Fernando Novas: "Llama la atención que los dinosaurios de la Patagonia sean tan descomunales"

A los once años de edad, descubrió los dinosaurios en los libros. Tiempo después, se lanzaría a buscar sus restos sobre el terreno. Fernando Novas, paleontólogo del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia de Buenos Aires, se ha especializado en encontrar gigantescos herbívoros, feroces predadores y parientes próximos de las aves. Y augura nuevos hallazgos dentro de esta mina de fósiles que es la Patagonia argentina.

entrev-304.gifDoctor en Ciencias Naturales de la Universidad de la Plata, becario de la National Geographic Society e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina, la ocupación de Fernando Novas es seguirle las huellas a las bestias de tiempos perdidos, aunque ello signifique desaparecer durante meses en los desolados paisajes de la Patagonia para rastrear cada centímetro cuadrado de roca barrida por el viento y calcinada por el sol. Sus descubrimientos pasados han sido excepcionales, pero palidecen al lado de su actual campo de trabajo. Este paleontólogo del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia de Buenos Aires habló con MUY acerca de lo que aún yace bajo la tierra del sur de Argentina, y sobre por qué esta región se ha convertido en uno de los principales lugares del mundo para rastrear huesos de dinosaurios y de otras criaturas prehistóricas.

-¿Qué es lo que hay bajo la Patagonia?
Los restos del Puertasaurus reuili.

-¿El Puertasaurus?
Sí. Es uno de los dos herbívoros más grandes descubiertos hasta el momento, junto con el Argentinosaurus. Un titanosaurio gigante, es decir, un dinosaurio de cuello largo. Los titanosaurios eran dinosaurios gigantescos. Y digo que el Puertasaurus yace aún bajo la superficie, porque hasta ahora sólo hemos encontrado cuatro vértebras. Pero extrapolando a partir del tamaño de una de ellas, este animal debía medir hasta 35 metros de largo. En cuanto al peso, podríamos estimarlo por comparaciones con el tamaño y el peso de los animales modernos, como los elefantes. En ese sentido, el Puertasaurus podría haber pesado hasta 100 toneladas. Sus huesos no eran huecos, como en otros dinosaurios.

-¿Se parecía al Argentinosaurus?
Las vértebras dorsales del Argentinosaurus miden 1,60 metros de altura y 1,30 de ancho, mientras que la primera vértebra de la espalda que hallamos del Puertasaurus -y que está completa-, es menos alta pero mide 1,68 de ancho. Tiene dos protuberancias que parecen alas, llamadas procesos transversos, donde articulaban las costillas del tórax. Esta vértebra dorsal es considerablemente más ancha que la de cualquier otro saurópodo conocido, lo cual significa que debía soportar no sólo músculos más grandes, sino que debajo alojaba los pulmones y otras vísceras de gran volumen.

-¿Cuáles son las otras tres vértebras que ha hallado del Puertasaurus?
La mayor parte de una cervical, que creemos es la número nueve, y el centro de dos vértebras de la cola. Es la primera vez que se ha hallado una vértebra cervical de un titanosaurio gigante, lo cual arroja nuevas luces sobre la anatomía del cuello de estos dinosaurios. Tiene muy inflada la espina neural, es decir la prominencia que ocupa el sector dorsal de la vértebra y que servía de anclaje a poderosos ligamentos y músculos encargados de elevar o hacer descender el cuello. En los titanosaurios más pequeños la espina neural tiene cierto grado de expansión, pero en este dinosaurio alcanza proporciones excepcionales.

-¿Dónde lo encontraron?
En el Cerro Los Hornos, provincia de Santa Cruz, en el sur de Argentina. La región está cerca del Lago Viedma, en las inmediaciones de un bosque petrificado. Y es una zona que nos está dando huesos gigantescos de estos animales.

-¿De dónde surge el nombre?
Fue en honor a Pablo Puerta y Santiago Reuil, los descubridores y preparadores de los huesos. Están entre las personas más capacitadas del país en este tipo de trabajo. Pablo es un verdadero sabueso de dinosaurios.

