Juan Pérez Mercader: "La evolución de las galaxias se parece a la de los seres vivos"

Realmente, Juan Pérez Mercader se encuentra ensimismado en su trabajo junto a uno de los científicos más eminentes del planeta, a juzgar por la velocidad a la que ametralla con su indescriptible mezcla de términos científicos, chistes, poemas y tacos el aire de su despacho, enclaustrado en medio de un quieto pinar madrileño.

-¿Así que es en esto en lo que trabaja ahora con Gell-Mann?
-Estamos totalmente dedicados a entender por qué se producen estas similitudes.

-¿Y tienen alguna idea?
-Sí, se producen por algo que se llama criticalidad autoorganizada. Las estructuras del universo -desde las muy grandes a las muy pequeñas- son manifestaciones de grandes avalanchas. Imagina un reloj de arena que va acumulando granitos hasta formar una pequeña montaña. Llega un momento en que el montón de arena no aguanta más, y un solo grano es suficiente para que se forme una avalancha. Los físicos saben que estos fenómenos se rigen por una serie de ecuaciones muy particulares, que permanecen estables independientemente del tamaño del sistema. Es decir, si yo cojo un reloj el doble de grande que el anterior, las probabilidades de una avalancha son las mismas. Los datos del Hubble que estudiamos Murray y yo -y que hasta ahora nadie los había mirado de este -modo, porque para ello hay que ser un poco perverso- nos dicen que en el universo ocurre algo parecido. Los mecanismos que generan cúmulos de galaxias son los mismos mecanismos que generan galaxias, los mismos que generan cúmulos de estrellas dentro de una galaxia... Hay una especie de reproducción de lo pequeño en lo muy grande. 

-Y ese fenómeno se repite también con los sistemas en la Tierra...
-Nos estamos quedando atónitos al ver que lo que ocurre en el universo a grandes escalas es algo análogo, no idéntico, a lo que sucede en las especies terrestres. El estudio a través de los fósiles del número de especies con respecto al tiempo en el que aparecen sigue una ley muy similar a la que rige la acumulación de las galaxias.

-¿Quiere decir que las estrellas se rigen por las mismas leyes que los animales?
-Bueno, en el caso de la acumulación de galaxias sabemos que la responsable es la fuerza de gravedad. Pero todavía no conocemos  qué es lo que configura los ciclos en la aparición de las especies.

-¿Y no será que ambos sistemas -las galaxias y los seres vivos- se parecen por la simple razón de que los estudia el mismo observador: el ser humano?
-El hecho de que sea el ser humano el que observa el universo y las especies podría distorsionar la observación, es cierto, pero yo no lo creo así y la ciencia ya tiene en cuenta ese sesgo y pone los medios para compensarlo. En realidad, creo que la evolución de las galaxias se parece a la de los seres vivos porque hay un principio común que rige ambas. Estamos aprendiendo cosas de las galaxias que podemos aplicar a la vida y que, por lo menos, sabemos que funcionan en la biodiversidad pretérita de la época de los dinosaurios.

-¿Cómo saben que funcionan?
-Todo esto aún no está publicado, porque primero tiene que pasar los controles pertinentes, pero yo estoy muy seguro de ello. Te pondré un ejemplo: todas las extinciones en la historia de la vida se pueden representar mediante una serie de números y ecuaciones. Ocurre que la evolución en la Tierra pasa por periodos en los que no sucede nada, y de pronto salta la chispa y desaparecen o aparecen un montón de especies. El tiempo de estabilidad recibe el nombre de periodo de estasis y el de cambio se llama periodo de puntuación. Algunos paleontólogos denominan a la relación entre ambos periodos  "equilibrio puntuado". Con nuestros datos, descubrimos que las propiedades matemáticas de este equilibrio son muy similares a las de la acumulación de galaxias, aunque no tenemos ni idea de por qué ocurre tal similitud.

-Los religiosos podrían interpretar en estos datos la mano de una inspiración superior que creó todas las cosas...
-Si de camino me la vistes con unas barbas y una túnica y le pones voz muy grave, entonces tienes a Dios... Pero yo creo que esta teoría sólo nos dice que hay principios -generales que operan en la Tierra entre los seres vivos, en el ámbito de las galaxias y también en otros aspectos de la naturaleza, como los terremotos. De hecho, estas leyes son primas de las sísmicas.

