Roland Schenkel: "La energía nuclear es una energía verde"



entre-306.gifA los eurofuncionarios les suele caracterizar una ambigüedad calculada, fruto de su experiencia en lidiar con los intereses a veces tan divergentes de los estados miembros de la Unión Europea. Por eso resulta inédito oír a todo un director general -el máximo cargo no político dentro de la Comisión Europea- defendiendo sin ambages algo tan impopular como la energía nuclear. Roland Schenkel es un alemán sureño de Baden-Württemberg que se ha curtido tanto en las centrales nucleares como en los despachos de Bruselas. Hoy dirige el principal instrumento de colaboración científica en el seno de la UE, el Centro de Investigación Conjunta. Habló con MUY en Munich, durante la celebración del  Foro Abierto de la Ciencia Europea del año 2006.

-¿Por qué se está reconsiderando la tradicional visión negativa sobre la energía nuclear?
La política energética es una prioridad de primer orden para Europa, porque en el futuro cercano tenemos dos retos: cumplir con las directrices del acuerdo de Kioto para prevenir el cambio climático y garantizar nuestros suministros de cara a conseguir seguridad energética y afrontar la subida de precios del petróleo que se está dando.

-¿Y por qué la Comisión Europea se muestra tan interesada en la fisión?
Queremos estimular un debate sobre el mix de fuentes de energía que utilizamos en Europa. En este contexto, yo quiero hacer una comparación objetiva entre la nuclear y otras fuentes energéticas. Es una contribución a un debate riguroso sobre el lugar futuro que ha de tener la energía nuclear. No pretendemos imponer decisiones a ningún país porque la energía es un ámbito soberano de cada Estado miembro, según los tratados de la UE.

-¿Defiende usted que la energía atómica no es tan peligrosa como creemos?
Los resultados indican muy claramente que es segura, competitiva y también sostenible, dentro de ciertos límites. Digo sostenible porque creo que es posible encontrar en el futuro alternativas al uranio en la naturaleza, que puedan satisfacer la demanda energética de la humanidad.

-¿Cuáles podrían ser esas alternativas?
En el fondo del mar hay mucho uranio que no se sabe cómo extraer a un coste razonable. Pero incluso si las reservas de uranio llegasen a su final, podríamos usar torio. Aunque nadie parece conocerlo o mencionarlo, en la corteza terrestre hay tres veces más torio que uranio. Y estoy hablando de tecnologías de fisión nuclear; quizá antes de que se agotasen todas estas opciones, la tecnología de fusión -para la que se está construyendo el reactor ITER- pueda ser utilizable.

-Pero mientras tanto, la opinión pública sigue temiendo que pueda producirse otro Chernobil.
Hay que reconocer que en los inicios del uso de la energía nuclear los estándares de seguridad en los reactores eran bajos. Pero los accidentes de Chernobil, en la antigua URSS, y de Harrisburg, en EE UU, han sido decisivos para mejorar el diseño de los reactores. Ha habido una evolución en la tecnología para la protección del medio ambiente y del ciudadano, en la que han participado tanto la comunidad investigadora como la industria. Hoy, los principios científicos del reactor nuclear siguen siendo los mismos, pero la tecnología utilizada para su funcionamiento ha experimentado un tremendo avance.

-¿Por qué una parte de la comunidad ecologista ha cambiado su discurso y figuras como el ambientalista James Lovelock han pasado a apoyar la energía nuclear?
Creo que los hechos hablan por sí mismos y por eso se ha dado un giro. No se puede negar que llevamos cuarenta años operando reactores nucleares en muchos países europeos -en España, en Alemania, en Francia- y no ha habido ni un solo accidente civil. Y eso que tenemos unos 150 reactores nucleares en Europa. Si la tecnología fuera tan insegura, ya tendría que haber habido accidentes civiles, personas irradiadas y otras catástrofes. Es un proceso seguro incluso para los propios trabajadores de las plantas nuclea res, si comparamos los daños que pueden sufrir en su trabajo con los de quienes están empleados en las refinerías de petróleo o en las minas de extrac ción de carbón, donde ocurren muchos más accidentes. Lo mismo sucede con el traslado de material nuclear. En 2005 hubo en la UE 1,5 millones de transportes de este tipo con sólo dos accidentes menores sin consecuencias. Y la mayoría de esas operaciones fueron para usos médicos.