-¿Cómo se produjo el hallazgo?
Habíamos pasado varias veces por el mismo lugar camino del yacimiento, pero siempre caminábamos por el mismo lado. Un día Pablo resolvió bajar por el otro y exclamó: "¡ché, mirá lo que hay aquí!". Y resulta que por ahí asomaba la vértebra, debajo de un paredón de roca. Lo que se veía de ella era la parte de abajo, el cuerpo vertebral. Era como una rueda de tractor. Tuvimos que bajar seis metros de roca desde el tope hasta alcanzar el nivel con el hueso, que resultó ser la vértebra cervical número nueve. Hubo que hacer una gran excavación y sacar toda la columna de roca que había encima, y entonces pudimos acceder. También encontramos la vértebra dorsal, que estaba impecable, bien conservada dentro de la roca. La cervical estaba erosionada porque la descubrimos rota afuera, y obviamente el agua, con los deshielos, lo rompe todo. Entonces fuimos recolectando fragmentos de esa vértebra cervical y los pusimos en seis grandes cajas de madera. Al llegar al museo en Buenos Aires le dije a Santiago: "fíjate a ver qué podemos hacer con esa vértebra, porque si no tendremos que tirar estos cajones con huesos rotos". Eran 60 fragmentos del tamaño de un puño, y otros como láminas. Pero en una semana Santiago fue capaz de armar el rompecabezas.

-¿Qué sugieren estas vértebras en cuanto a la forma en que el Puertasaurus movía el cuello?
No estamos aún en condiciones de responder cómo eran los movimientos y posturas del cuello de estos animales. Lo que sí podemos decir es que se trata de vértebras mucho más anchas y bajas que las del resto de los dinosaurios saurópodos, como el Diplodocus de América del Norte o el Brachiosaurus, de África. Sobre la base de los materiales que tenemos podemos concluir que el Puertasaurus poseía un cuello muy robusto, mucho más que el de los dinosaurios que acabo de citar, y que estas proporciones son coherentes con su tórax, también muy ancho y con forma de barril.

-¿Qué edad tiene el Puertasaurus?
Aproximadamente 70 millones del años. Lo cual demuestra que los saurópodos gigantes de Sudamérica continuaron evolucionando hasta finales de la era mesozoica. Se suponía que estas enormes criaturas habían tenido sus días de gloria durante mediados del período cretácico, esto es, alrededor de 100 millones de años antes.

-Usted también es el descubridor del dinosaurio más cercano a las aves que se conoce.
Sí. Fue en enero de 1996. Lo bauticé con el nombre de Unenlagia, que quiere decir "mitad ave" en lengua mapuche. Sus caderas son una versión agrandada de las del diminuto Archaeopteryx, el ave más antigua conocida. El Unenlagia era del tamaño de un avestruz. Un pequeño dinosaurio terópodo similar a los velocirraptores, los mismos de la película Parque Jurásico. El Unenlagia tiene una mezcla de rasgos anatómicos intermedios entre los velocirraptores y las aves. Este hallazgo contribuye a conocer mejor su origen y el del vuelo. El elemento más interesante es su escápula, uno de los huesos del hombro: tal como ocurre en las aves actuales, la articulación para el húmero se orienta hacia fuera, en contraste con la mayoría de los dinosaurios, en los cuales dicha cavidad se orienta hacia atrás y hacia abajo. Esa disposición de la articulación del hombro implica que los brazos del Unenlagia no colgaban debajo del cuerpo, sino que se plegaban contra éste a la manera de las aves modernas y permitían ampliar el rango de elevación de la extremidad anterior.

-Es decir, podía batir los brazos, pero no podía volar...
Exactamente. Y ese batir de los brazos le ayudaba a aumentar su velocidad durante una persecución, a mantener el equilibrio y a controlar la orientación del cuerpo mientras corría y saltaba. Es muy probable que el Unenlagia tuviera el cuerpo cubierto de plumas: sería uno de los eslabones que condujeron evolutivamente desde los dinosaurios a las aves.

