Ilusiones a la carta


"Durante un turno de noche, una ambulancia trajo al hospital a un hombre de 44 años en coma. Al momento de intubarlo y pasarlo a la unidad de cuidados intensivos, le quité la dentadura postiza, la puse en un cajón y me olvidé de ella. Cuando se despertó, después de una semana, me vio y exclamó: ¡Esa enfermera sabe dónde está mi dentadura! Me la quitó y la puso en un cajón. Le pregunté cómo podía haber visto ese gesto, ya que estaba en coma. Era como si estuviera flotando cerca del techo, contestó. Veía desde arriba a los otros doctores y a mí mismo. Intentaba desesperadamente comunicaros que estaba vivo. El paciente dio una descripción detallada de la habitación y del personal médico. Y comentó que desde entonces ya no le tenía miedo a la muerte?. Este relato de una enfermera holandesa apareció publicado en diciembre de 2001 en The Lancet, una de las revistas médicas más prestigiosas. Es un caso de lo que podríamos llamar "experiencia extracorpórea". La explicación de estos fenómenos catalogados como paranormales todavía no está clara. Sin embargo, ahora es posible pedir experiencias extracorpóreas a la carta.

Dos experimentos descritos en la revista Science consiguieron inducir estados de este tipo gracias a una mezcla de realidad virtual e ingeniosas trampas para el cerebro. ¿Los viajes fuera del cuerpo serán una diversión más en los parques de atracciones? "Es posible", contesta Henrick Ehrsson, investigador del Karolinska Institut de Estocolmo (Suecia) y autor de uno de los estudios. "De hecho, hemos utilizado un sistema muy sencillo". Pero Thomas Metzinger, filósofo de la Universidad de Mainz (Alemania) y coautor del otro trabajo, lanza un mensaje de alerta: "Los experimentos demuestran que se puede manipular la conciencia, hacerle creer a una persona que está en otro lugar, fuera de su cuerpo. Es algo parecido al escenario de Matrix".

Desde las proyecciones astrales de la literatura ocultista hasta los viajes de la meditación oriental, los relatos en que personas despiertas se ven a sí mismas desde un lugar fuera de su cuerpo han aparecido en los tiempos y lugares más diversos.

Según los pocos estudios estadísticos disponibles, estas experiencias se pueden presentar durante ataques epilépticos y afectar a personas con tumores cerebrales, migrañas o depresiones. "Hay constancia de ellas también en momentos de crisis -explica Ehrsson-, sobre todo después de ictus o infartos. También en situaciones de riesgo, accidentes de coche, montañismo extremo o durante las fases de gran aceleración de los aviones militares". Las han relatado también consumidores de drogas y pacientes anestesiados con ketamina. "Pero una experiencia extracopórea se puede dar así mismo en condiciones normales -agrega Metzinger-. Se cree que alrededor de una de cada diez personas experimentará algo parecido al menos una vez a lo largo de su vida".

La situación más común es la parálisis del sueño, una sensación de incapacidad de mover el cuerpo que puede aparecer al despertarnos o dormirnos, y a veces se asocia con la visión de uno mismo desde fuera. Hay relatos de experiencias extracorpóreas en las situaciones más inesperadas. En 1991, los médicos O. J. Grösser y T. Landis relataron la de una persona sana en la revista Vision and visual dysfunction. "Estaba delante de una pequeña audiencia, no más de diez personas, en una clase universitaria bien iluminada, dando una charla tan bien preparada que la podía soltar como un poema aprendido de memoria. Sin previo aviso, tuve la impresión de que me estaba observando a mí mismo desde fuera, desde una posición a más de un metro por encima de mi cabeza y un poco al lado, cerca del techo de la habitación. Probablemente, el fenómeno no duró más de 15 segundos, pero durante ese tiempo fue como si mi cuerpo estuviera por debajo de mi yo real, y continuara soltando la charla mientras que yo estaba mirando desde arriba".

