Kathy Reichs: "Las ciencias forenses están de moda"


Hace más de 30 años que Kathy Reichs, nacida en Chicago, mantiene un trato íntimo con fémures, calaveras y otros restos humanos. La muerte ha sido la materia cotidiana de su trabajo, que permite poner nombre y apellidos a un cadáver o descubrir al culpable de un asesinato. En la actualidad, sin embargo, Reichs dedica más tiempo a escribir novelas de misterio basadas en sus experiencias. Son el origen de la exitosa serie televisiva Bones.

entrevista323.jpgLa muerte le sienta bien a Kathy Reichs. Ningún deceso, por lúgubre o repulsivo que pueda parecer a quien no esté acostumbrado a hurgar en la putrefacción, la pestilencia, la enfermedad o la violencia, le quita el sueño. Porque para esta antropóloga forense que reside entre Estados Unidos y Canadá, el fin de la existencia se ha convertido precisamente en el material que inspira su prolífica y lucrativa carrera como novelista. Kathleen Joan Reichs, oriunda de la ciudad de Chicago -se niega a confesar su edad como si fuera un secreto de ultratumba-, se doctoró en los años 70 como académica en antropología física por la Northwestern University. Reichs ha adiestrado a agentes del FBI en el análisis de restos humanos; fue profesora en el Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Carolina del Norte, en su sede de Charlotte -ciudad donde vive la mayor parte del año-, entre otros centros universitarios, y trabaja para el Laboratoire de Sciences Judiciaires et de Médicine Légale, en la provincia canadiense de Quebec.

Su vida dio un giro radical en 1997, cuando publicó su primer libro, Déjà Dead -editado en España con el título de Testigos del silencio-, que se convirtió en un best seller internacional. Con sus relatos, Reichs abrió una ventana al mundo de las ciencias forenses a través de su alter ego, Temperance Tempe Brennan, que ha protagonizado otras nueve novelas. El más reciente, Bones to Ashes -se podría traducir como "De huesos a cenizas", aún no publicado en nuestro país-, apareció en 2007, y este año, Reichs ya tiene otro listo para las librerías. Pero, ¿cómo saca tiempo para desarrollar tantas facetas y no terminar convirtiéndose ella misma en un cadáver? Su secreto es que ya no escarba tanto entre gusanos y pasa más horas frente a un ordenador ideando las historias que le han permitido entrar en el mundo de la televisión como productora. En 2005, la cadena estadounidense Fox estrenó la serie Bones, inspirada en la vida de Reichs y en el personaje de Tempe Brennan. En la serie, Brennan -interpretada por la actriz Emily Deschanel-, es una antropóloga forense que escribe en sus ratos libres sobre las aventuras de un personaje al que ha puesto el nombre de... Kathy Reichs. En España, Bones sale al aire a través de La Sexta, y la tercera temporada comenzó a emitirse el pasado 10 de enero. Justo antes de montarse en un avión rumbo a Carolina del Norte, Reichs conversó vía telefónica desde Canadá sobre su doble vida: la verdadera y la de ficción.

-El éxito obtenido por sus novelas y las de otros escritores -como Patricia Cornwell-, así como la notable aceptación de Bones y series de similar temática, han hecho mucho por desmitificar y explicar al gran público las ciencias forenses. Sin embargo, un caso como los que usted maneja en la vida real no se esclarece en una hora. ¿No se crean así falsas expectativas sobre lo que puede lograr la antropología forense, en particular entre los miembros de un jurado que deben considerar evidencias?
-En algunos programas aparece la misma persona haciéndolo todo, desde las funciones de investigador en la escena del crimen hasta las de los policías de homicidios y del ayudante de laboratorio que obtiene los resultados de una prueba de ADN en 22 minutos. Eso no es así, porque son competencias separadas. Tempe [en Bones] también hace un poco de todo a la vez, pero tratamos de ser más realistas.

-En Estados Unidos no llegan a 100 los antropólogos forenses acreditados por la American Board of Forensic Anthropology (ABFA). ¿Hay escasez? ¿Han ayudado los libros y series a despertar mayor interés entre los estudiantes universitarios?
-No sé si hay escasez, porque en realidad las ciencias forenses ahora están de moda. El problema es que cualquiera con experiencia en entomología, por ejemplo, puede colgar un letrerito anunciándose como experto. Por eso la certificación otorgada por la ABFA resulta tan importante. Es una forma de aclarar quién tiene la formación, las credenciales y la experiencia.

-¿De los casos que le han tocado a lo largo de su carrera, cuál ha sido para usted el más difícil? ¿Alguno le produjo pesadillas?
-Yo diría que el trabajo forense que hicimos en la Zona Cero de Nueva York después de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Soñé con eso, con las víctimas, y fue terrible. Pero posiblemente todo el mundo estaba sumido en un estado de fragilidad semejante.

-¿Cómo se enfrenta uno a un cuerpo hecho pedazos, a la muerte más macabra, al recordatorio diario de que la vida es tan delicada y pasajera?
-Hay algunas personas que nunca se sobreponen a eso. Requiere un cierto tipo de personalidad, y hay gente que sencillamente no se acostumbra. No pueden lidiar con las imágenes, los sonidos, los olores. La primera vez que hice una vivisección fue en la universidad, y durante un tiempo dejé de comer pollo. Pero después me habitué.

