Paul Sereno: "No hay ADN para resucitar a un dinosaurio?

 

El cazador de dinosaurios más famoso del mundo vuelve a la carga. Mientras trabaja en la puesta en marcha de interesantes proyectos para acercar la ciencia a los jóvenes, Paul Sereno prepara una nueva expedición a África, donde espera encontrar datos que le ayuden a reconstruir el árbol genealógico de los dinosaurios, sus antepasados y sus descendientes.

-Cuesta creer que los pájaros desciendan de los dinosaurios. ¿Tienen actualmente los científicos suficientes pruebas para demostrarlo?
-Hace más de cien años que se formuló por primera vez esta teoría. El propio Darwin encontró similitudes entre los huesos de los pájaros y los fósiles de los dinosaurios, unos seres muy poco conocidos en aquella época. Actualmente tenemos muchas evidencias que permiten entender cómo se produjo la transición. Por ejemplo, hemos encontrado fósiles de dinosaurios que tenían plumas y de aves tan primitivas que cuesta saber si son pájaros o dinosaurios.

-¿Cómo evolucionaron los pájaros? ¿Por qué aparecieron las plumas si no servían para volar?
-Muchos animales tienen órganos que han sobrevivido a la evolución por motivos diferentes a su función actual. Quizá los humanos no fuimos diseñados en principio para andar erguidos y por eso tenemos problemas con la columna vertebral. Es muy probable que las plumas sirvieran en principio para cubrir el cuerpo de los pequeños dinosaurios, para mantener la temperatura. En España hay fósiles de dinosaurios pequeños, con plumas y extremidades superiores muy fuertes. Estos animales desarrollaron un nuevo estilo de vida y acabaron teniendo capacidad para volar.

-¿Qué indica el descubrimiento en China del fósil de un Microraptor, dotado con cuatro alas?
-Es fabuloso. Nos da una excelente idea de cómo pudo desarrollarse la capacidad para volar. El Microraptor es uno de los dinosaurios mas pequeños que se conocen. Está claro que este tipo de animales podía saltar de un árbol a otro y planear con la ayuda de sus alas cubiertas de plumas. A partir de esta habilidad, pensar en la aparición de los pájaros voladores es mucho más fácil.

-¿Por qué desaparecieron los dinosaurios y sobrevivieron los pájaros?
-La extinción ocurrida a finales del Cretácico, hace 65 millones de años, afectó especialmente a los animales terrestres de grandes dimensiones porque eran relativamente pocos y tenían pocas posibilidades de encontrar refugio y alimentación. Es cierto que las aves tampoco tenían muchas posibilidades de escapar a una catástrofe como la provocada por el impacto de un meteorito, porque si faltaba el alimento no podían sobrevivir muchos días, como hacen los cocodrilos. Pero el núcleo del cataclismo se encontraba en América Central, donde con toda seguridad los pájaros hallaron algún refugio en el continente o en alguna isla.

-¿Podremos volver hacia atrás y recrear a los dinosaurios?
-No existe ADN de dinosaurio que nos permita hacer realidad historias como la de Parque Jurásico, pero podemos avanzar mucho descubriendo nuevos fósiles y reconstruyendo el árbol evolutivo de estas criaturas excepcionales.

-¿Cómo empezó su carrera en el descubrimiento de los orígenes de los dinosaurios?
-A mediados del siglo XX se encontraron en la Patagonia argentina algunos fósiles interesantes, incluida la pata posterior de un gran dinosaurio, que cayeron en el olvido durante tres décadas. Así que cuando logré crear un equipo de investigación en la Universidad de Chicago en 1988, decidimos ir a investigar sobre el terreno. Éramos jóvenes, desconocíamos la zona, no hablábamos español y los científicos locales nos dijeron que no encontraríamos nada, pero en tres semanas de excavaciones descubrimos el primer esqueleto en buen estado. Aquello cambió mi carrera. Me di cuenta de que, persistiendo en el esfuerzo, halla ríamos más cosas interesantes. Desenterramos un buen ejemplar de Herrerasaurus, un dinosaurio carnívoro bastante primitivo, de unos 4 metros de altura, y unos 300 fósiles de otras especies.

-Debe conservar muy buenos recuerdos de Argentina...
-Sí, en 1991 volvimos a la misma zona y descubrimos los restos de un pequeño Eoraptor, que vivió hace unos 228 millones de años. Se trata de una de las especies de dinosaurio más antiguas que se conocen.

