Martinus Veltman: "Conocerlo todo sobre la física de partículas significa conocerlo todo sobre todo"

"Los taxistas de Madrid son especialmente deshonestos", se queja Martinus Veltman mientras toma asiento, tras haber sido intentado timar en un entramado urbano que conoce bien. No en vano fue profesor de la Universidad Autónoma de Madrid durante ocho años. A sus casi 70 años, Veltman exhibe una poblada barba que se resiste a encanecer y le da un aspecto de viejo lobo de mar, hasta que nos fijamos en su mirada, despierta y directa, que ha escrutado los misterios íntimos del mundo con perspicacia de genio.

En 1999 fue galardonado con el Premio Nobel de Física, junto a su alumno Gerardus?t Hooft, por descubrir las bases matemáticas de la rama de la ciencia que estudia los componentes más pequeños del universo: la física de partículas. Actualmente reside en su villa natal, en Bilthoven (Holanda), con su esposa, dedicado a escribir un libro en el que explica de forma divulgativa sus hallazgos. "No es bueno que descubras algo y nadie lo entienda", ironiza.

-¿Le gustó la ceremonia de la Academia sueca?
-Fue fantástica, especialmente cuando te pones de pie y el rey de Suecia te da el Premio. Pero lo que más disfruté fueron los pequeños detalles. Por ejemplo, había cogido una buena gripe y, durante el banquete, la reina, junto a la que estaba sentado, me pasó una cuchara de oro con peppermint. Parecía que estaba en un cuento de hadas.

-La Academia sueca le concedió el galardón junto a su colega Gerardus?t Hooft literalmente por "aclarar la estructura cuántica de las interacciones débiles en física". Suena un poco ininteligible para el no iniciado. ¿Podría explicar en qué consiste la física de partículas?
-En la actualidad, creemos que todo en el universo está formado por partículas elementales. La física de partículas estudia las propiedades de esas partículas. Así, conocerlo todo sobre ellas significaría conocerlo todo sobre todo.

-¿Desde cuándo se investiga en este campo?
-Se empezó a mediados del siglo XX. Para que se haga una idea de su importancia, desde 1948 se han concedido 25 Premios Nobel a 42 físicos especializados en este campo. Por supuesto, antes ya se conocían partículas. Einstein, por ejemplo, obtuvo el Premio Nobel por descubrir que la luz se compone de fotones y no por su teoría de la relatividad. Muchos piensan que éste es su descubrimiento más revolucionario. Paradójicamente, el público sabe muy poco de ello.

-¿Cómo introduciría al público general en la teoría que le ha llevado al Nobel, el llamado Modelo Estándar?
-Lo que hicimos fue establecer las matemáticas precisas que describen cómo interactúan todas estas partículas.


-¿Ya está entonces explicado todo el universo?
-Pensar eso sería demasiado optimista. Hay muchas cosas que aún no sabemos. La diferencia es que antes observábamos más procesos de los que podíamos calcular y ahora podemos calcular cosas que todavía no podemos ver.

-¿Como la famosa partícula de Higgs, una de las partículas que componen la vida?
-Exacto. Sabemos que debe existir, pero no podremos observarla hasta 2008, cuando esté construido el LHC, el nuevo acelerador de partículas del CERN, el Laboratorio Europeo de Física de Partículas, cerca de Ginebra.

-Desde 1968, cuando empezaron a investigar sobre el Modelo Estándar que completarían en 1971, muchos científicos andaban buscando lo mismo que ustedes. ¿Por qué tuvieron éxito donde otros habían fracasado?
-Como suele ser frecuente, en primer lugar, porque era difícil dar con esas matemáticas. Se necesitaban nuevas ideas. Nadie podía estar seguro de qué dirección había que tomar. Y había muchas posibilidades. Pensé mucho sobre ello y en un determinado momento decidí que la mejor dirección era investigar la teoría de gauge, una teoría matemática usada para describir partículas subatómicas que combina la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad de Einstein.

-¿Qué le llevó a tomar esa decisión?
-Mis experimentos anteriores. Todos juntos me indicaron el mejor camino. También me ayudó mucho un programa de ordenador, el Schoonship, una expresión que podría traducirse como ¡A ordenar el barco!, que nadie tenía, porque lo había inventado yo.

-¿Lo inventó expresamente para ello?
-Fue algo anterior. Lo empecé a desarrollar con los experimentos sobre otras partículas denominadas neutrinos, en el CERN. Los neutrinos hacían cosas que no entendíamos muy bien, así que desarrollé el Schoonship para averiguar cómo interactuaban. Más tarde, el problema sería el mismo. No sabíamos cómo interactuaban las partículas. Con ayuda de este programa empecé a calcularlo. Era muy complicado. Otros científicos lo habían intentado, pero carecían de esta herramienta.

-Luego ¿ha sido útil?
-Sí, para mucha gente y en muchos problemas de astrofísica, química... También ha servido de base para programas de ordenador más avanzados, como Mathematica, el más extendido en este campo.

-Volviendo al Modelo Estándar, ¿tiene alguna aplicación en la vida cotidiana?
-No lo sé. Nosotros no trabajamos para hacer un mejor monitor de televisión, ni para hacer la vida de las personas más cómoda, sino para comprender mejor la naturaleza. Nada más. Pero creo que la vida de las personas mejora cuando se llega a cosas de este tipo.

