El arte de los números a larga distancia

El arte de los números a larga distanciaLa aventura del robot Phoenix sobre la tundra ártica de Marte la están viviendo en carne propia los 30 ingenieros y programadores de la NASA que tienen la compleja tarea de escribir y probar entre 1.000 y 1.500 líneas de código de software cada día. El equipo ha de escribir larguísimas secuencias de códigos para hacer funcionar cada una de las partes del Phoenix, desde sus brazos robot hasta las cámaras, los hornos y los instrumentos de análisis de laboratorio. Equivóquese usted en un par de números y el brazo robot, por ejemplo, verterá la tierra en el terreno y no en los hornos analizadores. O confunda el orden de alguna cifra y la sonda se quedará allí paralizada durante horas, perdiendo un tiempo precioso.

Según el ingeniero de software del Jet Propulsion Laboratory Matthew Robinson, él y sus colegas deben escribir unas 20 ó 30 secuencias diarias, cada una de las cuales puede tener hasta 50 líneas de código. Y los códigos para los distintos instrumentos del Phoenix se superponen y se entrelazan por lo que no sólo hay que garantizar que las secuencias funcionen, sino que lo hagan en concierto. "La generación de estas secuencias de códigos es el desafío extremo para los programadores, que lo han de hacer a diario", dice Robinson. Los creadores del software del Phoenix usaron el lenguaje de programación "C" para crear un sistema de operaciones Linux.

Pero los problemas no sólo pueden ser generados en la sala de control de la misión. Por ejemplo, hace unos días un satélite que orbita sobre Marte para enviar datos de la Tierra al Phoenix recibió una gran dosis de radiación cósmica, lo que le obligó a ponerse automáticamente en "safe mode". El ingenio dejó de transmitir de forma temporal.

Los ingenieros sueñan con el día en que los robots interplanetarios sean capaces de tomar por lo menos algunas de las decisiones por sí mismos. Los brazos pueden ser las herramientas, pero si no tienen la "intención" de moverse, no sirven para mucho. Lo que se pretende lograr, que aparentemente es la meta para el año 2020, es que estos robots no necesiten el joystick, sino que el sistema tome su propio control y use sus propias herramientas para explorar. En otras palabras, robots inteligentes. En El Imperio Contraataca, la segunda entrega de la saga /i>La Guerra de las Galaxias, el Imperio enviaba robots voladores que sabían cuándo evitar una roca o una planta. Tenían la capacidad de reconocer los objetos interesantes y después decidir si ir a investigarlos. La programación de tales ingenios está dando sus primeros pasos en Caltech, concretamente se están desarrollando paquetes de software que usan imágenes fotográficas que permiten a los robots distinguir los colores, las formas, las texturas y los obstáculos. Fortalecido con esta capacidad, el software puede comenzar a calcular aquello que es anómalo. Es algo así como el niño que aprende que el triángulo rojo no va dentro del círculo azul.

Por Ángela Posada-Swafford

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