Lee M. Silver: "Los países desarrollados tendrán ciudadanos genéticamente enriquecidos"

Este profesor de Genética Humana, Reproducción y Política de la Universidad de Princeton lleva años alternando sus investigaciones sobre las bases genéticas del comportamiento con su trabajo como asesor sobre Bioética para el Congreso de EE UU. Desde que en 1998 publicó su novela Vuelta al Edén, ha visto cómo muchos la comparaban con Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Con ella, Silver desveló uno de los peligros de la manipulación de los genes: el nacimiento de una elite de ciudadanos mejorados artificialmente. Ahora, tras un viaje de ocho meses por el Sudeste asiático, reconoce que estaba equivocado, aunque no tanto. No por ello abomina de la ingeniería genética. De hecho, le hubiera gustado usarla con su hijo Ari, quien ha heredado de él el asma. Silver hace la entrevista con un inhalador al alcance de la mano.

-Usted dividía la sociedad estadounidense de 2350 en un 10 por 100 de superhombres genéticamente mejorados y un 90 por 100 de humanos normales en Vuelta al Edén. ¿Sigue de acuerdo?
-Estaba equivocado. Las técnicas genéticas podrán emplearse al igual que hoy las vacunas. En Europa y EE UU, todo niño es vacunado contra la polio, por ejemplo, pero en otras partes del mundo no es así y la mitad de los niños muere porque beben agua de ríos contaminados. Son dos mundos muy diferentes. Mi temor es que, en el futuro, las sociedades occidentales tengan ciudadanos genéticamente enriquecidos y los grupos humanos, que ahora ya son distintos socialmente, se hagan diferentes genéticamente.

-O sea, en una misma sociedad, la mayoría de los individuos se beneficiarán de estos avances.
-Al igual que ahora ocurre con la fecundación in vitro, las técnicas genéticas estarán al alcance de cualquiera en Occidente. Inicialmente, la tecnología estará disponible sólo para los que tengan mucho dinero, pero, una vez que la sociedad lo demande, el coste se abaratará. Además, en otros países, como Inglaterra, ya hay técnicas reproductivas que cubre el Sistema Nacional de Salud.

-¿Cuáles son los beneficios de la ingeniería genética?
-Hoy en día, hay personas que no contraerán el sida, por más que se expongan al VIH. Están protegidas genéticamente. En el futuro, aunque no cercano, la ingeniería genética erradicará los genes responsables del cáncer, de las enfermedades del corazón y de aquéllas debidas al envejecimiento. Creo que la gente aceptará estas técnicas. Sé que muchos no están de acuerdo conmigo, pero yo creo que será así.

-¿Qué otro tipo de mejoras genéticas podrán realizarse?
-Una vez que el Proyecto Genoma se complete, será posible descubrir con los "chips de ADN" los genes que protegen a las personas contra una enfermedad, y también los que dan el talento artístico u otras habilidades. No hay genes que te conviertan en un gran músico o en un matemático, pero pueden darte el potencial para serlo. Al conocerse estos genes, los padres querrán dárselos a sus hijos.

-¿Le parecería ético?
-La tecnología que protege al niño contra la enfermedad es buena. Lo malo es si unos obtienen esa protección y otros no. Ése es el problema político que se avecina.

-¿Las creencias religiosas pueden frenar los avances en este campo?
-Un 20 por 100 de los estadounidenses no acepta la manipulación de embriones ni la fecundación in vitro; pero el 80 por 100 sí lo hace. Esto, respecto a la protección frente a enfermedades. Mejorar otros aspectos del niño será controvertido.

-¿Qué medidas legales se tomarán respecto a estas técnicas?
-En primer lugar, habrá leyes para evitar que se haga daño. Clonar, ahora mismo, es peligroso, así que debe estar prohibido. Si la tecnología génica acaba usándose como protección frente a las enfermedades, será difícil que se ilegalice. Al contrario, interesaría hacerla llegar a toda la sociedad. Pero aún nos quedaría un problema: a Occidente le da igual lo que ocurra en el Tercer Mundo. Por ejemplo, los europeos vacunan a sus hijos contra la polio, pero los niños aún mueren de esta pandemia en Tailandia o en África. Los occidentales previenen una división social, pero no se preocupan de otras sociedades.

