Richard Dawkins: "El hombre es una máquina de sobrevivir"

No se le puede negar un estilazo en la provocación: "El hombre es una máquina de sobrevivir, un vehículo autómata programado a ciegas con el fin de preservar las egoístas moléculas conocidas con el nombre de genes". Cuando Richard Dawkins, hasta entonces un desconocido biólogo de Oxford, expresó esa idea tan crudamente, se levantaron ampollas entre los científicos y, sobre todo, entre los teólogos británicos. Lo decía en su primer libro, El gen egoísta, de 1976 (Labor, 1979), pero desde entonces no ha dejado de generar ideas "irritantemente persuasivas", como dijo un periodista norteamericano, chocantes o sorprendentes.

¿Manipulan los genes el mundo? Todo lo que concierne a los seres vivos, desde la forma de andar hasta el más complicado aparejo tecnológico, ha sido creado por los genes, y su preservación es la única razón de nuestra existencia. Ellos nos diseñaron para sobrevivir mejor en el mundo exterior. Quien no tiemble ante esta idea chocante, casi de ciencia-ficción, es que no tiene corazón, y Dawkins, con su mirada tímida y su sonrisa traviesa, sabe cómo lanzar la frase precisa para provocar la sorpresa, la indignación o la más apasionada de las defensas.

La idea del gen egoísta, capaz de utilizar en ocasiones el altruismo de algunos seres -como los humanos- en beneficio propio, encuentra su remate en una nueva expresión viva no basada en la química, sino en la información. Dawkins la ha llamado meme. Se trata de "entidades autorreplicantes y competitivas", al igual que los genes. Nacieron con la inteligencia y aún no está muy claro su papel en la evolución. "Somos construidos -dice Dawkins- como máquinas de genes y educados como máquinas de memes." Las ideas de Dios, de la vida más allá de la muerte, de los derechos humanos o del darwinismo no son más que memes que triunfaron, paradigmas intelectuales que se fajan en dura competencia con otros.

Según Dawkins, posiblemente se esté generando un nuevo tipo de sustitución genética propiciado por el ambiente cultural. Ya no se basa en el ADN, sino en patrones de información que crecen sólo en los cerebros o en los productos fabricados artificialmente por ellos, como libros u ordenadores. "Estos nuevos duplicadores -asegura- pueden propagarse de cerebro a cerebro, de un cerebro a un libro, de un libro a un cerebro, de un cerebro a un ordenador, de un ordenador a otro..."
La evolución memética acaba de comenzar y se manifiesta en los fenómenos que llamamos evolución cultural, enormemente más rápida que la evolución basada en el ADN.

¿Por qué no podemos pensar que algún día se produzca una sustitución? En esa línea, Dawkins especula con conceptos casi de ciencia-ficción: "¿Podría ocurrir que un día lejano unos ordenadores inteligentes especulen sobre sus propios orígenes perdidos? ¿Caerá alguno de ellos en la verdad herética de que provienen de una forma de vida remota, anterior, arraigada en la química -orgánica del carbono, en lugar de en los principios electrónicos basados en el silicio de sus propios cuerpos?"

Para Richard Dawkins, el darwinismo ha resuelto el misterio de la existencia, pero la humanidad aún no lo ha comprendido en toda su dimensión. "Es como si el cerebro humano -dice- estuviese diseñado específicamente para no entender el darwinismo o para encontrarlo muy difícil de creer."
Además, "el darwinismo parece necesitar una defensa mayor que otras verdades establecidas de manera similar en otras ramas de la ciencia. Muchos de nosotros no comprendemos la teoría cuántica o las teorías de Einstein sobre la relatividad general y especial; sin embargo, no nos oponemos a ellas". Pero todo el mundo cree comprender el darwinismo, aunque realmente poca gente lo entienda, "quizás porque la verdad, la explicación darwiniana de nuestra propia existencia, no forma parte todavía de los programas de educación".

