Michael Kaplan:"En el 2010 sabremos si hay otros planetas como la Tierra"


Chaqueta y tirantes dignos del atrezzo de la película Wall Street. Corbata con el más genuino sabor americano (astronautas y planetas sobre fondo negro). Impasible el ademán ante el asedio de los medios de comunicación: ahora una rueda de prensa, luego una entrevista, una sesión de fotos...
Es inevitable que a muchos les asalte la duda: ¿es de verdad Michael Kaplan un científico o más bien se trata de un tiburón de la bolsa de Nueva York?


En cierto modo, podría ser ambas cosas. Su trabajo le sitúa a medio camino entre el investigador y el gestor. Y, hablando con él, se nota: ¡está obsesionado con el dinero!

-¿En qué consiste el Proyecto Origins, que usted dirige?
-Es una idea concebida hace apenas unos meses que pretende poner en práctica algunas recomendaciones hechas a la NASA por tres grupos de científicos en Estados Unidos. El primero propuso componer una especie de mapa de carreteras cósmico que sirva para detectar planetas en sistemas diferentes al nuestro y determinar si pueden soportar vida. El segundo preguntó a la NASA qué vamos a hacer cuando el Hubble deje de funcionar. Y el tercero ofreció la construcción de un interferómetro en órbita terrestre. Vimos que las tres ideas tenían algo en común y las hemos integrado en el Proyecto Origins, que está destinado a resolver cuestiones fundamentales para la ciencia. Con él podremos entender mejor el origen de las galaxias, de las estrellas y de los sistemas planetarios, y potenciar la búsqueda de otros mundos con vida.

-¿Cuál será la estrategia para conseguirlo?
-Primero vamos a utilizar todo el potencial del Hubble hasta el año 2005, cuando termine su vida operativa. Luego tenemos previsto construir un sucesor de este telescopio, el NGST (New Generation Space Telescope), que será mucho más potente que el Hubble y nos abrirá una nueva ventana al conocimiento del origen de las galaxias y los sistemas planetarios. Por último, tendremos que desarrollar la tecnología para poner en  órbita interferómetros de infrarrojos que nos permitan localizar otros planetas fuera del sistema solar.

-Este último extremo parece el más controvertido. ¿Es realista pensar que se pueda lograr en el espacio una tecnología tan complicada como la interferometría?
-A mí no me preocupan los problemas técnicos, sino el coste de las soluciones. En el laboratorio hemos demostrado suficientemente que el interferómetro espacial funciona. Incluso, hemos alcanzado precisiones insospechadas de un par de picometros (una millonésima de millonésima de un metro). Eso es mucho más que suficiente para lo que necesitamos en la búsqueda de planetas. El reto es que tenemos que convertir esa experiencia de laboratorio en tecnología real que sea útil en el espacio. Y creo que vamos a hacerlo sin problemas.

-Se le ve entusiasmado. ¿Con qué otro hito de la exploración espacial compararía el Proyecto Origins?
-Desde el punto de vista del impacto público, es posible que tenga tanta importancia como tuvo el Programa Apollo. Pero hay una diferencia fundamental: Origins sólo debe costar una pequeña fracción del presupuesto que se puso en marcha con las misiones a la Luna. Ése es mi trabajo: tengo la responsabilidad de hacer que todos los proyectos individuales que se enlazan en Origins puedan desarrollarse libre y creativamente, que se pueda usar la mejor tecnología disponible y que no cueste demasiado. De momento, parece que a la gente le gusta, porque hemos empezado a recibir la atención de la prensa, llevamos docenas de reportajes y entrevistas..., y todavía no hemos hecho más que empezar.

-¿Tan importante es que su proyecto reciba la atención del público?
-Por supuesto. Nunca debemos perder la perspectiva de hacer la ciencia que el público está demandando. Los gobiernos son responsables de las necesidades del pueblo -incluidas sus aventuras científicas- y de su financiación;   al menos, eso está muy claro en la NASA. El reto de la comunidad científica es imaginar qué proyectos se pueden llevar a cabo para que la generosidad del público, es decir, de los que pagan los impuestos, pueda sostenerlos. Creo que es importante que los científicos centren sus pesquisas en áreas de interés general, como los dinosaurios, el cáncer o el sida. Por lo menos, mientras continúen los tiempos difíciles en materia económica...

-O sea, que la crisis manda...
-Sí, por supuesto. No tenemos la libertad de actuación de otros tiempos. Pero creo que los grandes proyectos como éste, que son prioridades absolutas, van a seguir contando con apoyo financiero. La NASA está reajustando sus gastos en otros aspectos no científicos, como la burocracia, y los programas científicos como Origins seguirán siendo una prioridad si cumplen dos requisitos: que sean realistas y que llamen la atención del público.