-Esto se encuentra cerca del sueño que tiene cualquier científico de encontrar una ley que lo explique todo...
-Pues, hombre, eso estaría muy bien. Pero no creo que lleguemos a tanto por este camino. A lo que sí llegamos es a una cosa muy interesante: una unidad metodológica entre diversas disciplinas. Estamos viendo que estas leyes que se perciben en las galaxias funcionan en la genética de poblaciones o en procesos que conducen a la morfología variada de los seres vivos. Por ejemplo, sabemos que los procesos que dan lugar a la formación de manchas en los leopardos o barras en las cebras son análogos, no idénticos, a los procesos que generan las galaxias elípticas, espirales o irregulares. Hay una especie de trasiego entre cosas que tienen que ver con la historia del universo a grandes escalas y con el Big Bang, y cosas que tienen que ver con la biología más cercana. Estamos construyendo un puente entre el Big Bang y la biología.

-¿Por qué nadie se había dado cuenta antes de esto?
-Porque vivimos una ciencia compartimentalizada. El que hace biología no habla con el que hace física, ni éste con el de materia condensada, ni éste con el de cinética de reacciones químicas... Hay que entrar en una nueva dimensión de la ciencia, sin fronteras entre disciplinas.

-Y según la ciencia se acerca a una ley que lo explique todo, ¿no corre el riesgo de tocar techo, de morir de éxito?
-Ésa es una de las preguntas que nos hacemos los científicos: ¿llegará un día en el que lo sepamos todo sobre el cosmos? Y la respuesta es no. Saberlo todo es equivalente a comprimir el universo entero en el cerebro de un hombre, y eso es imposible, porque el universo tiene trillones de trillones de grados de libertad que la mente no posee. A lo sumo, podremos comprimir lo esencial del cosmos en fórmulas relativamente sencillas que la cabeza humana pueda manejar.

-Desde la ventana de su despacho se ve la Luna. Usted estaba trabajando aquí cuando se anunció el descubrimiento de agua en uno de sus polos. ¿No le parece frustrante darse cuenta de que hemos estado estudiando durante siglos el satélite más cercano y no habíamos sido capaces de percatarnos de que contenía agua? ¿Es que la ciencia es tan imperfecta y tan limitada?
-No consiste en ser imperfecta o perfecta. El Santo Grial de la ciencia sería buscar una teoría que describa un cuerpo enorme de fenómenos con la mayor economía de leyes. Para ello se requiere experimentación y observación, y en ambos casos es necesario disponer de instrumentos suficientemente potentes. Los aparatos surgen de la tecnología, y ésta, a su vez, de los desarrollos científicos anteriores. Por ejemplo, nosotros no podríamos disponer de cronómetros digitales si no supiéramos de mecánica cuántica. Pues lo mismo ocurre con la Luna: hemos sido capaces de encontrar ahora agua porque hubo un programa llamado Guerra de las Galaxias en el que se crearon láseres ópticos que había que probar en algún contexto. Ese contexto fue hacer un mapa de radar de la Luna con el satélite Clementine. Es la combinación de tecnologías y descubrimientos lo que permite avanzar. Es frustrante, pero sólo hasta cierto punto.

- O sea, que estamos condenados a hacer sólo la ciencia que nos permite nuestra tecnología...
-Sí, pero nosotros también tenemos bastante que decir sobre cómo se diseña esa tecnología. Somos los científicos quienes la diseñamos conforme a la ciencia que queremos. Hay un trinomio interesante que, por desgracia, los políticos no entienden; está compuesto de tres patas: ciencia básica, ciencia aplicada y tecnología. La ciencia básica puede tirar de la aplicada, y ésta de la tecnología, o viceversa. Todas sirven a todas y es necesario invertir en cada una de ellas.

