Humanos nacidos para correr

para-correrEs habitual proclamar al guepardo como la criatura más rápida del mundo, exceptuando a las aves. Y desde luego, sus registros asombran: el pasado mes de septiembre, una hembra de 8 años del zoo de Cincinnati corrió 100 metros en 6,13 segundos, fulminando la anterior plusmarca de 6,19 segundos, detentada por un congénere sudafricano desde 2001. No obstante, si se organizaran unos hipotéticos Juegos Olímpicos animales, no sólo habría pruebas de velocidad. Veríamos entonces cómo se comportaba el felino en las competiciones de fondo, donde la representación humana nos iba a dar muchas alegrías.

En largas distancias, la velocidad promediada con respecto a su peso es de 13,7 km/h (65 kg) para un antílope, 15,5 km/h (110-170 kg) para un ñú y 21,6 km/h (500 kg) para un caballo. Según los fisiólogos, el límite del Homo sapiens en las carreras de resistencia se sitúa por encima de todos ellos, en 23,4 km/h, rendimiento muy superior al del resto de los primates, mejor preparados físicamente para acelerar en distancias cortas. Un deportista de élite es capaz de mantener los 20,4 km/h durante dos horas, mientras que un aficionado al footing se debe contentar con una media de entre 11 y 15 km/h. Esta es precisamente la velocidad con la que un cuadrúpedo de un peso similar al nuestro pasaría del trote -tipo de marcha equiparable a la carrera humana- al galope, que sería su manera de esprintar. Es el caso, por ejemplo, del antílope, otro reputado atleta de la fauna africana.

Luis M. Ariza

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