¡Menudos huevos!

Hay investigaciones que, por curiosas, acaban en los medios de comunicación pero después, por alguna causa desconocida, no se vuelve a escuchar más de ellas.

Un ejemplo lo tenemos en un artículo aparecido en 1999 en la revista Poultry Science, que traducida viene a decir "la ciencia de las aves de corral". En el número de diciembre un equipo de investigadores británicos e israelíes describían una forma de conseguir que un tipo de gallina, la Leghorn, pusiera huevos más grandes.

Los científicos no eran tontos pues para su experimento escogieron a una superponedora: originaria de la Toscana, esta gallina es capaz de poner una media de 290 huevos anuales. Todo gracias a la selección artificial que durante más de un siglo han llevado acabo los criadores -especialmente ingleses-. Y, para albricias de los ganaderos, come poco. Ahora bien, como consecuencia de esta selección la Lenhorn ha perdido totalmente su instinto maternal y nunca se pone clueca. ¿Para qué perder el tiempo si hay muchos huevos que poner?

Pues bien, lo que este grupo de investigadores consiguió es que sus huevos pesaran 4 gramos más. ¿Cómo lo hicieron? Haciéndoles oler una sustancia que se encuentra en la orina humana, la 2-metoxi-3-isobutilpirazina, una de las cinco pirazinas que podemos encontrar en nuestro pis. Pero no creamos que somos los únicos: también la encontramos en las glándulas odoríferas de los castores, en la orina del coyote y en las heces de los conejos. No da muchas ganas de olerla, ¿verdad? Pues también se encuentra en las variedades de uva Cabernet sauvignon, Cabernet franc y Merlot, lo que proporciona a los vinos tonos herbáceos, a pimiento verde. Y no slo eso sino que esta molécula se utiliza como potenciador del sabor en la industria alimentaria: y pensar que algo que está en la caquita de los conejos sirve para que nos sepan mejor las cosas...

Los investigadores no dejaron muy claro por qué sucedía algo así -y no sabemos de ninguna investigación posterior que lo aclare-, pero la hipótesis en juego es que esta pirazina provoca un retraso en la aparición de la lutropina, una hormona que controla la ovulación y que en las gallinas es la responsable de que se liberen los huevos del oviducto: al quedarse allí más tiempo, sigue agregando yema y albúmina.

La lutropina desempeña un importante papel en la ovulación humana y midiendo sus concentración puede utilizarse para conocer los días fértiles. De hecho hay diversos kits que permiten calcular, mediante el clásico “hacer pis en el palito”, los días fértiles de una mujer.

¿Se han dado cuenta el juego que da una simple molécula de nombre casi impronunciable?

 

Etiquetas: ciencia

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