-Lo malo es que los gobiernos y las empresas sólo quieren hacer ciencia aplicada, con resultados prácticos e inmediatos...
-Algunos gobiernos miopes creen eso porque piensan que la ciencia aplicada es la única que da dinero y prestigio. No se dan cuenta de que para tener un banco son necesarias tres patas. Piensa en el Minisat español. En él hay un instrumento detector de rayos gamma que se está probando por primera vez en el espacio. Esos detectores captan de forma más eficaz una cantidad menor de rayos. Una tecnología tan científica tiene una aplicación muy pedestre: la detección del cáncer de mama y la obtención de mamografías con menores dosis de radiaciones dañinas.

-Pero, en algunas ciencias, la aplicación práctica no está tan clara. Por ejemplo, ¿qué interés estratégico puede tener un gobierno en conocer el origen de la vida?
-Al de Estados Unidos ahora mismo le interesa muchísimo.

-¿Por qué?
-Porque se ha dado cuenta de que la NASA, por ejemplo, no va a ningún sitio a no ser que haga algo que enganche a todo el mundo. Por eso ha creado un programa como Origins, capaz de captar al público, desde el maestro de escuela a los científicos, los ingenieros y las empresas. Ésa es la razón de que haya montado un tinglado que trate de explicar el origen de la vida, de la Tierra y del sistema solar. Cualquiera que salga a la calle y tenga corazón se interesaría por un programa así.

-¿Pero qué beneficio se obtiene de todo esto?
-Mira, para conocer si hay vida en Marte tienes que generar una tecnología fascinante. Tienes que saber qué quieres buscar, y fabricar un robot que lo encuentre; una máquina que diferencie, por ejemplo, las piedras de los fósiles. Esa máquina le interesará luego al fabricante de automóviles, que quiere tener el mínimo de piezas tiradas, o al banquero, que quiere distinguir la moneda falsa de la auténtica, o al analista, que necesita buscar rápidamente un tumor entre miles de muestras.

-¿Cuanto más sabemos del cosmos, más cuenta nos damos de lo pequeños que somos?
-Sí; yo tengo una gran opinión del ser humano, pero en realidad no somos nada. Somos materia organizada, la misma materia del oro de un anillo, del acero de un reloj o del carbono de tus pantalones. Pero esa materia se organiza porque la autoorganización es una forma natural de que las cosas cumplan con las leyes de la mecánica cuántica y de la mecánica estadística.

-Usted demuestra en sus escritos un gran interés por la filosofía. ¿Pero qué tiene que decir un filósofo si llegamos a la conclusión de que el ser humano no es más que materia autoorganizada?
-Tiene mucho que decir, en el sentido en que nosotros nunca llegaremos a entenderlo todo. La filosofía es el pensamiento racional por elevación que ejecuta el raciocinio dando saltos intuitivos que no se dan en la ciencia, pues ésta  no está legitimada para ello. La filosofía debe preguntarse sobre aquellas cosas que no sabe la ciencia. Los ámbitos de ambas disciplinas son distintos, pero deben ir de la mano, porque a lo mejor lo que hoy pertenece a la filosofía un día pasará a pertenecer a la ciencia. Los filósofos son como los topógrafos, que miran por dónde tiene que ir el túnel antes de construirlo; sobre todo, en algunas disciplinas, como el origen primero del universo o los viajes en el tiempo. Éstos, de momento, son materia ideal para filosofar, pero estoy seguro de que para mediados del siglo que viene conoceremos muchísimo sobre ese tema, no sólo desde el punto de vista de la ciencia pura, sino también de la tecnología necesaria para dar saltos en el tiempo.
Y así, impregnado de filosofía, Pérez Mercader vuelve a la pantalla de su ordenador, adonde acude constantemente en busca de datos, gráficos o fotografías para apoyar sus tesis, y rescata los versos de Omar Khayyam, poeta persa de los siglos XI y XII, que siempre le acompañan:

"El mundo es un grano de polvo en el espacio;
la ciencia de los hombres, palabras;
los pueblos, los animales y las flores de las siete cimas
son   sombras de la nada".
Jorge Alcalde

Esta entrevista fue publicada en junio de1997, en el número 193 de MUY Interesante

 


Etiquetas: Universoastronomía

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