Aunque los relatos asuman matices psicológicos o religiosos distintos, según la cultura del protagonista, todos coinciden en la presencia de un cuerpo inmaterial que se aleja del cuerpo físico. "Quizá la presencia de un mecanismo o de una disfunción cerebral que genera estas ilusiones haya inspirado la idea de alma, un concepto presente en todas la culturas", argumenta Metzinger. Inducir artificialmente una experiencia tan extrema en personas sanas es todavía imposible, pero los experimentos descritos en Science sí llegan a reproducir algunos de sus rasgos fundamentales. Las personas que participan en las pruebas llevan puestos unos visores de realidad virtual. Una cámara detrás de ellos los graba y retransmite la imagen en tiempo real a los visores, que la reproducen en tres dimensiones, dándoles la sensación de tener un individuo de espaldas delante de ellos. Luego, los investigadores empiezan a tocar el pecho o la espalda del voluntario con una barrita. El movimiento aparece reproducido en el visor. "De esta manera se crea un mensaje sensorial contradictorio", explica Tej Tadi, investigador de la Escuela Politécnica Federal de Lausanna (EPFL), en Suiza, y coautor de uno de los trabajos. "La barrita actúa sobre el cuerpo real, pero el voluntario la ve moverse sobre un cuerpo que está a unos metros delante de él".

reportaje318b2Al cabo de un minuto de estimulación, la mayoría de los voluntarios percibe una sensación rara. "Te parece que tú estás en ese cuerpo que está allí, delante de ti", explica Ehrsson, que ha probado la experiencia en primera persona. "Algunos voluntarios empezaron a reírse, otros dijeron que encontraban esa sensación extraña, incluso irritante". Los cuestionarios pasados a los voluntarios para que la describieran revelan que durante el experimento se habían olvidado de su cuerpo real. Por el contrario, les parecía que la sensación de contacto venía de la estimulación del cuerpo virtual. La fase siguiente del experimento de Ehrsson consiste en colgar un martillo y acercarlo de repente al personaje virtual. Durante esta operación se registra la conductividad de la piel, una medida de las emociones padecidas por las personas fundamentada en variaciones de la sudoración. "Los cambios en la secreción revelan que los voluntarios reaccionan como si hubiera un peligro real. Además, algunos relatan que experimentaron un sentimiento de ansiedad".

En el otro ensayo, los investigadores tapan los ojos de los voluntarios y los desplazan respecto a su posición inicial. Luego les piden que vuelvan a ella. "Tras tantear un poco, acaban alejándose de la posición inicial de su cuerpo real y acercándose a la posición del cuerpo virtual, confirmando que la ilusión ha actuado en su cerebro", explica Tadi.

Olaf Blanke, de la EPFL, que ha participado en el experimento con Tadi, Metzinger y la doctoranda Bigna Lenggenhager, ya había conseguido reproducir experiencias extracorpóreas, pero sólo en pacientes epilépticos. En un artículo publicado en Nature en 2002 describe los resultados de la estimulación eléctrica de algunas áreas del cerebro. "En respuesta a la aplicación de corrientes bajas, una paciente epiléptica de 43 años decía que se estaba hundiendo en la cama o cayendo desde arriba. Tras una subida de corriente, la mujer explicó que se veía a sí misma tumbada en la cama desde arriba".

Según los investigadores, la intersección de los lóbulos parietal y temporal podría estar relacionada con las experiencias extracorpóreas, tanto en individuos sanos como en enfermos. "Es la parte del cerebro encargada de hacer encajar las informaciones que vienen de los distintos sentidos", explica Ehrsson. "El cerebro está acostumbrado a asociar la visión del fuego cerca de la piel a la sensación de quemado, o la imagen de un cristal que cae a un gran ruido. En el experimento, le engañamos: la estimulación táctil del cuerpo real se sincroniza con la estimulación visual del cuerpo virtual. El cerebro intenta arreglar la incoherencia y acaba diciéndonos que nuestro cuerpo está allí donde se encuentra la imagen virtual".

Una de las aplicaciones de esta trampa podría consistir en el desarrollo de entornos de realidad virtual muy realistas que incluyeran la percepción de estar presentes físicamente en ellos. Pero las consecuencias de este tipo de avances podrían ir mucho más allá. "Si la tecnología de la conciencia se desarrollara suficientemente, se podría colocar a una persona en un entorno virtual y engañar a su cerebro hasta el punto de hacerle creer que su auténtica realidad es aquella y que su cuerpo real es el cuerpo que siente en el mundo virtual", explica Metzinger.

"La vuelta al mundo real podría ser muy dura, porque una experiencia de este tipo conferiría una percepción muy clara de un hecho que normalmente tendemos a ignorar. Es decir, que el mismo mundo real, la misma sensación que sentimos cada día de tener una identidad y estar en un cuerpo, no es nada más que una creación del cerebro, tan arbitraria y manipulable como la del mundo virtual. Incluso podríamos ser cerebros conservados en formol y nuestra conciencia el resultado de una sencilla estimulación externa".