-Usted sostiene que la energía nuclear es limpia. ¿Qué datos aporta para decirlo?
La energía nuclear junto a la hidráulica son las tecnologías de generación de electricidad que menos gases de efecto invernadero lanzan a la atmósfera. Por eso realmente puedo decir que la nuclear es una energía verde.

-España está teniendo muchos problemas para poder cumplir las exigencias del Protocolo de Kioto, pero al mismo tiempo ha decidido cerrar sus centrales nucleares.
Usted entenderá que prefiera no hacer comentarios sobre un país en concreto, porque hay que respetar sus opciones energéticas y cada estado miembro puede decidir cómo va a intentar cumplir con los compromisos de Kioto.

-Pues déjeme preguntarlo de otra forma: ¿cree que los países que han firmado el Protocolo de Kioto podrán cumplirlo sin utilizar para nada la energía nuclear?
Será muy díficil.

-Usted defiende la energía nuclear, pero como científico supongo que también debe admitir sus puntos débiles.
Es una tecnología arriesgada, eso no lo quiero ocultar, y hay aspectos como la gestión de residuos que todavía son un reto, pero tenemos ya soluciones para su almacena miento y nadie ha salido dañado. Otra carencia es que no es una energía renovable.

-¿Como físico nuclear e inspector veterano, puede explicarnos qué diferencias hay entre el trabajo de un investigador nuclear civil y el de uno militar?
Allá donde se dan las dos áreas, los científicos están claramente separados. El trabajo que realiza un físico nuclear civil se centra en el diseño de reactores nucleares y en la gestión de los residuos, y esto no tiene nada que ver con el desarrollo de armas nucleares. En la Unión Europea se trabaja en instituciones y en lugares completamente distintos, porque los proyectos del sector militar están clasificados y se mantienen en el más estricto secreto, ya que se quiere evitar la proliferación de armas nucleares. Por eso cuando desapareció la URSS, los países occidentales crearon el International Science and Technology Center, con sede en Moscú, pensado para ofrecer posibilidades científicas civiles a los expertos rusos y de otras repúblicas ex soviéticas que trabajaban en el sector militar. El objetivo fue evitar que acabasen trabajando en proyectos militares de regímenes deseosos de obtener armas nucleares.

-¿Una central nuclear civil puede servir para fines militares?
La experiencia histórica, por ejemplo, el Proyecto Manhattan y otros, nos demuestra que un país que decide emprender una opción militar nuclear, lo primero que hace es ofrecer participar a científicos de máximo nivel y, si aceptan, separarlos de las centrales civiles en funcionamiento para ponerlos a trabajar en el I+D (investigación y desarrollo) de ese proyecto militar en un lugar distinto.

-Ya se habla de la Generación III de reactores nucleares civiles. ¿Qué características tendrán?
Están siendo diseñados bajo la premisa de que, en caso de acci dente, resulte imposible que se produzca ningún escape desde la central. Por tanto, bajo ninguna condición tendría que darse una evacuación de la población cercana, por ejemplo. También serán completamente inmunes a un ataque terrorista. Científicos y técnicos de Francia y Alemania trabajan ya en su desarrollo y la Generación III se beneficiará de la experiencia de bastantes décadas que tienen ambos países en conducir plantas nucleares. Finlandia podría ser el primer estado de la Unión Europea en contar con uno de estos reactores.

José Ángel Martos

Etiquetas: energía

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