El cambio climático no acabó con la Edad de Bronce

Hasta ahora, el brusco declive de la población que sufrió Europa hace unos 2.900 años era atribuido por muchos historiadores y arqueólogos a las inclemencias del tiempo: el clima se volvió más húmedo y frío, y eso habría repercutido negativamente en los cultivos y el ganado de los antiguos pobladores del Viejo Continente.

 

Pero de acuerdo con un estudio que acaba de publicarse en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, este “jinete del Apocalipsis” no fue el principal culpable de la debacle.

 

Los investigadores, pertenecientes a varias universidades del Reino Unido e Irlanda, analizaron 2.000 dataciones de radiocarbono, tomadas de cientos de yacimientos arqueológicos irlandeses, utilizando nuevos métodos estadísticos. Luego compararon los datos con evidencias del cambio climático que supuestamente afectó al noroeste de Europa entre los años 1200 y 500 antes de Cristo. Su conclusión es que hubo un descenso de la actividad humana a partir del 900 a. C., que se aceleró en torno al 800 a. C., pero el endurecimiento de las condiciones meteorológicas ocurrió dos generaciones más tarde.

 

Según Ian Armit, profesor de Arqueología de la Universidad de Bradford (Inglaterra) y director del estudio, la decadencia se debió más bien a las tensiones sociales y económicas provocadas por la llegada de la metalurgia del hierro. Esta innovación dio al traste con las estructuras jerárquicas establecidas para producir el bronce, ya que conseguir sus componentes (el cobre y el estaño) requería una organización compleja, dominada por una élite guerrera, y largos desplazamientos. De todos modos, el cambio climático probablemente ayudó luego a empeorar la situación.

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