Eugeni Velikhov: "La energía de fusión se comercializará hacia el 2030"


Velikhov llegó a la central nuclear de Chernobil poco después del accidente y allí estuvo en contacto con dosis de radiactividad hasta entonces desconocidas. Es uno de los más eminentes científicos rusos: dirige el Instituto Kurchatov de Moscú, es vicepresidente de la Academia de Ciencias Rusas y preside el ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor), uno de los principales proyectos científicos del mundo, con el que Rusia, Japón, Estados Unidos y la Unión Europea pretenden poner en marcha de forma conjunta la energía del futuro, la fusión, que es más simple, barata y limpia que la actual fisión de los reactores nucleares.

Ha pasado casi toda su vida investigando la fusión, tratando de reproducir en un reactor la energía de la que se nutre el Sol. Pero es algo más que un firme defensor de la fusión, esa que aprovecha la energía que se libera cuando se une un núcleo de deuterio con otro de tritio y que todavía está en fase de experimentación.

Gracias a él, que convenció a Gorbachov, Rusia está presente en el ITER, el proyecto internacional de fusión. En el instituto que él dirige en Moscú se investiga no sólo la nueva fusión, sino también la fisión, esa energía que conocemos como energía nuclear.


-¿Qué sintió la primera vez que vio el reactor de Chernobil después del accidente?
-Era como una guerra, una inesperada guerra. Nadie sabía qué hacer y era muy difícil hacer predicciones, y los gobernantes preguntaban cada hora qué iba a pasar. Necesitábamos realizar mediciones, pero no estábamos preparados, porque no había instrumentos para ello, nadie tenía instrumentos para trabajar dentro de un ambiente con un nivel tan alto de radiactividad.

-¿Era todo nuevo?
-Sí, aunque no completamente, porque mucha gente trabaja con radiaciones, pero generalmente fuera de la radiación. En ese caso, nosotros tuvimos que estar dentro. Nuestro equipo del Instituto Kurchatov fue el único que trabajó dentro del reactor desde el principio. Hacíamos un trabajo muy intensivo y lo cierto es que había altas dosis de radiación.

-¿Han tenido algún problema de salud?
-Algunos miembros del equipo han muerto por diferentes razones, pero sobre todo por las tensiones, como resultado de ataques al corazón y cosas similares, algo que no está directamente conectado con las radiaciones.

-¿Y a usted, después de haber estado tanto tiempo en Chernobil, no le ha pasado nada?
-Todavía no (se ríe). En cualquier caso, todas las personas estamos destinadas a morir. Y el principal problema es tener buena o mala salud hasta que llegue ese momento.

-Pero usted estuvo allí y la radiación, a largo plazo, puede producir multitud de enfermedades, especialmente las relacionadas con el cáncer. ¿No tiene miedo?
-Desde luego, intenté no hacer tonterías. Cualquier visita al reactor equivalía a recibir determinadas dosis. Y necesitábamos visitarlo para poder tomar decisiones.

-¿Llevaban ropas adecuadas?
-No eran de ninguna ayuda. La mayor parte de la radiación se encontraba en el polvo, y nosotros intentábamos no removerlo. Además, la radiación, especialmente la gamma, penetra en todo y la ropa no es de mucha ayuda. Lo que sí ayuda es un filtro para la respiración, porque uno de los problemas era la penetración de este polvo en los pulmones, pero usamos muy buenos filtros.

-¿Qué conclusiones sacó después de este accidente?
-Me convencí de la ridiculez de todas las discusiones sobre la guerra nuclear, porque es algo terrible. Rodeado de radiactividad, ése es un ambiente terrible para la gente normal. Además, nuestro sistema no estaba preparado.

-Antes de Chernobil, ¿podía imaginar un accidente nuclear de esas características?
-Nunca antes había trabajado con este tipo de energía. Aunque de alguna forma estaba preparado, porque ya había trabajado en el estudio de las consecuencias de una guerra nuclear mundial, especialmente sobre los efectos del llamado invierno nuclear y sobre la contaminación radiactiva. Estaba más o menos preparado y, debido a mi profesión, no sentía miedo porque tenía la posibilidad de juzgar por mí mismo qué dosis eran adecuadas.

-¿Tuvo la culpa del accidente el sistema soviético?
-La importancia del problema de Chernobil fue incrementada por el proceso de transición que se daba en la antigua Unión Soviética.

-Sin embargo, la ciencia rusa parece seguir teniendo graves problemas. El tráfico de plutonio, un material extremadamente peligroso, es uno de los ejemplos...
-El problema del plutonio no es ni un problema exclusivamente de la ciencia ni un problema exclusivamente de Rusia. No hay suficientes evidencias para establecer el origen del tráfico de plutonio.

-Pero es cierto que ha habido una pérdida de la capacidad de control de la seguridad en los laboratorios rusos...
-Antes el control era más estricto. Creo que éste no es un problema de Rusia, sino un problema internacional. Es necesario establecer alguna decisión internacional para controlar un material tan peligroso. Lo que sí  puedo asegurar es que en laboratorios como los del Instituto Kurchatov, que investigan con materiales radiactivos, se trabaja perfectamente, con unas condiciones de seguridad absolutas.

-Usted se ha pasado casi toda su vida trabajando en la fusión nuclear, de la cual se dice que es la energía del futuro. ¿Por qué?
-La fusión es una energía que no está limitada por los recursos, lo que es muy importante. Ahora, está limitada por el conocimiento, pues no sabemos lo suficiente para poder utilizarla todavía comercialmente.  Necesita mayores avances científicos, pero tiene un buen potencial  y, por supuesto, su principal ventaja es que es una energía limpia.


-Pero los ecologistas dicen que la fusión no es tan limpia como ustedes pretenden...
-No, claro; ellos prefieren recibir la energía, no sé, de las paredes... La gente necesita energía en todo momento. La que usamos hoy tiene diferentes orígenes -carbón, gasolina, solar, eólica, hidráulica, nuclear...- y en el futuro yo creo que, para satisfacer las demandas de la gente, seguirá siendo igual,  sólo que también existirá la fusión.

-¿Cuándo tendremos en nuestras casas energía producida por reactores de fusión?
-Es difícil hacer previsiones, pero yo creo que su implantación se hará dentro de unos cincuenta años. Pero para ello necesitamos demostrar la fusión, necesitamos tener experiencias de la producción. Por ahora, el ITER sólo ha demostrado la tecnología. Después, necesitaremos una planta experimental. Creo que la comercialización empezará en el año 2030. Al menos, existen posibilidades de que sea así, porque es el momento en que las reservas de gas natural empezarán a descender. Pero esto depende de lo que ocurra con el gas natural y con la humanidad en general.

Óscar Menéndez  

Esta entrevista fue publicada en diciembre de1995, en el número 175 de MUY Interesante

 


Etiquetas: ciencia

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