-¿Y qué hay de su descubrimiento de una especie de carnívoro enorme?
En 1998 descubrimos con Pablo Puerta un nuevo depredador, el Megaraptor namunhuaiquii, que en mapuche significa "gran raptor con pie de lanza". Encontramos una garra y algunos huesos del antebrazo y del pie, y calculamos que tenía unos ocho metros de longitud. El Megaraptor sólo se parece al Velociraptor en que sus nombres terminan igual, pero no pertenecen a la misma familia y están emparentados muy lejanamente: mientras el Velociraptor poseía una enorme garra en el dedo índice del pie, el Megaraptor carecía de esta adaptación, pero sus manos portaban enormes garras de hasta 40 centímetros, que muy probablemente usaban para cortar o abrir a sus presas.

-¿Cuál es el dinosaurio más grande jamás descubierto?
Hay una historia de otros hallazgos de trozos asombrosos de esqueletos que apuntan hacia criaturas colosales que han recibido nombres tales como Ultrasaurus y Seismosaurus. Pero puesto que los saurópodos probablemente seguían creciendo a lo largo de sus vidas, es posible que éstos sean versiones mayores de especies ya conocidas. Aún así, son de menor tamaño que el Puertasaurus y el Argentinosaurus.

-Más grandes que una ballena azul...
Definitivamente. Y por lo menos, casi igual de pesados.

-¿Cuál habría sido el tamaño del corazón del Puertasaurus teniendo en cuenta que el de una ballena azul es más o menos como el de un coche?
Pues por ahí, o incluso más grande, teniendo presente que debía bombear sangre hasta lo alto del largo cuello. El corazón de los dinosaurios tenía cuatro cámaras: dos aurículas y dos ventrículos, como el que poseen las aves actuales. Los cocodrilos también cuentan con una incipiente separación de la sangre venosa y arterial, lo que representaría un estadio evolutivo intermedio entre las aves y los reptiles vivientes, como lagartos y tortugas, por ejemplo, en los cuales sólo existen tres cavidades.

-¿Se ha hallado alguna vez un corazón de dinosaurio?
Sí, fue anunciado en la revista Science en 2000. Al dinosaurio lo apodaron "Willo". Es un dinosaurio ornistiquio cuyo nombre científico es Thescelosaurus, del cretácico de Norteamérica, hace 66 millones de años. Tenía el corazón petrificado dentro del tórax. Científicos de Carolina del Norte y Oregón usaron tecnologías médicas para reconstruir las estructuras tridimensionales del interior de ese corazón. Las imágenes revelaron un órgano que es más como el de un ave o un mamífero que el de un reptil. Esto sugiere que los dinosaurios tenían altas tasas metabólicas.

-¿Es que vamos a seguir hallando dinosaurios cada vez más grandes? ¿Cuál era el secreto de estos titanosaurios?
Algo raro pasaba en la estrategia de estos animales para poder adaptarse al clima de la época. Sin duda, hubo algo que recompensó cada paso hacia el gigantismo en el curso de la evolución de estos dinosaurios. Probablemente el gigantismo haya estado en función de cómo interactuaban críticas del año. Ahora bien, lo que sucede es que dar de comer a estos animales genera todo un problema, porque no vivían en una selva. Pero en las planicies del cono sur de África tampoco hay selvas, y ahí están los elefantes. El punto es que un animal de dimensiones gigantescas no requiere necesariamente plantas enormes. Todos los paleontólogos nos devanamos los sesos porque justamente ese tipo de plantas prehistóricas, como las araucarias, crecen muy lentamente. Entonces, si aparecía una con el medio ambiente, que no era una selva frondosa como a menudo se supone, sino áreas abiertas, sometidas a fuertes sequías estacionales. Las temperaturas del planeta eran más elevadas; por ejemplo, durante el mesozoico no existieron casquetes de hielo en los polos, y las disponibilidades de alimento y agua estaban controladas por esa estacionalidad que acabamos de citar. El gigantismo de muchos dinosaurios pudo ser reflejo de las altas temperaturas reinantes, igual que ocurre entre los reptiles actuales, cuyos mayores tamaños se registran en la franja ecuatorial, así como también las variaciones estacionales de agua y alimentos. El gran tamaño habría resultado beneficioso cuando fuera necesario efectuar grandes migraciones, y en el almacenamiento de energía para soportar las etapas manada de estos dinosaurios, se comían las araucarias hasta dejarlas peladas y después... ¿qué quedaba para comer? Es un rompecabezas.

