Las especies eternamente jóvenes desafían la teoría de la evolución

La senectud es la última etapa de la vida humana, en la que se experimenta de forma evidente el deterioro físico y psicológico asociado a la muerte celular. Esta no es innata a todo el reino animal, ya que las especies más afortunadas no sufren declive alguno con la edad y son capaces de reproducirse hasta el momento mismo de su muerte. Una nueva investigación de la Universidad del Sur de Dinamarca sugiere que esta capacidad para mantenerse eternamente joven desafía las teorías evolucionistas, que afirman que el envejecimiento es un rasgo intrínseco de cada una de las especies.


Aunque la vida de muchos peces pequeños y pulgas de agua se prolonga sólo durante algunos días, su mortalidad se ve incrementada con la edad, como ocurre con la mayoría de especies animales longevas similares al ser humano. Existen, sin embargo, otras especies que desafían algunas teorías evolutivas al no experimentar deterioro ninguno conforme se acerca el momento de su muerte.


El grupo de científicos analizó la vida útil de 46 especies animales distintas respecto a su esperanza de vida. Los resultados revelaron que no existía ningún vínculo entre la duración de la vida y el grado de senescencia en algunas especies, tales como el cangrejo ermitaño, el abulón rojo o la hydra, un animal microscópico de agua dulce que puede vivir siglos. Dicha diversidad de estrategias de envejecimiento desafía la noción de que la evolución conduce inevitablemente a la senectud, o el deterioro de la mortalidad y la fertilidad con la edad.


Algunos expertos se muestran sin embargo críticos con el trabajo, y dudan de que este comprometa las teorías evolutivas, al encontrarse limitado por la extensa variedad de causas de fallecimiento que no han sido contempladas (la depredación o la enfermedad, por ejemplo) y que acontecen con mayor frecuencia que la muerte natural.

Etiquetas: evolución

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