Por qué no dejamos de ver cuando parpadeamos

Nuestro cerebro se encarga de que los músculos de los ojos hagan las correcciones necesarias para que veamos lo mismo antes y después de parpadear.

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Por qué no dejamos de ver cuando parpadeamos

No somos conscientes de ello, pero parpadeamos unas 11.000 veces al día. Los expertos en optometría de la Universidad de Waterloo, en Canadá, calculan que, por término medio, lo hacemos entre 12 y 17 ocasiones cada minuto. Si cada pocos segundos nuestra visión se interrumpe, aunque sea momentáneamente, ¿por qué esta no se limita a una sucesión de momentos de oscuridad y luz?

Ahora, un equipo internacional de investigadores de distintas instituciones coordinados por Gerrit Maus, del Departamento de Psicología de la Universidad de California, en Berkeley, y la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, ha averiguado que cuando parpadeamos, nuestro cerebro se encarga de estabilizar nuestra visión. Para ello, ajusta nuestros ojos, de modo que sigamos enfocando lo que estamos observando.

En un estudio publicado en la revista Current Biology, Maus y sus colaboradores señalan que, mientras dura el parpadeo, nuestros globos oculares se mueven y no siempre vuelven a la misma posición que ocupaban cuando abrimos los ojos de nuevo. Si esto ocurre, nuestro cerebro se encarga de activar los músculos del ojo y, así, reordenar nuestra visión.

Para determinarlo, una docena de personas participó en lo que Maus ha denominado "el experimento más aburrido de la historia". Los voluntarios tenían que sentarse en una sala a oscuras durante largos periodos de tiempo. Lo único que podían ver era un punto en una pantalla mientras eran grabados por cámaras infrarrojas que seguían los movimientos de sus ojos. Cada vez que parpadeaban, el punto se movía un centímetro a la derecha. Los participantes en el estudio no se daban cuenta de ello, pero su sistema oculomotor percibía el sutil desplazamiento y ajustaba su visión. Después de unos treinta parpadeos, ya ocurría de forma automática.

Los científicos destacan que nuestro cerebro no deja de hacer predicciones para poder compensar nuestros movimientos. "Estamos equipados con unos músculos oculares bastante lentos e imprecisos, así que el cerebro debe adaptar constantemente sus señales motoras para garantizar que nuestros ojos siempre apuntan a donde deberían", indica Maus. "En esencia, compensa la diferencia de lo que vemos antes y después del parpadeo; para ello ordena a los músculos del ojo que hagan las correcciones necesarias".

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