-Cuando el Congreso de EEUU le pidió su opinión sobre la clonación, ¿qué dijo?
-Que hoy no es ético clonar seres humanos. Aún es peligroso, ya que origina un alto porcentaje de defectos congénitos. La clonación en sí no es algo que a la gente le preocupe. De hecho, la mayoría no se da cuenta de lo que es.

-¿Qué es?
-Simplemente, obtener un embrión a partir de una de tus propias células no reproductoras. La clonación consigue un hijo con todos los genes de uno solo de los padres. A la mayoría de la gente esto no le atrae. Y, desde luego, es diferente de la ingeniería genética.

-¿Está de acuerdo con que se emplee cuando sea más segura?
-No tendría por qué no ser ético. Si alguien quiere usarla, que la use, pero ahora no lo es. Y, sin embargo, un médico italiano -Serverino Antinori- y otro estadounidense -Panos Zavos- van a hacerlo, aunque conlleve defectos congénitos. Serán muy famosos cuando consigan un niño clónico y les pagarán mucho dinero. Es un ejemplo de cómo el mercado lleva a hacer algo que, en mi opinión, ahora no es ético.

-Ilustra su curso sobre Genética en Princeton con películas. ¿A cuál se parecerá más el futuro?
-Me gusta Inteligencia Artificial, de Steven Spielberg. Plantea una pregunta filosófica fascinante: ¿qué significa ser humano? Se trata de ver si un ser informático, con emociones y sentimientos, lo es o no. Es una cuestión clave, porque el modo en que tratemos a otros individuos estará determinado por lo que pensamos que son. Por ejemplo, si bien los seres humanos tienen derechos humanos, los animales, no. Y los ordenadores, por supuesto, no tienen derechos.

-En debates sobre el aborto o el uso de células madre de embriones, el problema es considerar o no al feto como un ser humano. ¿Cuál es su opinión?
-Hay un ser humano cuando el feto puede dar origen a una mente. El cerebro emerge al final de la fase embrionaria, así que, para mí, durante los tres primeros meses del embarazo no hay un ser humano. De todas formas, nadie sabe cuándo surge la mente en realidad, lo que nos lleva al debate sobre embriones y células madre. El embrión humano lo forman unas pocas células en las que no hay tejido cerebral. Para mí, eso no es un ser humano, aunque la Iglesia católica piensa que sí. La mayoría de la gente en EEUU acepta que se usen estos embriones. Hasta el senador Orrin Hatch, que era opuesto al aborto, cambió de postura cuando un pariente suyo enfermó de Parkinson y supo que la investigación en células madre podía ayudarle. Cuando le toca a su familia, casi todo el mundo está de acuerdo.

-¿Y el alma?
-Es la individualidad de la conciencia, la cual es, a su vez, una manifestación del cerebro. Aunque no es tan simple, como demuestran las experiencias realizadas por el premio Nobel Roger Sperry. Éste cortó el cerebro humano por la mitad para curar la epilepsia sin darse cuenta de que así las dos partes del cerebro dejan de estar comunicadas. Es como tener dos personas en conflicto dentro de la cabeza. Para evitarlo, los médicos eliminan químicamente una parte del cerebro. La pregunta es si esto es un asesinato. En EEUU no lo es, porque relacionamos al ser humano con el cuerpo, no con la mente.

-¿Estas tecnologías servirán para hacer más feliz al hombre?
-No necesariamente. Hay personas ricas e infelices y gentes sencillas y muy felices. No podemos hacer a la gente más feliz, pero, genéticamente, será posible eliminar la enfermedad

Jaime Lópe

Esta entrevista fue publicada en enero de 2002, en el número 248 de MUY Interesante.

Etiquetas: ADNingeniería genética

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