¡Menudos compuestos químicos!

Como compuestos químicos los hay a patadas, no es extraño encontrarnos con nombres que, como mínimo, deberíamos llamar peculiares.

Por ejemplo la luciferina, compuesto responsable de la bioluminiscencia de algunos seres vivos, como las luciérnagas; o la draculina, una proteína anticoagulante que se encuentra en la saliva del murciélago-vampiro y está formada por 411 aminoácidos. La putrescina y la cadaverina dejan muy claro dónde podemos encontrarlas, al igual que la vomicina, fuente de la estricnina y del emético del mismo nombre. 

Más molón es el de domperidona, que poco tiene que ver con el champán y más como sustancia para provocar la producción de leche en mujeres lactantes. Y entre otros nombres peculiares tenemos el graciosillo furfuril furfarato, los celestiales ácido angélico y arcangelicina, la comestible thebacon, las “políticas” sarcosina y clintoniosina o las sexuales clitorina, erectono o SEX (abreviatura oficial del xantato etílico de sodio; una sobreexposición a este compuesto provoca vértigo, temblores, dificultad al respirar, visión borrosa, dolores de cabeza, vómitos e incluso muerte).

Hasta los dibujos tienen sus moléculas: ahí tenemos la pikachurina, nombre dado por investigadores japoneses en 2008 a una proteína en honor al conocido Pokémon. Por cierto, el gen con el nombre que ha tenido menos vida tiene relación con esta franquicia. Cuando en enero de 2005 se encontró un gen responsable de que una vez aparecido un cáncer se extendiera a las células circundantes, los investigadores lo bautizaron como Pokemon, por “POK Erythroid Myeloid ONtogenic factor”. Pero a la compañía propietaria de la marca, Nintendo, no le pareció bien que se la asociara a un gen relacionado al cáncer y amenazó con un litigio y en diciembre de ese año cambió su nombre a Zbtb7.

 

Imagen: Herky. Wikimedia.

Etiquetas: curiosidadesquímicaseres vivos

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