Dawkins demuestra una seguridad aplastante en sus convicciones, apoyadas por los descubrimientos que aportan la paleontología y la biología. Darwin escribió en El origen de las especies: "Si pudiese demostrarse que ha existido algún órgano que no hubiese podido formarse por una sucesión de ligeras modificaciones, mi teoría se vendría abajo". Dawkins puede apostillar con tranquilidad: "Ciento veinticinco años después, sabemos mucho más sobre animales y plantas que Darwin, y todavía no conozco ningún caso de un órgano complejo que no hubiese podido ser formado por una sucesión de ligeras modificaciones, y no creo que llegue a encontrarse". Su convicción llega al atrevimiento más sorprendente: "Si hay vida en otros mundos, habrá evolucionado según la selección natural darwiniana".

Esta defensa a ultranza del evolucionismo le han convertido en un apasionado y bregado polemista. Las comunidades religiosas británicas se levantaron en pie de guerra cuando Dawkins despotricó contra el discurso "mítico-fabulístico pseudointelectual" que despide la teología. Para Dawkins, el libre albedrío o la espiritualidad no son más que conceptos que residen en la "profunda oscuridad de nuestros genes". Memes, al fin y al cabo...
En el relojero ciego (Labor, 1988), Dawkins creó otro concepto nuevo que ha dado origen ideológico a toda una rama interdisciplinar de la ciencia: la vida artificial. Todo comenzó en 1984, cuando nuestro personaje escribió en su sencillo ordenador un programa que generaba estructuras arbóreas, algo así como fractales de troncos y ramas. "Cuando escribí el programa -recuerda Richard Dawkins-, nunca pensé que evolucionaría hacia algo más que una variedad de dibujos arboriformes."

Pero el producto evolucionó: "Nada relacionado con mi intuición de biólogo, nada en mis veinte años de experiencia programando ordenadores y nada en mis sueños más salvajes me había preparado para ver lo que surgió en realidad de la pantalla. No puedo recordar exactamente en qué punto de la secuencia comencé a ver que era posible la evolución en la pantalla de algo parecido a un insecto".

Del concepto vida artificial surge la idea para su último libro, River out of Eden (Basic Book, 1995), en el cual se adentra aún más en su teoría; es decir, en que "toda vida es, en esencia, un proceso de transferencia de información digital". De hecho, insiste, "la información tecnológica de los -genes es digital", aunque utiliza cuatro estados. "Hay poca diferencia, en principio, entre una tecnología informática binaria con dos estados, como la nuestra, y una tecnología informática con cuatro estados, como la de la célula viva", concluye.

Richard Dawkins piensa que las cosas vivas son demasiado improbables y están demasiado bellamente diseñadas como para haber comenzado a existir por azar. ¿Cómo, pues? "La respuesta, la de Darwin -dice él-, es: mediante transformaciones graduales, paso a paso, a partir de unos orígenes elementales, de unas entidades primordiales lo suficientemente simples como para haber comenzado a existir espontáneamente. Cada cambio a   lo largo de este proceso gradual evolutivo fue lo suficientemente simple, comparado con su predecesor, como para haberse producido por azar. Pero la secuencia completa de pasos acumulados constituye cualquier cosa menos un simple proceso alea-torio, si se considera la complejidad del producto final con relación al punto de partida. El proceso total está dirigido por una supervivencia que nada tiene de aleatoria."

La religión, sin embargo, no sólo contempla una mente sabia que origina y organiza la existencia, sino que propone una finalidad teológica a la evolución, cuyo objetivo final podría ser nuestra especie. Para Dawkins, esa idea no es más que una absurda noción alimentada por la vanidad humana. "En la vida real -asegura-, el criterio selectivo es siempre a corto plazo: la simple supervivencia o, en términos más generales, el éxito en la reproducción."

Salvador Hernáez 

 

Esta entrevista fue publicada en enero de1997, en el número 188 de MUY Interesante

 


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