La respuesta del cerebro a la música es universal

Científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford (EE UU) han demostrado que el cerebro de todos los seres humanos se activa exactamente del mismo modo cuando escuchamos una pieza de música clásica, independientemente de las experiencias previas y las preferencias musicales individuales. En concreto, los experimentos revelan que oír una melodía por primera vez pone en acción a estructuras implicadas en la planificación del movimiento, la memoria y la atención.

Para asegurarse de que los efectos se debían a la música y no al lenguaje, los investigadores, coordinados por el psiquiatra Vinod Menon, eligieron música sin letra y excluyeron todas aquellas melodías que algún participante ya había oído previamente, para eliminar los efectos de la "familiaridad" de una canción. Finalmente, en sus experimentos trabajaron con piezas de compositor inglés William Boyce, del siglo XVIII, apodado el "Bach inglés". Observando los cerebros de los voluntarios durante más de nueve minutos, y comparando el efecto de escuchar música con el efecto de estímulos "pseudomusicales" (por ejemplo, sonidos sin ritmo o sin armonía), hallaron una amplia red de estructuras cerebrales cuyos niveles de actividad subían y bajaban con un patrón sorprendentemente similar entre los participantes del estudio mientras oían la música.

Tanto el cerebro medio y el tálamo como la corteza frontoparietal, que se ocupa de funciones superiores como la atención y la memoria de trabajo, sincronizaban con bastante precisión su actividad entre unos sujetos y otros, aunque la respuesta solo se observaba en el hemisferio derecho, en zonas que procesan estímulos no lingüísticos. Dicho de otro modo, el estudio corrobora que la música podría considerarse un lenguaje universal.

Por otra parte, la intensa activación de centros de planificación de movimientos durante el experimento indica que el cerebro responde de forma natural a los estímulos musicales con palmadas, pasos de baile o movimientos de cabeza. Incluso adaptando nuestros pasos al ritmo de la música.

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