Samper: "Trabajar en un museo de ciencia es como seguir siendo un estudiante toda la vida"

samperDejar andar a Cristián Samper por los pasillos del Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian en Washington D.C. (EE UU) es como soltar a un niño en una tienda de dulces. Un niño que, además, tiene la llave de acceso a cada una de las vitrinas. Desde hace casi una década, este biólogo y conservacionista de 46 años nacido en Costa Rica y criado en Colombia ha estado al timón del museo de historia natural más grande del mundo. Doctorado en la Universidad de Harvard, es el creador de la célebre Enciclopedia de la Vida. Nuestra corresponsal en Estados Unidos, Ángela Posada-Swafford, conversó con él en su amplia oficina acerca de los retos de conservación que enfrenta nuestra sociedad, lo que supone ser responsable de los 126 millones de objetos que abarca esta extensa colección y por qué, ahora que el museo está en su mejor momento, es hora de dejarlo. A partir de agosto, Samper será el director de la  Wildlife Conservation Society, una de las principales organizaciones ambientales del mundo, con sede en Nueva York.

¿Qué se siente al ser director del museo de historia natural más grande del planeta, un lugar que recibe más de siete millones de visitantes al año?
Resulta increíblemente estimulante porque todos los días aprendo algo nuevo. Es como seguir siendo un estudiante toda la vida. Me gusta pasear por el museo y escuchar los comentarios de la gente, y saber que estamos compartiendo con ellos todas estas investigaciones, todo este conocimiento. Pero sobre todo disfruto al visitar a los científicos en sus laboratorios y descubrir algo completamente nuevo que no sabía. Yo siempre he dicho que un científico es alguien que lleva dentro un niño que continuamente está haciendo preguntas.

¿Cómo describiría su paso por el museo en estos casi 10 años, teniendo en cuenta que en ese lapso el museo recibió más de 150 millones de dólares para nuevas exhibiciones, estableció un programa de becas y construyó nuevas colecciones y laboratorios?
Yo he crecido mucho en este cargo. He aprendido de mis colegas. Y, en especial, aprendí sobre educación. Porque yo soy científico y había trabajado con colecciones en Colombia pero nunca había hecho nada con exhibiciones. Lo más importante para mí ha sido aprender cómo se piensa y cómo se diseña una exposición.

¿Y en qué momentos interviene usted como director del museo en el diseño de una exhibición?
Yo intervengo a nivel estratégico cuando nos sentamos a escoger cuál es el tema; por ejemplo, si vamos a querer una sobre evolución humana, o sobre los océanos, que fueron los casos en estos últimos años. Después convocamos a un grupo de expertos y educadores, y pensamos en cuáles son los conceptos fundamentales del tema. A partir de ahí identificamos qué tenemos en las colecciones que podamos usar, y cómo lo acoplaríamos con elementos de diseño. Y en todo este proceso vamos haciendo evaluaciones con el público. Por eso el desarrollo de una exhibición como Océanos se convierte en un proyecto de cinco años.

Como biólogo evolutivo, ¿cuál es la exhibición que mejor trata el tema?
La sala de los Orígenes Humanos: no solo muestra la evidencia del cambio, sino que habla acerca de cambios ambientales y adaptación. Me gusta, además, porque convierte el tema de la evolución algo personal. Nos muestra de dónde venimos los seres humanos.

¿Hay mucho detrás de bambalinas en un museo?
La gente por lo general piensa que el museo es solo el área pública. Pero el 90% de este se encuentra entre bambalinas, porque son colecciones de investigación. Tampoco imaginan la enorme cantidad de trabajo que hay detrás de cada colección. Tenemos un grupo muy grande de científicos trabajando por todo el mundo haciendo investigaciones. Aquí hay colecciones suficientes para llenar una vida entera de estudios (o varias) con estas colecciones.

¿Qué se necesita para ser investigador del Smithsonian?
Buscamos nacional e internacionalmente científicos que estén haciendo buenas preguntas de investigación, y que usen colecciones para contestarlas. Porque lo que hace grande a un museo es la colección. Es una de las cosas que nos diferencia de una universidad. Tenemos además unos 500 investigadores asociados, que son personas que está en otras entidades y que quieren tener acceso a alguna de nuestras colecciones. Nuestra política es que la colección está abierta gratis a cualquier investigador acreditado de cualquier sitio del mundo. También aceptamos estudiantes.

¿Supongo que habrá colecciones que aún están sin explotar, por lo grandes y complejas que son?
Totalmente. E incluso de colecciones que ya han sido estudiadas pueden surgir nuevas preguntas. Eso es lo que conviene recordar: que la ciencia constantemente está proponiendo hipótesis novedosas, y dentro de algunas décadas uno puede volver a la misma colección con una herramienta diferente para obtener una respuesta también distinta. Así que parte de nuestra responsabilidad es conservar esas colecciones para siempre.