-¿Por qué es tan especial la Patagonia para hallar fósiles de dinosaurios?
Quizá la razón es que, con la desaparición del puente terrestre que conectaba América del Norte y del Sur durante el período cretácico, los dinosaurios evolucionaron de forma aislada en cada continente. Pero hay hallazgos asombrosos en otras partes del planeta, por ejemplo en China y Estados Unidos. Sí, llama la atención que los descubiertos en la Patagonia sean tan descomunales, y lo interesante es que se repitan una y otra vez.

- ¿ Cuántas especies de dinosaurios se han descubierto en Argentina?
Hasta el momento se han documentado unas 60 especies pertenecientes a los principaes linajes de la evolución de los dinosaurios, es decir, saurópodos, terópodos y ornitisquios.

-¿Qué se siente cuando uno encuentra un dinosaurio?
A mí lo que me interesa descubrir son dinosaurios carnívoros. Soy especialista en ellos. Pero lo que sucede es que vas al campo y no sabes con qué te vas a encontrar. Cuando uno no encuentra nada, está muy mal de ánimo. Pero si no sabes lo que vas a hallar y aparece algo, entonces es una alegría enorme. Yo voy a buscar una cosa, pero la madre Tierra después te da otra, y eso es lo lindo.

-¿De dónde salió esa pasión suya por los "lagartos terribles"?
Cuando tenía 11 años y me topé en una librería con unos fascinantes libros de animales prehistóricos de los paleontólogos checos Zdenek y Burian. A partir de entonces avancé con mis estudios en el colegio y luego en la facultad, precisamente en el Museo de La Plata, donde conocí un fabuloso grupo de paleontólogos encabezado por el doctor Rosendo Pascual. También por aquella época tuve ocasión de encontrarme con el doctor José Bonaparte, el mayor especialista en dinosaurios de América del Sur y uno de los más renombrados del mundo, quien me orientó en mis investigaciones.

-¿Cuál ha sido el momento, si pudiera escoger uno, más satisfactorio o emocionante de su carrera como dinosauriólogo?
Cuando comprendí que frente a mis ojos tenía el esqueleto del Unenlagia, el eslabón perdido entre dinosaurios y aves que mencionamos antes. Esto no ocurrió durante la excavación, sino cinco meses después, cuando Pablo Puerta apareció con el esqueleto completamente preparado, es decir, con los huesos libres de roca, y pude articular los restos de la cadera sobre mi escritorio y darme cuenta allí de que lo que habíamos descubierto era una versión agrandada del Archaeopteryx. No lo podía creer. Aún sigo muy contento por el hallazgo.

-¿Su dinosaurio favorito?
El Carnotaurus sastrei, descubierto por José Bonaparte en el centro de la Patagonia. Combina una cabeza pequeña con cuernos similares a los de un toro y brazos más pequeños que los nuestros, pero en un animal de casi siete metros de largo. El Carnotaurus es un emblema de la evolución de los dinosaurios en los continentes australes. No se han hallado parientes suyos en América del Norte ni en Asia, por lo que representa un linaje que evolucionó en aislamiento en los continentes de Gondwana.

-¿Cree entonces que aún hay mucho por descubrir en Patagonia?
Por supuesto. Es un territorio inmenso que dará de comer a varias generaciones de futuros paleontólogos, riquísimo en fósiles y con una temática inagotable.

-¿Cuál es ese hallazgo que no me quiere contar aún?
Estamos estudiando los huesos de un nuevo raptor que se especializaba en cazar grandes dinosaurios, pero no puedo contar nada más por el momento. Eso será otra historia.

Ángela Posada-Swafford

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