Delante de este escenario desconcertante y que casi da miedo, Ehrsson se agarra con toda su fuerza a un reflexión de Einstein: "La realidad es sólo una ilusión, pero una ilusión que es muy persistente".


Por Michele Catanzaro




La ilusión de la mano de goma
Paul Verschure, investigador de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, es contundente: "En 2030 el ictus será la primera causa de pérdida de calidad de vida en el mundo". Teniendo en cuenta que una de las consecuencias de esta enfermedad es la atrofia muscular, Verschure está experimentando en la Clínica Esperanza de la Ciudad Condal el uso de brazos virtuales para que los pacientes puedan recuperar el movimiento. María Sánchez Vives está llevando a cabo un proyecto parecido en su laboratorio del Instituto de Neurociencias de Alicante. Ambos investigadores utilizan la llamada ilusión de la mano de goma. Si se oculta la mano de un individuo, se le enseña en su lugar una extremidad de goma y se estimulan simultáneamente la mano real y la ficticia, después de pocos segundos el paciente percibe la extremidad de goma como suya.

manogoma
Vídeo relacionadoVerschure y Sánchez Vives están estudiando distintas maneras de inducir esta ilusión con un brazo no de goma, sino virtual. "Es lo mismo que pasa en los experimentos de experiencias extracorpóreas. Pero nosotros queremos transferir al mundo virtual sólo la percepción de un brazo, no de todo el cuerpo", explica Sánchez Vives. "Existe la idea mágica de que manipulando por medio de la fisioterapia las extremidades se reactivarán automáticamente los circuitos cerebrales del movimiento", sigue Verschure. "Pero la realidad virtual ofrece mayores posibilidades. Por ejemplo, aunque el brazo real haga un pequeño movimiento, esto se puede amplificar en el brazo virtual, activando los circuitos de la satisfacción", explica Sánchez Vives.



"Ya no tengo claro quién soy"
La experiencia extracorpórea es la más extrema de un conjunto de patologías cerebrales que generan ilusiones relacionadas con la percepción del cuerpo. He aquí algunos relatos inspirados en casos clínicos publicados en la revista médica The Lancet.

Somatoparafrenia
"Cada mañana me despierto de repente y siento que hay algo extraño en mi cama. Es como si hubiera otra persona. Los doctores me dicen que estoy obsesionada con mi pierna paralizada, ¡pero esa pierna no es mía!"

reportaje318b1Autoscopia
"Tenía 41 años. Hacía ocho días que había perdido la vista a raíz de un tumor en la hipófisis. De repente, vi una cara delante de mí. Tras un gran susto, me di cuenta de que era yo. Si cambiaba mi expresión, la cara cambiaba la suya. Era como si me estuviera mirando en un espejo. La cara tardó siete años en desaparecer".

Heautoscopia

"Tengo migrañas desde los 19 años. Ahora estoy sentado en una camilla del hospital, mientras una enfermera me reajusta la vía. De repente, estoy convencido de que me quiere intoxicar. Me veo a mí mismo detrás de la enfermera, diez años más joven. Pero no como en un espejo, sino como si fuera otra persona. Mi otro yo emprende una lucha con la enfermera?.

Sensación de presencia
"Estoy escalando en alta montaña sin oxígeno. Tengo la sensación de que alguien me acompaña. Me parece incluso que estamos atados de la misma cuerda. Finalmente, llegamos a la cima. Me doy la vuelta para ofrecerle a mi compañero una galleta y grito de miedo cuando veo que no hay nadie".

Pérdida de identidad
"Dicen que me llamo G. Dedlow, ¿pero, soy o no soy G. Dedlow? Dicen que era soldado y que me amputaron brazos y piernas. Recuerdo que hace tiempo tenía claro quien era, ¿pero ahora quién soy?"

Mano anárquica
"Tengo una mano que no me obedece. Empezó subiendo y bajando la cremallera del bolsillo. Más de una vez se apropió del dinero que acababa de pagar. La situación se volvió intolerable cuando intentó masturbarme públicamente. Ahora me pellizca y golpea cuando menos lo espero".

Síndrome de Capgras
"Dicen que tengo una psicosis, pero yo sé que ese hombre no es mi marido: le han sustituido por otro. Él se ha ido o ha muerto. Yo, por seguridad, me encierro en mi habitación por la noche. Le pediré a mi hijo su pistola".

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