¿Decide usted como director qué objetos conseguir o comprar?
Eso está reservado a los directores de cada colección. Dependiendo del área, hay muchas maneras en que adquirimos. Por un lado, está el trabajo de campo (fósiles, especímenes botánicos...). También se producen intercambios, pues somos un centro mundial de referencia, entonces hay investigadores que nos mandan especímenes para identificar y los depositan aquí. Tercero, hay donaciones de personas que tienen una colección de algo interesante y quieren donarlas al Smithsonian, como por ejemplo joyas. Y en cuarto lugar, a veces mandamosa a nuestros científicos con un dinero para que se vayan de compras a ferias como la de Tucson, y ellos mismos adquieren objetos sabiendo cuáles son los vacíos que hay en nuestra colección.

En cierta ocasión usted escribió en Nature que es más relevante observar la pérdida taxonómica que la de especies individuales y que por eso hay que "repensar la biodiversidad".
Desde un punto de vista evolutivo hay que tener en cuenta los tipos de especies y los niveles de organización, es decir, que hay especies que son muy cercanas la una a la otra. Si lo que estás buscando es maximizar la diversidad, no solo cuenta el número de especies sino cómo están relacionadas unas con otras. Una de las iniciativas que estamos implantando ahora tiene que ver con conservar todas las familias de plantas, los géneros de plantas. Y a veces el problema es que nos centramos en preservar ciertos grupos del árbol de la vida y se nos olvidan ramas enteras. Necesitamos añadir una visión evolutiva al tema de conservación.

¿Cual es el rol de los zoológicos en conservación?
Los zoológicoss tienen dos grandes misiones: la conservación de ciertos tipos de especies que en condiciones naturales están desapareciendo -de hecho sabemos de varias que se salvaron gracias al trabajo de los zoos, como el bisonte americano-. La otra es generar conciencia pública. Si miras datos de los zoos, jardines botánicos y acuarios juntos, tienen mas visitantes que todos los eventos deportivos en EE.UU.

Hablando de biodiversidad, usted es el padre de la Enciclopedia de la Vida.
Es mi bebé. Y declaro paternidad responsable. Hace cinco años nos unimos un grupo de instituciones y personas que querían dar acceso universal al conocimiento de la vida en la Tierra. Hicimos convenios con una gran cantidad de redes y entidades científicas, y ya hoy en día hay información sobre un millón de especies en línea. Es totalmente gratuito, ya está en inglés, árabe y castellano, y estamos trabajando en una versión en chino. Estamos ligando no solamente las páginas de especies e imágenes, sino toda la literatura preexistente, digitalizando las bibliotecas. Y eso va a tener un impacto gigantesco porque quiere decir que podemos poner toda esa información al alcance de un niño en Bolivia o un estudiante en las Islas Canarias. La enciclopedia está armada con las contribuciones de contenido de personas acreditadas en todo el mundo. Es una especie de Wikipedia pero con un fuerte control de calidad. No queremos reinventar la rueda, sino aprovechar todo lo que ya existe de información y comenzar a llenar los vacíos. El proyecto va muy bien.

Y todo esto forma parte de su vida gracias a una expedición durante su niñez, ¿cierto?
Si, yo crecí en Bogotá. Era boy scout y pasaba todos los fines de semana paseando por campos en los alrededores cerca de la ciudad. Pero el momento clave fue cuando estaba en el colegio, en que tuve la oportunidad de ir a un par de expediciones a la selva pacífica colombiana, y es una de esas cosas que o adoras o detestas. A mí me gustó. Y decidí estudiar biología. Luego, en el tercer año de universidad en Los Andes, logré hacer un intercambio de un año en Universidad de Harvard.

Y ahora empieza a trabajar director de la Wildlife Conservation Society, después de una década de mejoras en el museo.
Es el mejor momento que ha tenido el museo desde que llegué, y por eso es exactamente que me debo ir (risas). Creo que después de diez años llega un punto en que el valor añadido que tú le traes a una entidad no es tan alto: es sano empezar a tener otro punto de vista. Y es un momento en que uno también quiere seguir creciendo. Ir a la WCS no es un cambio de rumbo porque todavía tiene que ver con el tema del medio ambiente.

A nivel personal, como biólogo me encanta salir al mundo natural, soy consciente de la tragedia ambiental que estamos atravesando y siento el deseo de poderle dedicar más tiempo. Esto me va a dar la oportunidad de no solo acercarme al aspecto científico y educativo, sino directamente de hacer conservación en el terreno. Quiero ayudar a dejarles a mis dos hijos de tres y seis años no solo un mundo que conozcamos mejor, sino uno en que realmente muchos de estos sitios naturales estén conservados.

¿A qué se dedica la WCS?
De todas las ONGs ambientales es la que tiene el más serio componente científico. Cuenta con alrededor de 200 investigadores de nivel doctoral, haciendo trabajo de campo en especies importantes, y usan esa investigación para diseñar estrategias de conservación. Así han ayudado a establecer más de 150 áreas protegidas en todo el mundo. Se ha avanzado mucho en el tema de áreas protegidas terrestres pero estamos muy "descolgados" en la protección de áreas marinas. Es uno de los grandes vacíos que existen en el mundo. Hablando de retos y oportunidades que existen en este instante: tenemos que llegar al 10% del mundo marino costero en áreas protegidas. Estamos en menos del 2%. Quiero ser una de las personas que ayude a que eso se logre. Eso lo puedo hacer mejor desde el WCS.

Texto: Ángela Posada-Swafford

 

Etiquetas: biología

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