-El año pasado, numerosos científicos "salieron del armario" escribiendo libros donde declaraban que no creían en Dios. ¿Ver en lo que usted misma se podría convertir el día menos pensado ha afectado sus creencias religiosas, si las tiene?
-Esa es una pregunta a la que no se le puede dar una respuesta breve. Por supuesto que mi oficio afecta. Soy agnóstica de mente abierta, pero no trato de decirle a nadie lo que debe o no creer. La muerte es inevitable, y por mi trabajo, siempre está presente a través de crímenes violentos, homicidios, suicidios, accidentes... La muerte que más impresiona es la que ocurre inesperadamente. Como cuando un chico de 15 años cae muerto en medio de una cancha de baloncesto. Ello le recuerda a uno que la existencia es frágil, que puede perderse en cualquier momento. Pero creo que eso lo sabe todo el mundo. Yo no sé nada sobre la vida o la muerte que tú no sepas.

-Usted ha viajado a Guatemala, que vivió una guerra civil durante 36 años, y a Ruanda, donde los hutus asesinaron a 800.000 tutsis en 1994. ¿Cómo han sido sus experiencias en países donde se intenta enterrar la impunidad cuando se trata de delitos de lesa humanidad ?
-Fui invitada a Guatemala a instancias de Clyde Snow -este famoso antropólogo forense norteamericano, que ha estudiado los restos de John F. Kennedy o Tutankhamón, entre otros- . Él estaba comprometido desde el principio a establecer equipos que investigaran las atrocidades cometidas en ese país. Trabajé con el doctor Snow durante la primavera del 2000, en un lugar de las montañas. El equipo guatemalteco continúa su labor, y siempre ponen sus vidas en riesgo. Yo estuve tan sólo dos semanas, por lo que mi contribución fue mínima. Sin duda necesitan más fondos. Cuando los tienen, viajan a los Estados Unidos para mantenerse al tanto de los últimos adelantos y para interactuar con sus colegas. Por eso les gusta tanto que vayan expertos a visitarlos.

-¿Ha colaborado de alguna manera en otros países de Latinoamérica víctimas de guerras, la guerrilla o los asesinatos en masa como El Salvador, Colombia y Argentina?
-He viajado extensamente por Latinoamérica, pero no en calidad de trabajo.

-Sí estuvo en África.
-Presté mi ayuda al Tribunal Penal Internacional para Ruanda de las Naciones Unidas. Yo revisé el expediente de un individuo acusado de matar a 27 personas y de enterrarlas en un garaje de Kigali. No hice la exhumación, pero se me pidió que evaluara la calidad de la misma. Todo eso se presentó en la corte, y mi testimonio se utilizó para ratificar que el proceso se había llevado a cabo de manera apropiada.

-¿Los casos en los que ha trabajado sirven, aunque sea de manera velada, como inspiración para sus libros o la serie?
-Cada episodio de Bones es una historia original. No están basadas en mis relatos. Yo aporto detalles técnicos, leo los guiones y a veces hago sugerencias. Se decidió no convertir los libros en capítulos. Tuvimos ofertas para hacer miniseries, pero cada entrega televisiva tiene principio y fin, por lo que no hay suficientes novelas para los argumentos que se necesitan. Y de ninguna manera lo que aparece en la pantalla me constriñe. Es una manifestación diferente. Yo pienso en dos Tempe: una es la de los libros, y la otra, la de la televisión. En los relatos escritos, es cuarentona, ha estado casada y reside en Carolina del Norte. La serie reflejaría su vida anterior: la protagonista trabaja en Washington, D. C., lo que es muy apropiado, ya que fue allí donde me enfrenté a mi primer esqueleto.

-¿De quién fue la idea de presentar a esa Tempe más joven en la televisión?
-Lo decidieron los productores. Mantuvimos largas conversaciones, y yo les dejé muy claro que no quería que ella tuviera menos de 30 años. La audiencia de la cadena Fox es juvenil, y ellos me convencieron de que respetarían lo que yo quería y que deseaban mi asesoría, lo que he continuado haciendo.

-Usted incluso apareció en la serie interpretando a otra antropóloga forense.
-Me resistí, porque no soy persona de cámaras. Pero David Duchovny -protagonista de Expediente X- dirigía ese episodio, y era la primera vez que el actor Ryan O?Neal hacía del padre de Tempe. Nos dedicamos a volar en pedazos un coche y una cabeza [risas]. Tal vez ese personaje pueda volver. Me divertí mucho.

-Su libro más reciente, Ashes to bones, incluye información biográfica sobre el personaje de Temperance Brennan que no había revelado en ninguna entrega anterior. ¿Cuánto de su propia vida hay en la de Tempe?
-Bueno, yo no tuve un hermano que murió cuando era sólo un bebé, por ejemplo. El escritor hace eso: utiliza e incorpora la ficción a la realidad. En cada libro hay que presentar nuevamente a los personajes, porque caben dos posibilidades: que sea el primero que lee una persona u otro más para alguien que ya conoce los anteriores. Así que tengo que mostrarle al lector nuevamente quiénes son los protagonistas y, a la vez, revelar datos desconocidos sobre ellos.

-Usted es madre y profesional y vive entre dos países, Estados Unidos y Canadá. ¿Cómo divide su tiempo?
-Mis tres hijos ya han acabado sus carreras universitarias, aunque siempre están cerca. Ya no dedico mucho tiempo a la investigación forense. Prácticamente sólo la practico en Canadá, donde trabajo desde 1990. Tampoco hago labores para el ejército, ni estoy involucrada en casos de accidentes y desastres. De vez en cuando acepto algún caso que me interesa en Estados Unidos, como el de un cura que fue acusado de matar a una monja en Ohio en 1980. También dejé de enseñar ya hace nueve años. Una vez que mis libros despegaron, la parte académica de mi vida se minimizó, mientras que aumentó la de escribir relatos y producir la serie. Ha sido una evolución gradual, supongo.


Juan Carlos Pérez-Duthie


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