones de años. Muchos planetas provocan ese efecto. Pero son muy difíciles de detectar, porque has de saber dónde y cuándo mirar. Desde cierto punto de vista, es como si cazáramos la sombra. Y obtenemos de ella mucha información.

-¿Cuál es el retrato robot típico de los planetas que han encontrado?
-Son bastante similares a Júpiter. Algunos tienen una masa inferior a la de este planeta -alrededor de una quinta parte- y otros, hasta cinco o seis veces más; orbitan alrededor de estrellas, como hacemos nosotros con el Sol, y típicamente trazan órbitas elípticas.

-¿Por qué es Júpiter siempre un punto de referencia cuando buscan planetas?
-Es sobre todo una buena unidad de medida. Así, por ejemplo, hablamos de planetas de un tamaño de tres Júpiter. Si encuentras un sistema solar con venuses, tierras y martes en pequeñas órbitas, puedes predecir la existencia de un Júpiter. Y distinguimos entre los que llamamos "Júpiter asesinos", que tienen una gran órbita elíptica que entra en la de otros planetas y puede eliminarlos, o los "auténticos análogos de Júpiter", con una bonita órbita circular que permite la existencia de otros planetas más pequeños, como el nuestro. Pero nos estamos encontrando con que todos, por ahora, son de órbita elíptica. Aunque confiamos en encontrar uno más semejante al nuestro, lo cierto es que las investigaciones nos demuestran que somos muy especiales dentro del universo.

-¿Un análogo de Júpiter podría acoger vida?
-Si es como Júpiter es muy improbable, ya que éste es un planeta muy seco. La sonda Galileo intentó detectar agua y no encontró nada. En cambio, Europa, una de sus lunas, es un planeta de grandes promesas. Europa tiene agua debajo del hielo, y lo que la mantiene no es el Sol, sino el efecto marea, esto es, la gravedad de Júpiter flexio-nando su luna. Se trata de una fuente de energía muy importante, que en un momento dado podría llegar a licuar el hielo. Como se sabe, para que surja vida lo que se necesitan son fuentes de energía, y aquí tenemos una. Y fíjese: Júpiter tiene 70 o más lunas. Nada nos hace pensar que los exoplanetas como éste no tengan muchas lunas y que una sea como Europa.

-¿Debería ser una prioridad enviar una sonda a Europa?
-Podríamos, pero posiblemente se hará una prueba previa en la Tierra. Hay un lago en la Antártida, de aproximadamente un kilómetro, que está debajo del hielo, en condiciones muy similares a las de Europa. Debemos perforar allí y ver cómo es ese agua.

-Algunos astrofísicos dicen que cuanto más sabemos, más nos damos cuenta de que no somos tan singulares en el universo.
-Algunos, como era el caso de Carl Sagan, invocan el principio de Copérnico. Aseguran que la humanidad no tiene nada de especial dentro del universo y utilizan este principio para predecir que habrá planetas y vida por todos lados. Pero no está claro que sea así en realidad. Hay algunas características muy especiales en nuestro Sistema Solar: la existencia de Júpiter con su gran órbita circular, en lugar de una órbita asesina; la Luna, estabilizando el eje de rotación de la Tierra; las placas tectónicas...

-¿Cuál es la importancia de estas últimas?
-Lo más destacado es la capacidad que tienen para mantener el agua en forma líquida, haciendo posible así la existencia de vida, pero también son vitales para mantener el dióxido de carbono en su proporción justa. Tras liberarse en las capas superficiales del mar, éste es absorbido por las rocas, transportado hacia el interior de la Tierra y emitido a través de las explosiones volcánicas. Parece, pues, que un ciclo regula el dióxido del carbono y esto es muy importante para que la vida no desaparezca. La conclusión es que quizás sí es posible que la vida pueda surgir en muchas partes del universo, pero quizá en ninguna se ha dado la mezcla justa. No lo sabemos.

-¿Cómo se siente usted cuando piensa que está descubriendo planetas que nunca podrá visitar?
-Pues es muy triste. Es como ser Colón, pero no tener barco, o incluso peor, porque nosotros sabemos que los planetas están allí. Esto es una jugarreta de la naturaleza: nos permite sentir todos esos planetas, pero no alcanzarlos. Resulta muy duro saber que se necesitarán miles de años para poder realizar misiones con destino a cualquiera de ellos.

Etiquetas: astronomía

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