Juan Luis Arsuaga: "Me hubiera gustado ser un cromañón"

"Me hubiera gustado ser un cromañón"


Hace 20 años, el profesor Arsuaga empezó a trabajar en las excavaciones de la sierra de Atapuerca, actividad que ha compartido con su labor de docencia en el Departamento de Paleontología de la Facultad de Ciencias Geológicas de la UCM.

 

El día de San Fermín de 1992, la carrera científica del profesor Arsuaga cobró un nuevo rumbo. El 7 de julio, su colega Ignacio Martínez encontró el cráneo casi completo de un hombre que vivió hace 300.000 años en la Sima de los Huesos, uno de los yacimientos paleontológicos de la Sierra de Atapuerca, en Burgos.


De la noche a la mañana, la Sima de los Huesos se convirtió en el yacimiento más importante de Europa. En esta cavidad natural se ha hallado la mayor acumulación de fósiles humanos de la historia. Efectivamente, hasta la fecha los científicos han rescatado la friolera de 2.500 restos de entre 33 y 45 individuos, pertenecientes a la especie Homo heidelbergensis, antepasada del hombre de Neandertal. Paralelamente, en el yacimiento vecino de la Gran Dolina el equipo de Arsuaga ha recuperado un conjunto de 80 fósiles humanos de 800.000 años de antigüedad. Pertenecen a una nueva especie de nuestro linaje que ha sido bautizada con el nombre científico de Homo antecessor. Éste, además de erigirse como el primer ciudadano europeo, constituye el último antepasado común de los neandertales y del hombre actual. El profesor Arsuaga ha sido, unas veces, protagonista y, otras, testigo de excepción de estos fascinantes descubrimientos.

 

?¿Qué supone para usted el yacimiento de Atapuerca?
-Desde el punto de vista personal, casi todo se lo debo a Atapuerca. Una parte importante de mi vida está ligada a este yacimiento. Ahora bien, hay que matizar. Normalmente, un descubrimiento científico impulsa laboralmente al investigador que lo lleva a cabo. Éste no ha sido mi caso, porque Atapuerca no me ha promocionado ni académica ni económicamente. Ante todo, me ha aportado satisfacciones personales y espirituales, así como la oportunidad de pasar a la historia. Han sido pues beneficios todos ellos intangibles. Mi relación con Atapuerca es puro romanticismo.

-Como bien dice, usted y su equipo forman ya parte de la historia. Sus descubrimientos han concitado la atención de la comunidad científica internacional...
-No es para menos. El yacimiento burgalés es un regalo divino, una cápsula del tiempo que guarda en su seno las respuestas a muchos interrogantes acerca de la evolución y el modo de vida de la humanidad, desde hace un millón de años, o quizás más, hasta la actualidad. El yacimiento de Atapuerca es singular. Fíjese que en una misma campaña de excavación podemos estar trabajando en unos estratos de la Sima del Elefante que acarician los 1,2 millones de años, excavar en el yacimiento de la Gran Dolina en niveles de 800.000 a 600.000 años de antigüedad y, al mismo tiempo, zambullirnos en los 300.000 años de la Sima de los Huesos. Si nos trasladáramos al mundo del arte, Atapuerca sería algo así como encontrar en un mismo emplazamiento una pirámide egipcia, un circo romano y una catedral gótica. Pero no cualquiera de estos monumentos, sino los más espectaculares: Keops, el Coliseo, Notre Dame...

-Acaba de mencionar que la Sima del Elefante tiene una edad próxima a los 1,2 millones de años. ¿Ha encontrado alguna evidencia humana en este yacimiento?
-No, pero daría cualquier cosa por tropezarme allí con una piedra tallada. Sería una noticia de alcance mundial, pues sin duda alguna cambiaría muchos conceptos sobre la evolución del hombre y su salida de África.

