Historia de un Premio Nobel: Henrik Dam y la vitamina K

A principios del siglo XX, un joven químico intentaba descubrir la causa de unas extrañas hemorragias en sus animales de laboratorio. Sin saberlo, se hallaba tras la pista de la vitamina K.

La vitamina K es una vitamina esencial para la coagulación de la sangre. Estudios recientes sugieren que puede jugar un papel importante en el tratamiento de la osteoporosis y el Alzheimer. Pero su descubrimiento se remonta a finales de la década de 1920 con las investigaciones de un bioquímico danés: Henrik Dam.

Hijo de un boticario y una maestra de escuela, Henrik Dam nació el 21 de febrero de 1895 en Copenhague. Estudió Química en el Instituto Politécnico de la misma ciudad y poco a poco fue especializándose en el área de la nutrición. En 1928 comenzó a estudiar el metabolismo del colesterol usando pollos alimentados con una dieta libre de grasas. Observó que estos animales podían sintetizar colesterol, pero también que algunos desarrollaban hemorragias internas de forma espontánea. Se trataba de lesiones similares a las encontradas en el escorbuto, por lo que añadió zumo de limón, rico en vitamina C, a la dieta. Ni este suplemento ni el de otras vitaminas conocidas por entonces (A y D) consiguieron revertir la situación.

Después de experimentar con una gran variedad de aditivos alimentarios, encontró que con un extracto de alfalfa se evitaban los sangrados. Esto llevó a Dam, en 1935, a la conclusión de que la alfalfa debe contener algo, aún desconocido, que hacía frente a las hemorragias y postuló la existencia de una nueva vitamina, soluble en grasas, a la que llamó “vitamina K”, del danés Koagulation.

Así funciona la vitamina K

Hoy se sabe que la coagulación de la sangre es el resultado de una serie de procesos que se producen tras una herida y que culminan con la formación de una fina capa de fibrina, que es el coágulo en sí. Este procede de la precipitación de moléculas de fibrinógeno, una proteína presenta en la sangre, tras reaccionar con otra proteína, la trombina, desarrollada, a su vez, a partir de protrombina, una sustancia formada en el hígado. Ahora se sabe que la vitamina K es esencial para la formación de protrombina y que su deficiencia conduce a una falta de la proteína y, por lo tanto, a una falta de trombina. Y como consecuencia, el fibrinógeno no podría formar la fibrina necesaria para la coagulación de la sangre.

Henrik Dam descubrió que la vitamina K no solo se encuentra en el reino vegetal, sino también en ciertos órganos de animales, especialmente en el hígado. También las bacterias del tracto intestinal son capaces de sintetizarla, siendo una de las formas de satisfacer al organismo de la necesidad de esta vitamina. Otra vía habitual es la ingesta de alimentos ricos en ella como son el brócoli, las coles de Bruselas, los pepinillos y los espárragos.

A partir del descubrimiento de la vitamina K, se hicieron grandes esfuerzos para determinar su naturaleza. El propio Dam preparó, a partir de alfalfa, un aceite con un alto contenido en la vitamina. Pero fue en Estados Unidos donde hubo una intensa carrera para resolver el enigma. En 1939, el ya mundialmente reconocido bioquímico Edward Doisy fue el primero en llegar a la meta. Junto con sus colaboradores, logró preparar dos vitaminas K puras diferentes: la K1 a partir de alfalfa y la K2, de harina de pescado. Ese mismo año consiguió elucidar sus estructuras químicas, resultando ser derivadas de la naftoquinona.

 

¿Para qué sirve la vitamina K?

La función bioquímica exacta de la vitamina K no se resolvió hasta finales de los setenta, sin embargo, su descubrimiento fue de vital importancia en dos áreas principalmente: en procedimientos quirúrgicos y en el tratamiento de los recién nacidos. Antes de la cirugía, los pacientes reciben la vitamina para ayudar en la coagulación de la sangre y reducir el riesgo de muerte por hemorragia. Por su parte, los recién nacidos nacen con deficiencia de vitamina K, cuya producción es inducida por unas bacterias beneficiosas que existen en el entorno y entran en el tracto intestinal de los lactantes. A las madres también se les inyectan vitamina K poco antes de dar a luz para asegurar que las cantidades adecuadas de la vitamina estarán en el sistema del neonato.

El descubrimiento de la vitamina K condujo a Dam a la primera plana del mundo científico. Un año más tarde viajó a Estados Unidos para participar en una serie de conferencias y durante su estancia la Alemania nazi invadió su país y no pudo volver. Mientras duró la Segunda Guerra Mundial, Dam trabajó en el Laboratorio de Biología Marina de Wood Hole, en la Universidad de Rochester y en el Instituto Rockefeller. Desde Copenhague lo nombraron catedrático de bioquímica, cargo que no pudo ocupar hasta el final de la contienda. También en este período, exactamente en 1943, Dam recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, galardón compartido con Doisy por sus trabajos en la investigación de la vitamina K.

Tras la liberación de Dinamarca, Dam regresó para seguir sus investigaciones y ocupar diferentes puestos, tales como jefe del departamento de bioquímica en el Instituto Politécnico de Copenhage o director del Instituto Público Danés de Investigación. Durante su carrera publicó más de 100 artículos, principalmente sobre la vitamina K, pero también sobre la vitamina E y el colesterol.

En la actualidad, se sigue investigando sobre la vitamina K. Parece ser que interviene en la homeostásis del calcio, en la inhibición de la calcificación de las paredes de los vasos sanguíneos, facilita la mineralización de los huesos y participa en la renovación de tejido y del control del crecimiento celular, entre otros numerosos efectos. Una vieja proteína en nuevas perspectivas.

Etiquetas: cienciadescubrimientospremios Nobelquímicasalud

Continúa leyendo

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS

También te puede interesar