El cuidado de los bebés nos hizo más inteligentes

Al nacer prematuramente, las crías desvalidas de humanos exigen los desvelos de padres listos, afirma una nueva teoría.

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En el mundo animal, las crías de otras especies dan sopas con honda a las humanas, que ni siquiera pueden mantener firme la cabeza sobre los hombros. Quien haya visto el parto de una vaca u otro mamífero, habrá comprobado cuán rápidamente son capaces de valerse por sí mismos los recién nacidos.

Según una nueva e interesante teoría evolutiva, la inmadurez que caracteriza a las crías de Homo sapiens forma parte de una especie de círculo virtuoso que ha impulsado la inteligencia de nuestra estirpe: los voluminosos cerebros de los seres humanos fuerzan los partos prematuros, y la necesidad de cuidar de los bebés exige un sobreesfuerzo de las capacidades cognitivas de los progenitores.

O dicho de otro modo, los niños vienen al mundo antes de que su masa gris se haya formado del todo y dependen de padres listos que los críen y los protejan. Esta es la teoría de los neurocientíficos Steven Piantadosi y Celeste Kidd, de la Universidad de Rochester (Reino Unido), que han publicado sus conclusiones en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

“Hemos observado que el tiempo del destete –indicador de la inmadurez de las crías cuando nacen– predecía mucho mejor la inteligencia de los primates que otros factores, incluyendo el tamaño del cerebro”, ha explicado Piantadosi. La necesidad de cuidar bebés, sugieren los investigadores, explicaría por qué nuestra especie goza de capacidades intelectuales únicas como el razonamiento social o la llamada “teoría de la mente”, o sea, la habilidad de anticiparse a los deseos de los demás. Esto es crucial para atender a los niños, que no saben hablar hasta después de cumplir un año.

“Los dinosaurios, que sufrieron presiones ambientales muy similares, no disfrutaron de una superinteligencia como la de los primates porque maduraban en los huevos”, concluye Celeste Kidd.

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