-¿Quién habría tallado esa herramienta lítica? ¿Un Homo erectus o quizás un Homo habilis?
-Probablemente, ninguno de los dos. Sería obra de un tipo de Homo antecessor parecido al que hemos encontrado en la Gran Dolina, pero medio millón de años más antiguo. Desgraciadamente, el registro fósil de esta época es bastante precario. Aún así, se podría cotejar con las evidencias fósiles coetáneas halladas en Java, pero están tan alejadas en la distancia que de poco servirían.

-Las malas lenguas dicen que su éxito les ha venido dado, o sea, que es fruto de la casualidad.
-Es indudable que el azar juega un papel muy importante en paleontología, pero también en otras ramas de la ciencia. Por ejemplo, un astrónomo puede enfocar su telescopio un día cualquiera a un punto del firmamento y descubrir una nueva galaxia. En el caso de Atapuerca, la suerte ha desempeñado un rol secundario, ya que los trabajos en el yacimiento burgalés se parecen a una investigación convencional, como pudo ser el descubrimiento de los antibióticos o el de los oncogenes. En la década de los ochenta, confiamos en que Atapuerca escondía en sus sedimentos unas grandes posibilidades e iniciamos una serie de excavaciones. Hasta 1992, año en que afloraron los primeros fósiles humanos espectaculares, sólo habíamos recabado fragmentos óseos e industria lítica que para nosotros constituían los indicios suficientes para seguir apostando por Atapuerca. Así pues, los hallazgos no han sido fruto tanto de la casualidad como de tirar del hilo: coger un cabo y empezar a seguirlo.

-Hace ya 20 años que recogió el testigo de las excavaciones de Atapuerca. ¿Aún siente la misma pasión que al principio cada vez que aparece un nuevo fósil?
-¡Claro que sí! Lo que sucede es que algunos de los yacimientos de Atapuerca ya son demasiado previsibles. Nuestros colegas se muestran fascinados cuando les comento que en una campaña de excavación podemos extraer más de 300 fósiles humanos sólo en la Sima de los Huesos. He estado excavando en Etiopía y cuando un miembro del equipo encontraba un diente humano nos poníamos eufóricos y era motivo de celebración. Yo, modestamente, pensaba: ¡Pero si en España los tengo a miles!

-¿Pero esta previsibilidad a la que hace referencia no resta emoción a su trabajo?
-Ni un ápice. Verá, aún queda mucha información en los fósiles que hemos encontrado y existen muchos yacimientos por excavar en la sierra burgalesa que a buen seguro nos depararán más de una alegría. Además, constantemente buscamos cosas nuevas.

-¿Podría ser más explícito?
-Como sabe, recientemente hemos presentado en sociedad una pelvis masculina completa de unos 300.000 años de antigüedad que hallamos en la Sima de los Huesos en 1994. En este mismo yacimiento se han encontrado fragmentos coxales femeninos que, comparándolos con los equivalentes masculinos, nos permiten saber que las diferencias de forma entre las pelvis masculinas y femeninas de Homo heidelbergensis son similares a las que se encuentran en poblaciones actuales. No obstante, me gustaría localizar una cadera entera de mujer para, entre otras cosas, estudiar el canal del parto.

-¿Qué información puede aportar esta región anatómica?
-El canal pélvico o del parto del individuo de la Sima de los Huesos, que hemos bautizado con el nombre de Elvis, es tan grande que por él podría pasar sin dificultad la cabeza de un feto actual. Teniendo en cuenta que las mujeres del pleistoceno medio tendrían un canal mayor que el de los varones, es de suponer que el parto sería menos dificultoso y doloroso que en la actualidad.

-¿Qué otras cosas le gustaría hallar en la sierra burgalesa?
-Nos faltan, por ejemplo, restos fósiles que aporten datos relacionados con el lenguaje y la estatura. Hasta la fecha, tampoco hemos encontrado señales de fuego, y sería estupendo dar con ellas. Por último y a título personal, me produciría una gran ilusión la aparición de restos de un hogar e incluso indicios de tipo simbólico o ritual.