-¿Cómo llegaron a convertirse algunas de estas especies, que evolucionaron a partir de pequeños reptiles, en los animales terrestres más grandes que jamás han existido?
-Seguramente tenían una fisiología muy diferente a los mamíferos, muy probablemente estaban a medio camino entre los animales de sangre fría y los de sangre caliente. Los grandes dinosaurios tenían un sistema propio para evitar la pérdida de calor y energía.

-¿Cómo influyó la deriva de los continentes en su distribución sobre la Tierra?
-Hace diez años que investigo en el tema; de hecho, trabajo mucho en África porque es una de las piezas que falta en el rompecabezas de la evolución de los dinosaurios. Hasta hace 50 años, el 90 por 100 de los fósiles se habían encontrado en Europa, Norteamérica o Asia. Nadie se había dado cuenta de que el mayor desierto africano y del mundo, el Sahara, está repleto de rocas de la época de los dinosaurios. Podemos recrear el mundo del Cretácico en África.

-¿De niño ya soñaba con "cazar" animales prehistóricos?
-Era mal estudiante y pensaba ser artista, porque tenía algo de talento para la pintura, pero también soy un aventurero. No podía imaginar una vida sin viajar; soñaba con participar en todo tipo de expediciones hasta que un día, cuando ya había empezado la carrera de Bellas Artes, tuve la suerte de visitar el Museo de Historia Natural de Nueva York. En aquellas salas descubrí que la ciencia no era necesariamente una disciplina fría, aburrida y llena de personas en bata blanca, y entonces supe lo que quería hacer con mi vida. Entendí que la actividad científica me permitiría combinar la aventura con las cualidades artísticas, aunque lo de los dinosaurios vino más tarde.

-Porque cuando usted era joven, no existía la "dinomanía"...
-Es cierto, aunque tampoco estaba interesado por el estudio de los dinosaurios cuando era un niño. Bueno, la verdad es que no estaba interesado en ningún tipo de estudios. Quizá por eso ahora me importa mucho que los jóvenes tengan alicientes para interesarse por la ciencia. La aventura es una manera de atraerles hacia los estudios y la investigación.

-Después de su visita al Museo, empezó a estudiar Biología. ¿Cómo encauzó su especialización?
-Cuando acabé la primera parte de mis estudios universitarios en Chicago propuse siete temas para la tesis, desde el origen de las ballenas hasta la evo-lución de los ungulados. Finalmente descubrí que me atraían los dinosaurios, quizá porque nunca habían sido tratados seriamente.

-Y encontró su primer fósil...
-Mi primer hallazgo importante fue en Argentina en 1988. Estábamos explorando una gran área de 150 kilómetros cuadrados, que recorrimos de punta a cabo sin ningún resultado, y ya nos íbamos a dar por vencidos. Pero antes de trasladar el campamento a otro lugar disponíamos de un día de descanso, y yo decidí dedicarlo a rastrear de nuevo la zona con algunos voluntarios. En el sitio exacto donde dejé la mochila, hallamos el fósil de un enorme Herrerasaurus. Fue un momento tan glorioso que no me atrevía a volver a mirar por miedo a que desapareciera. Me puse a llorar de alegría.

-¿Cuál es el fósil más importante de su carrera?
-Supongo que los dinosaurios más antiguos pueden ser considerados como los más importantes, quizá los encontrados en África...

-Precisamente en el Sahara usted y su equipo de paleontólogos realizaron un espectacular descubrimiento: un gran reptil, que dieron a conocer en 2001...
-Sí, el Sarcosuchus imperator, un cocodrilo gigante de más de 13 metros de longitud que vivía en lo que hoy es el desierto hace 110 millones de años. Era un animal sorprendente que comía dinosaurios. Además pudimos ofrecer una imagen muy aproximada de cómo era gracias a la recreación artística realizada a partir de los fósiles de tres ejemplares diferentes.

-¿Sabe que otros científicos le critican por su popularidad?
-La popularidad es una arma de doble filo. Yo soy un caso poco habitual: un científico popular en una universidad de prestigio. Por esta doble razón estoy más obligado que nadie a fundamentar mis trabajos en artículos científicos y a demostrar que tienen una base sólida. Respecto a las críticas, hay que saber aceptarlas; existen cosas peores en la vida.

Joaquim Elcacho

Esta entrevista fue publicada en mayo de 2003, en el número 264 de MUY Interesante.

Etiquetas: cienciadinosaurios

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