-¿Y esa obsesión por la proyección social no puede resultar peligrosa para la ciencia básica, para los experimentos que no son tan espectaculares pero -siguen siendo imprescindibles?
-Creo que no; al menos, en nuestro caso. Origins no está aquí solamente para que se hagan películas sobre él, sino que va a dar a la comunidad científica un montón de material de base sobre cuestiones tan importantes como el origen de la vida y del cosmos.     

-¿Quién es el responsable de encandilar al público, los científicos, los gobiernos, los medios de comunicación...?
-Todos. En la NASA vamos a trabajar con todos los estamentos para conseguir ilusionar al publico. Los científicos no siempre pueden tener esa iniciativa. Por ejemplo, uno de los próximos proyectos de la NASA es SOFIA (Stratosferic Observatory for Infrared Astronomy) y, en este caso, hemos contado con profesores de muchos lugares de Estados Unidos para que nos digan cómo podemos interesar a los niños y a los estudiantes en este tipo de proyectos tan complicados. De manera que se va a convertir en una norma de la NASA que cada nuevo proyecto científico que pongamos en marcha tenga un componente educativo importante. Es una nueva responsabilidad social que tenemos que asumir.

-¿Cuáles cree que van a ser los próximos hitos en la exploración espacial?
-En los próximos diez años, con proyectos como elNGST, que se lanzará en el año 2003, o la Misión del Interferómetro Espacial, en el 2000, seremos capaces de dar muy buenas respuestas a preguntas tan fundamentales como el tamaño del universo, su edad o su destino. Sabremos, por ejemplo, si hay suficiente materia oscura como para prever un final cerrado al cosmos. El Planet Finder Array, que estará en marcha en el año 2006 o 2007, nos permitirá responder definitivamente a la cuestión de si hay o no otros planetas cercanos a estrellas distintas al Sol que sean -capaces de soportar vida. Creo que en el 2010 sabremos si hay otros planetas como la Tierra. Al menos, en esta década podremos hacer más comprensibles algunas de las preguntas fundamentales que cualquier persona puede plantearse sobre el universo. Y esto no es un sueño, sino algo que va a suceder realmente.

-Colonizar otros planetas sí será un sueño...
-Creo que es un objetivo más lejano. Nuestro reto es cómo hacer que la colonización del espacio sea tecnológicamente factible. Pero es una propuesta muy cara hoy por hoy. La NASA está embarcada ahora en las misiones de los transbordadores espaciales y, de momento, parece muy lejana la posibilidad de que estos viajes puedan hacerse todos los días. Sería interesante, pero creo que algo ilusorio, teniendo en cuenta los precios. Necesitamos tener una mejor comprensión de los efectos de la microgravedad en humanos o del impacto de la radiación fuera de la atmósfera; saber exactamente cómo afectará esto a los sistemas biológicos, qué grado de protección debemos llevar... Me gustaría ver cómo llegamos a Marte, por supuesto, pero no sé si estaré vivo para presenciarlo. Lo que sí veremos muy pronto será una serie de robots exploradores en el planeta rojo. El Pathfinder, que se lanzará en 1997, abrirá una nueva generación de misiones de bajo coste. Tenga en cuenta que la última misión de una sonda espacial a Marte costó cerca de mil millones de dólares, pero el próximo Mars Global Surveyor, por ejemplo, sólo nos llevará unos 150 millones de dólares. Con esta nueva política de costes, cada año podrán volar a Marte dos nuevas misiones, lo que nos proporcionará un avance rapidísimo en la exploración robótica.

-Sin embargo, la NASA se está llevando algunos chascos últimamente. En su calidad de experto en la planificación de proyectos, ¿cómo valora el último fracaso de la misión Thetered, durante la que fue imposible poner en funcionamiento el nuevo sistema generador de energía a partir de un gigantesco cable atado a un satélite espacial?
-Un colega mío trabajó mucho en esa misión. La verdad es que tuvieron mala suerte, y nadie puede entender qué pasó. Como ingeniero que soy, sé cuán prometedora era la misión. Sería interesantísimo poder generar energía barriendo el campo magnético de la Tierra con un cable de varias decenas de kilómetros atado a un satélite espacial. Hace unos años se hizo el primer intento y el hilo se atascó antes de ser desenrollado. Ahora,  se les  ha roto en plena operación del despliegue. Es mala suerte, pero el negocio del espacio es arriesgado y todo el mundo lo sabe. Es como montar en bicicleta: tienes que probar una y otra vez. Forma parte del juego.

Jorge Alcalde

Esta entrevista fue publicada en junio de1996, en el número 181 de MUY Interesante

 


Etiquetas: astronomíaplanetas

Continúa leyendo

COMENTARIOS

También te puede interesar