-Algunos colegas suyos indican que es de una gran belleza la forma en la que completaron el Modelo Estándar. ¿Qué relación existe entre la belleza y la física?
-La belleza es subjetiva. Recuerdo que la primera reacción de Feynman -también Premio Nobel de Física, en 1965, y en cuyos diagramas se asienta nuestro modelo- cuando oyó hablar del Modelo Estándar lo encontraba feo porque era demasiado complicado. A mí tampoco me gustaba mucho, la verdad. Sin embargo, la belleza se aprecia cuando miras la teoría y ves cómo funciona todo tan bien. En matemáticas no hablamos del mismo tipo de belleza que si miramos un cuadro. Nunca he sabido contestar a preguntas así.

-¿Prevé que su teoría pueda ser corregida en unos pocos años?
-¿Cómo podría saberlo? La teoría de Newton sobre la gravitación fue corregida por la de Einstein. Introducía cambios muy pequeños pero la convertían en una teoría distinta. La teoría a la que hemos llegado no es el fin. Será la aproximación a otra.

-¿Cómo se interesó por la física?
-Cuando tenía 16 años, mi profesor del instituto aconsejó a mis padres que estudiara física. Fue un buen consejo.

-Sorprende ver en su curriculum que terminó la carrera muy tarde, casi a los 30 años. ¿A qué se debió?
-Primero, la física no se enseñaba entonces de forma atractiva porque después de la guerra la situación en la universidad no era buena. En segundo lugar, tuve que hacer el servicio militar y, en tercer lugar, no tenía dinero. Tenía que trabajar para vivir. No eran buenos tiempos para la física.

-El comienzo de su labor investigadora está ligado al experimento de los neutrinos en el CERN. Ha relatado en alguna conferencia que estaba tan excitado que no podía dormir esperando los resultados. ¿Cómo recuerda ese periodo?
-Fue fascinante. Por primera vez tenía contacto con experimentos en un campo en el que no conocíamos nada. Hasta ese momento, había habido alguna prueba en América de la que se podía deducir que los neutrinos existían. Me encantó cuando los vimos por primera vez y vimos cómo funcionaban. Entonces empecé a comprender lo que significaba la teoría.

-¿Qué relación mantiene con su colega del Nobel, Gerardus?t Hooft?
-La misma que mantengo con todos mis otros estudiantes. A veces nos vemos y hablamos, pero tengo cerca de quince estudiantes como él y muchos son también catedráticos.

-¿Como profesor emérito de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, opina que hay mucha diferencia entre la ciencia europea y la que se hace allí?
-Hacemos la misma ciencia, pero, por muchas razones, en Estados Unidos la hacen mejor. Por ejemplo, la organización es más extensa. En España, se investiga en física en Barcelona, Valencia y Madrid. Apenas se compite entre los centros y, si piden dinero, sería difícil ver a cuál debe ir. En Estados Unidos, puedes pedir a alguien de California que evalúe el trabajo de gente de Nueva York. En general, Europa está dividida en compartimentos estancos: España, Francia, Inglaterra... La cooperación entre ellos es difícil y, lo más importante, sus sistemas son diferentes. Es necesario que los científicos compitan y el mejor debería obtener más ayuda.

-¿Europa destaca en algo?
-En la forma de interesar a sus estudiantes por la ciencia. En América, la gente valiosa se dedica a hacer dinero y no ciencia, así que, con frecuencia, Estados Unidos importa los científicos de Europa.

-Cuando ve lo que cobra, por ejemplo, un futbolista, ¿tiene la sensación de que los científicos están socialmente infravalorados?
-No me molesta que la sociedad camine en esa dirección mientras nos permita hacer ciencia. Alguien puede pensar que los futbolistas son terribles, pero el mundo de las finanzas es peor. Lo sé por mi hija, que trabaja en el sector financiero. En una tarde, miles de millones de dólares van a parar a una sola persona. Puede que no sea justo, pero así funciona nuestra sociedad y parece que, de momento, es la mejor forma. No me quejo. Puedo hacer mi trabajo. En otros tiempos hubiera sido imposible, como lo es hoy en el Tercer Mundo.

-Además de su pasión por la física, es usted un lector asiduo de ciencia-ficción. ¿Estimula su lectura su imaginación para investigar?
-No. Me gusta la ciencia-ficción porque, cuando estás ocupado investigando y trabajas durante toda una jornada, es mejor que tu cerebro siga trabajando. Necesita algo más, pero algo no muy pesado, algo que puedas leer fácilmente. Prefiero no leer literatura pesada porque si lo haces te pones a pensar en temas diferentes.

-¿Cuál es su relación con España?
-Entre 1988 y 1995 fui profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. Soy muy amigo del profesor Francisco Yndurain. Hemos trabajado juntos en muchas cosas. Me gusta mucho el clima y mi mujer y yo llegamos a pensar en vivir aquí cuando me jubilara.

-Ya jubilado, ¿cómo es uno cualquiera de sus días?
-Vivo en Holanda, con mi mujer. Mis hijos viven en Los Ángeles y Londres. Cuando me apetece, trabajo en el libro que estoy haciendo para explicar estas cosas, porque creo que es necesario que estén al alcance de la gente corriente. Además juego al bridge, paseo,...

-(Su esposa entra en la habitación para requerir su tiempo y suscita una última pregunta) ¿Cómo le ha influido en su vida profesional estar casado?
-Es importante vivir en una atmósfera tranquila, sobre todo cuando llegas a casa del trabajo. Ha habido períodos de mi vida en que he trabajado 16 horas diarias todos los días. En esas condiciones, es muy difícil para una esposa ser comprensiva. Mi mujer lo fue. Muchos de mis colegas se han ido siempre de vacaciones, y nosotros no lo hicimos. Ella, sin embargo, no sabe nada de lo que yo hago. Salvo mi hija, que estudió lo mismo que yo, nadie de mi familia entiende de física.
Jaime López


Esta entrevista fue publicada en julio de 2000, en el número 230 de MUY Interesante.

Etiquetas: físicainformática

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