La ciencia en el Quijote. Caballero en el diván



Sólo unas décadas después de que se publicara el Quijote, Thomas Sydenham, conocido como el Hipócrates ingles, escribió que "la obra es el mejor tratado para estudiar medicina". Quizás resulte un tanto entusiasta, pero lo cierto es que pocas novelas han recibido la atención de médicos, psicólogos y psiquiatras como ésta en la historia de la literatura. Sin duda, el tema de la locura de Alonso Quijano es el nudo central de la obra y del aparato crítico vertido sobre ella secularmente. ¿Pero, es posible realizar un análisis diagnóstico del estado psiquiátrico del hidalgo sin acudir más que a criterios científicos? Muchos expertos consideran que sí. Y de hecho, tal aproximación no resulta una novedad, precisamente. El primer autor español que aventura una diagnosis psiquiátrica de Don Quijote es Antonio Hernández Morejón, que en 1836 escribió Bellezas de medicina práctica en el Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha. En aquel texto, el autor creyó ver en el personaje una alteración colérica y melancólica de la personalidad. Dicho diagnóstico se realizó, obviamente, sobre las premisas de la ciencia psicológica de la época, gran desconocedora de los entresijos de la mente y basada en la teoría hipocrática de los humores. Según aquellos científicos, el alma humana dependía de cuatro elementos,-aire, fuego, tierra y agua- que determinaban cuatro sustancias corporales -la flema, la sangre, la bilis amarilla y la bilis negra- y cuatro temperamentos -flemático, sanguíneo, melancólico y colérico-.


Un monomaniaco

A principios del siglo XIX, sin embargo, comienzan a fundarse las bases de la psiquiatría científica, a partir de la obra de Philippe Pinel Tratado médico-fisiológico de la alienación mental a la manía. En ella se describe por primera vez de forma racional el componente maniático de la personalidad y se determina una nueva enfermedad: la monomanía. Pinel llegó a definir la actitud de Don Quijote como "un ejemplo admirable de monomaníaco" que se caracteriza por la recurrencia de ideas fijas, obsesivas e ilusorias. Cuando los sucesores de Pinel diferenciaron entre ilusiones y alucinaciones y crearon un corpus clínico más solvente para detectar estos fenómenos en el comportamiento de los pacientes, quedó claro que Alonso Quijano, sometido a constantes idas y venidas de la realidad, acuciado por sus alucinaciones y perturbaciones, debía ser un caso prototípico de maniaco.

En la consulta de Freud
Una pregunta recurrente en el estudio sistemático de la locura quijotesca es ¿qué hubiera pasado si don Alonso Quijano hubiera acudido a la consulta de un psicoanalista? La pregunta se la hizo el psiquiatra Carlos Plata Mújica en 2003 y éste es el resultado: Para este experto, es importante tener en cuenta el origen social del hidalgo: a sus 50 años de edad, era una persona bien considerada en su lugar, que se jactaba de haber sido siempre persona honesta y contenida. De hecho, se califica a sí mismo como "enamorado platónico continente". Su aparente rectitud se vio perturbada con la lectura obsesiva de los libros de caballería, que comenzó a imitar primero en la intimidad de su cuarto y luego, ya perdido todo control sobre sus actos y sometido a los sinsabores de la paranoia, en ambientes públicos. Un aspecto importante desde el punto de vista psicoanalítico es el de los objetos y acciones en los que el hidalgo proyecta su imaginación. Se encierra con las armas de sus bisabuelos, vive con su sobrina, un ama y un mozo, se fortifica en una feble celada... Estas obsesiones familiares sugieren un deseo de identificación regresiva con un padre fantaseado agresivo e impotente. Este caldo de cultivo favorece una proyección personal hacia el mundo de la fantasía, hasta el punto de cambiar su nombre, el de su caballo y el de su amada -de Aldonza a Dulcinea- en una suerte de delirio de realidad.Conforme la ciencia de la mente fue evolucionando, aparecieron nuevas aportaciones a la explicación de ciertos comportamientos, como los que Cervantes relata en su obra. Para conmemorar el 300 aniversario de su publicación, en 1905, el doctor Ricardo Royo Villanova publicó un tratado en el que se elaboraba una historia clínica del personaje. Para aquel entonces, ya se habían propuesto algunas ideas novedosas en psiquiatría: se había diagnosticado la catatonia y se conocían males como la paranoia y lo que se llamaba demencia precoz, que luego fue catalogada como esquizofrenia. Royo Villanova concluye en su obra que Don Quijote "sufre paranoia crónica o delirio sistematizado parcial de tipo expansivo, con forma megalómana y variedad filantrópica". Es evidente que los diagnósticos iba siendo más precisos y definidores cada vez: se cerraba el cerco a la enfermedad. El perfil del mal quijotesco parece claro. Pero ¿cuáles son sus orígenes? Si el hidalgo padecía tales trastornos ¿qué se los provocó?

Es sabido que la enfermedad mental puede deberse a causas genéticas heredadas, a traumas ambientales o a una combinación de las dos. En teoría, el deterioro de la personalidad del personaje no puede deberse a traumatismos vitales o a una vida desordenada. "No se desprende de la lectura de la obra -advierte el antropólogo forense José M. Reverte- que el caballero consumiera alcohol o drogas, pues no se trataba de un hombre vicioso; antes bien era madrugador y amigo de la caza". Tampoco se hace mención a procesos infecciosos anteriores que pudieran desencadenar un mal mental.

Reverte apunta dos causas importantes que pueden ayudar a conocer la etiología del mal psíquico del hidalgo. La primera es la edad, ya que Alonso Quijano ha entrado en una etapa de la vida donde se hace más prevalente la psicosis. La segunda es la insuficiencia vitamínica.


Cansancio o celibato

Rastreando otros elementos favorecedores de la historia clínica del personaje, los científicos encuentran factores coadyuvantes que, sin ser determinantes del todo, pueden impulsar el desarrollo del mal o, al menos, aparecen relacionados en la vida real con episodios neuróticos y psicóticos.

Uno de ellos es el celibato, que en el caso de Don Quijote es llevado hasta el extremo sin que se produzca ningún tipo de sublimación religiosa -propia de sacerdotes, por ejemplo- que a menudo sirve de compensación a los efectos de esta práctica en nuestra psique.

Otro, quizás más claro, es el agotamiento y la falta de sueño. Aunque la literatura clínica conoce bien los casos de personas que han perdido el equilibrio anímico por culpa de la extenuación o la obsesión por el trabajo, no parece claro que este fenómeno sea causa de deterioro o, más bien, una consecuencia de otro mal que impele al paciente a huir de algo que le atribula. En cualquier caso, una de las referencias más claras que Cervantes realiza a la etiología del mal quijotesco es, precisamente, ésta. Según el autor, Alonso Quijano "se pasa las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio" y por esa razón "se le seca el cerebro y viene a perder el juicio".

Literatura y ciencia

Desde el punto de vista literario, la locura de Don Quijote ha sido interpretada de múltiples maneras, aunque prevalece una idea central: el hidalgo es, en realidad, el otro yo de Cervantes al que le sirve para realizar las aventuras que Don Miguel nunca pudo permitirse.

Desde el punto de vista médico, el pobre hidalgo sufrió de un mal muy común en la sociedad contemporánea: un trastorno de la personalidad provocado por la incapacidad de dar equilibrio a los múltiples y complejos componentes de su vida.


Jorge Alcalde y Enrique M. Coperías
La ciencia en el Quijote. Caballero en el diván

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