Los tatarabuelos de los cacahuetes

Este popular alimento surgió en una zona de los Andes bolivianos y argentinos de la hibridación de dos especies salvajes hace unos 10.000 años.

El cacahuete o maní (Arachis hypogaea) es uno de los frutos secos más consumidos en el mundo. Perteneciente a la familia de las legumbres, procede, como todos los cultivos domesticados por los humanos, de ancestros salvajes. En este caso, de la hibridación de dos vegetales andinos que los investigadores parecen haber identificado sin género de dudas. 

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Georgia y respaldado por la Iniciativa Internacional del Genoma del Cacahuete (IPGI, por sus siglas en inglés), ha puesto el foco en dos especies silvestres recolectadas hace décadas: Arachis duranensis y Arachis ipaniensis. La secuenciación genética arroja una coincidencia casi total con los llamados subgenomas A y B del maní actual

Lo intrigante era que la población de A. ipaensis, localizada en 1971, era muy pequeña y estaba muy aislada: sus parientes más cercanos crecían cientos de kilómetros al norte. Aquí había un misterio. Los científicos rastrearon toda la documentación botánica a su alcance,  los vestigios de movimientos de los cazadores de recolectores-recolectores y el ADN molecular de los vegetales.

Así llegaron a la conclusión que las semillas de A. ipaensis habían sido trasladadas a aquellas tierras boscosas de los Andes bolivianos y argentinos hace unos 10.000 años. Ese era el lugar donde coincidían los orígenes de los genomas A y B, y donde habría empezado la hibridación que dio lugar al cacahuete moderno, probablemente con la ayuda de las abejas locales.

Y además, en esa zona también se han descubierto los primeros vestigios de cultivos de maní en Sudamérica. Todo encajaba.

Etiquetas: ADNfrutos secosnaturaleza

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