-Pero muchos expertos creen que la mente simbólica es exclusiva del hombre moderno.
-No estoy de acuerdo. Pienso que aquellos burgaleses de hace 300.000 años ya poseían esta facultad. Por ejemplo, creemos que la acumulación de cadáveres en la Sima de los Huesos no es casual, sino que obedece a una práctica funeraria. Yo me sitúo en el bando de los que opinan que la mente simbólica no es exclusiva de nuestra especie, aunque es evidente que ésta se ha desarrollado enormemente en el Homo sapiens. Los humanos nos hemos rodeado de símbolos y hemos hecho algo que es único en la naturaleza: asignamos valores emocionales a estos símbolos.

-¿Se sabe cómo y cuándo surge esta capacidad de abstracción?
-No cabe duda de que es un producto de la evolución. Como sostengo en mi libro El collar del neandertal, hasta llegar a la población de la Sima de los Huesos, la evolución había ido produciendo un aumento espectacular en el tamaño del cerebro. Como resultado, se produjo un considerable avance en las capacidades mentales superiores y una expansión de la conciencia. Ésta no se limitaba al presente, sino que se extendía al futuro, a lo por venir. Fue entonces cuando los homínidos comprendieron que ellos, todos ellos, estaban destinados a morir. Ningún animal, salvo el ser humano, conoce la existencia de la muerte. Pero ésta, a cambio, también nos permitió descubrir que estamos vivos.

-Y la conciencia de la vida y la muerte llevó al hombre a la practica de ritos funerarios. ¿No es así?
-El filósofo Fernando Savater opina que la reacción de los humanos prehistóricos que descubrieron la muerte fue la de embellecerse, adornarse, afirmarse frente al trágico final, manifestar por medio de símbolos un inmenso jubileo ante el hecho de estar aún --vivos. No sabemos en qué momento de nuestra evolución se alcanzó el conocimiento de la imposibilidad de eludir la muerte, ni quiénes fueron los primeros seres vivientes que tomaron conciencia de ella, pero, sin duda alguna, ya estaba presente en Atapuerca y en una especie distinta a la nuestra. Y aquí surge la polémica.

-Es de suponer que les resulta harto difícil seguir la evolución del comportamiento humano a través de las marcas internas presentes en la caja craneal y otras evidencias petrificadas.
-Efectivamente, las palabras se las lleva el viento. El comportamiento no fosiliza del mismo modo que los huesos. Ahora bien, cuando aparecen manifestaciones artísticas, como unas pinturas -rupestres, está claro que quienes las hicieron poseían una mente simbólica. Pero hasta entonces resulta complejo precisar su existencia. Por tanto, no es de extrañar que, hoy por hoy, el debate central que enfrenta a los antropólogos, más allá de las discrepancias sobre aspectos taxonómicos y filogenéticos, radica en el desarrollo y la evolución del cerebro humano.

-¿Se podría afirmar que nuestra inteligencia proviene de África?
-África es la cuna de la humanidad, y de hecho ha creado varias humanidades diferentes. Unos homínidos bípedos, los primeros, vivieron en el bosque, y otros posteriores, en la sabana, aunque unos y otros lo hicieron siempre allí. La decisión de colonizar Europa y Asia fue tomada probablemente por un grupo evolucionado de homínidos poseedores de un cerebro organizado para llevar a buen fin la colosal aventura, hace 1,5 millones de años. Y también en África surgió otra forma de humanidad, los que podríamos definir como anatómicamente modernos, que salieron de nuevo del continente vecino para colonizar Eurasia, hace unos 50.000 años. En realidad, nuestro verdadero hogar está en África, con los demás primates. Europa y gran parte de Asia no son aptas para los primates.

-¿Lo dice totalmente en serio?
-¿Cuantas especies de primate viven en los robledales, pinares y encinares europeos? ¿Cuántas en la tundra ártica, en la taiga boreal y en las estepas y desiertos? Ninguna, por la sencilla razón de que no son los hábitats idóneos para los primates.

