La química de la almohada: 6 compuestos que te ayudan a dormir mejor

Estas seis sustancias segregadas por nuestro cuerpo cobran especial protagonismo, por su presencia o ausencia, mientras dormimos.

Melatonina

Esta hormona clave es secretada por la glándula pineal cuando ciertos fotorreceptores especializados del ojo detectan el descenso de la luz exterior. Aparte de relajarnos, tiene efectos antioxidantes y antiinflamatorios y puede alargarnos la vida, tal y como ha demostrado Darío Acuña, catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada.

Hormona del crecimiento

Sintetizada principalmente durante la fase más profunda del sueño, permite mantener la masa y la fuerza muscular precisas para realizar ejercicios físicos, además de reducir la cantidad de grasa corporal. Por supuesto, es imprescindible en la etapa de crecimiento infantil, pero si escasea cuando somos adultos tendremos más riesgo de sufrir hipercolesterolemia, osteoporosis, envejecimiento prematuro e incluso cáncer.

Cortisol

Te levantas, te vistes, preparas el desayuno, corres al trabajo, te pilla un atasco, comes a toda prisa para sacar el trabajo adelante, pasas por el supermercado antes de volver a casa... Mientras todo esto sucede, los niveles de cortisol –la hormona del estrés– se mantienen altos e inhiben tu respuesta inmunitaria. Por eso es necesario esperar a que anochezca para que nuestras defensas luchen a sus anchas contra las infecciones. También necesitamos que los niveles de cortisol bajen si lo que pretendemos es sortear eficazmente las alergias.

BDNF

La producción del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), que protege el nervio auditivo, alcanza sus niveles más bajos cuando cae la noche. Una reciente investigación reveló que la cóclea u órgano de la audición es más sensible al ruido durante la noche; lo es hasta tal extremo que niveles acústicos inocuos de día pueden provocar pérdidas de audición irreversibles de madrugada.

Conexina-43

¿Por qué no solemos levantarnos para ir al baño de noche? Parece una pregunta sencilla, pero lo cierto es que hace pocos años que Osamu Ogawa y su equipo de la Universidad de Kyoto dieron con la respuesta. La clave está en que nuestro reloj circadiano ordena entonces un incremento en la producción de la proteína conexina-43 en las células musculares de la vejiga, que puede así aguantar más.

Orexina

Cuando cae el sol, el hipotálamo reduce la producción de esta proteína, vinculada con la sensación de hambre. Un estudio publicado en la revista Cell reveló que cuando este mecanismo se deteriora, perdemos la capacidad de saber si estamos saciados, lo cual explica los constantes paseos nocturnos a la nevera de los afectados.

 

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