Las frutas y las verduras que compramos están vivas
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Los vegetales que compramos a diario siguen vivos ya que, incluso después de la cosecha, responden a las señales de luz y, por lo tanto, cambian su biología mejorando su resistencia ante los insectos y sus valores nutricionales. Es lo que han demostrado investigadores de la Universidad de Rice (EEUU) que, en el último número de la revista 'Current Biology', sugieren que la forma en que se almacenan los productos y el momento en que se consumen podrían tener consecuencias en la salud humana.

“Este trabajo muestra que las verduras y las frutas después de recolectarlas responden a los tratamientos externos y, por lo tanto, debemos pensar en ellas como plantas vivas”, explica Janet Braam, investigadora de la Universidad de Rice y coautora del estudio, en declaraciones a la agencia SINC.

Los científicos llegaron a esta conclusión a partir de plantas cultivadas en el laboratorio, que cambiaban su fisiología de manera importante a lo largo de la jornada, impulsadas por los ritmos circadianos. Para los investigadores, eso supone una ventaja para las plantas, ya que les permite alterar los niveles de sustancias químicas importantes que las protegen de ser comidas por los insectos y otros herbívoros. Por ejemplo, las verduras crucíferas, como la col, el brócoli y las coles de Bruselas, acumulan glucosinolatos, que tienen efectos anticancerígenos. Por lo tanto, los expertos creen que este trabajo puede tener implicaciones potenciales para modificar las prácticas de almacenamiento de estos alimentos y optimizar así sus nutrientes y fitoquímicos beneficiosos.

¿Pero cuándo es mejor comer una verdura? Según Braam y su equipo, si los relojes circadianos de la poscosecha de las verduras y frutas se mantienen después de la recolección, y si controlan los niveles de nutrientes y fitoquímicos importantes para la salud, puede ser beneficioso mantener su reloj y comer o cocinar las verduras y frutas en los momentos del día en que más se enriquecen de estos metabolitos beneficiosos. “Tal vez deberíamos guardar nuestras verduras y frutas bajo ciclos de luz-oscuridad, y elegir el mejor momento para cocinarlos y comerlos con el fin de aumentar su valor nutricional”, argumenta la experta.

Los investigadores hicieron el descubrimiento inicial en estudios con col. A continuación, observaron respuestas similares en la lechuga, espinacas, calabacines, patatas dulces, zanahorias y arándanos. Asimismo, las frutas y verduras sometidas a ciclos de luz-oscuridad en el momento adecuado sufrieron claramente menores daños por insectos.


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