-¿De los casi 5 millones de años de evolución humana, qué momento le parece más interesante?
-Sin duda alguna, la edad dorada de nuestro periplo evolutivo coincide con la aparición del hombre de Cromagnon, que somos nosotros, pero en estado de cazadores salvajes y libres. A finales del pleistoceno, hace más o menos 35.000 años, los cromañones vivían en total armonía con la naturaleza, como cualquier otra especie animal. Pero lo más fascinante de ellos es que no eran animales, sino seres humanos con una mente prodigiosa. Estoy convencido de que fueron capaces de hacer poesías maravillosas, contar cuentos bellísimos y componer músicas y canciones llenas de ritmo y sentimientos. El hombre de Cromagnon protagonizó una explosión de arte y creatividad que ha quedado plasmada, por ejemplo, en la cueva de Altamira. En una ocasión, Picasso dijo que el trabajo artístico de Altamira jamás ha sido superado. Yo comparto su opinión. Los cromañones, en definitiva, me apasionan porque habitaron el lugar que biológicamente nos corresponde y, al mismo tiempo, fueron capaces de producir mundos de ficción.

-Vamos, que le hubiera gustado ser un cromañón
-¡Sí, claro!

-¿Verdad que los cromañones no eran gente civilizada?
-Vivieron otro tipo de civilización. El hombre cazador en puro estado salvaje, todavía no civilizado, fue, poco a poco, reem-plazado por otro muy distinto: el hombre domesticado y sedentario, que se mueve al ritmo cansino de sus ganados o que encorva su espalda sobre la tierra que cava, mirando al cielo sólo para implorar la lluvia o para pedir que cese. Con el cambio de economía, como subrayo en mi libro, se produjo también un cambio de mentalidad: los dioses de los cazadores no eran los mismos que los de los agricultores y los ganaderos.

-Por el título de su último libro, El collar del neandertal, se puede deducir que también denota una debilidad especial por esta especie. ¿Nos puede decir por qué?
-Porque no eran nuestros antepasados. Los neandertales constituyeron una humanidad paralela a la nuestra, una especie de criaturas extraterrestres que aterrizó en Europa y que, en su efímera existencia, se vio cara a cara con los cromañones. Tuvo que ser un momento conmovedor: ¿Puede concebirse un argumento más emocionante para una novela?

-¿Llegaron a mezclarse?
-A gran escala, pienso que no, aunque carecemos de datos al respecto... (Arsuaga detiene un momento la entrevista, que mantenemos en un laboratorio, para fijar la atención en un libro que lleva bajo el brazo un alumno. Luego continúa) ¿Ha leído el libro Star Wars? Esto sí que es pura mitología... Casi todo en nuestra especie es mitología.

-Por cierto, en la última película de George Lucas, Star Wars. La amenaza Fantasma, el hombre y otras especies humanoides exhiben una tecnología destructiva estremecedora. ¿Cómo ve el futuro de la humanidad?
-Hubo un tiempo en el que el destino del hombre venía determinado por la naturaleza. Ahora, el devenir de la humanidad se halla en nuestras propias manos. Vivimos en una sociedad empeñada en transformar el mundo natural en un mundo artificial.

-¿Quiere decir que la naturaleza ya no constituye una amenaza para nosotros?
-No, en absoluto. No quiero imaginarme qué ocurriría si cayera en la Tierra otro meteorito como el que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años. Y me estremezco cuando pienso en una posible futura glaciación. No hay que olvidar que salimos de una hace unos 13.000 años y que el hielo alcanzaba un espesor de un kilómetro y medio en algunos lugares de Europa.

-¿Cabe la posibilidad de que la humanidad desaparezca bajo los hielos glaciares?
-Lo pasaríamos fatal, pero creo que la especie sobreviviría.

-¿La ciencia podría hacer algo al respecto?
-Imagínese que en una futura glaciación los científicos contaran con la tecnología para controlar y manipular el clima. Sería la mayor de las guerras, pues, ¿cómo se repartirían los países las lluvias, los hielos y los desiertos?
Enrique M. Coperías

 

Esta entrevista fue publicada en octubre de 1999, en el número 221 de MUY Interesante.

Etiquetas: Atapuerca

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