Desmond Morris: "A la hembra se la adoraba, no se la arrastraba por el pelo"

Sigue siendo uno de los zoólogos y etólogos más influyentes del panorama internacional. A él se debe el eslogan "iguales, pero diferentes" con el que se definen las dos vertientes de la sexualidad humana. Ahora, en su libro Masculino y femenino, recientemente publicado en España, continúa sus investigaciones sobre la naturaleza de ambos sexos, algo que inició en 1967 con su trabajo El mono desnudo.

-¿Qué es el ser humano?
-Un primate, un animal que un día se irguió y comenzó a caminar sobre dos patas y a desarrollar su cerebro convirtiéndose en el ser más extraordinario de este planeta. Es un animal que, casi siempre, prefiere considerarse un ángel caído y no un primate erguido.

-Pero ¿qué fue primero, caminar en posición vertical o el lenguaje?
-Nuestros ancestros descendieron primero de los árboles. Luego, con la caza en grupo, se desarrolló el cerebro y el lenguaje.

-Tras leer Masculino y femenino y El mono desnudo, una tiene la sensación de que han sido escritas desde un punto de vista excesivamente masculino...
-No estoy de acuerdo. No soy machista. Soy un observador del ser humano en su realidad cotidiana. Por otro lado, soy zoólogo y, en ambas obras, intento despojar al ser humano de su arrogancia para que sea consciente de su procedencia. Es la única forma de aportar algo de conocimiento sobre la especie.

-Sin embargo, al final de Masculino y femenino afirma que la mujer cuidará de los niños y trabajará, una función que el hombre no puede hacer.
-El hombre también puede realizar ese doble papel, como ya lo hacía en tiempos ancestrales. Observe a los pigmeos y verá que los hombres juegan con sus hijos cuando regresan de la caza. He escrito eso, porque las megalópolis actuales no permiten el desarrollo normal de los hombres. Trabajan en oficinas para llevar el bacon a casa. Pero es casi lo único que consiguen. Es un hábito nocivo difícil de cambiar.

-En sus obras explica que el comportamiento sexual de los seres humanos se desarrolló cuando descendimos de los árboles.
-En realidad fue entonces cuando los machos comenzaron a cazar en grupo y las hembras empezaron, también en grupo, a construir las casas, recolectar frutos y cuidar de las crías. Ellas dirigían la vida social y ellos aportaban los alimentos. Esta división del trabajo dio lugar, al cabo de millones de años, a que nuestros antepasados comenzaran a tener un comportamiento sexual diferente al del resto de los primates. El orgasmo es el fruto de estos cambios, también la necesidad de "hacer el amor" y no de copular como acto mecánico.

-¿Cómo está tan seguro de que las hembras no salían de caza. Hoy, por ejemplo, sabemos que el león no caza, lo hacen las leonas.
-Las leonas se ocupan de la caza, porque, al contrario que las humanas, sus crías crecen rápidamente. Las hembras humanas necesitaban los alimentos que traían los machos. Entonces, la muerte del macho no era tan desastrosa como la de la hembra, cuya presencia era necesaria para las crías. Por eso se la adoraba y divinizaba. Esa imagen del hombre primitivo arrastrándola por el pelo no tiene sentido.

-¿Será sustituido nuestro comportamiento sexual por el sexo en solitario, en auge desde la eclosión de las nuevas tecnologías?
-La vida en las grandes ciudades está cambiando nuestra forma de relacionarnos sexualmente. Hoy no es tan fácil encontrar una pareja estable y formar una familia. El trabajo en la oficina y la organización social, mayoritariamente en manos masculinas, aleja al hombre de su medio natural y le hace irascible.

-Es una realidad desoladora...
-Uno puede practicar el onanismo o sexo en solitario, por ejemplo a través de Internet. Me parece bien. Al menos los tímidos podrán sonreír y disfrutar del sexo. Pero es una segunda solución. La primera es siempre el contacto directo.

-Además de científico y escritor usted es un pintor y escultor. Su estilo ha sido calificado de surrealista. ¿Cómo prefiere soñar?
-Dormido y también despierto, pero sin drogas. Mi pintura es surrealista y lúdica. Miró fue un gran amigo. Hicimos exposiciones juntos y vino en varias ocasiones a mi casa. Hablábamos sobre los sueños y el juego. Teníamos interesantes charlas. Cuando yo sueño, lo hago a través de la imaginación. Por eso, cuando sueño, creo.

-Al cabo de los años, nuestra sociedad ha comprendido la importancia de las aportaciones de Freud. ¿Qué piensa que necesitamos ahora, con el nuevo siglo?
-Requerimos una mirada atenta hacia el hombre normal. Hemos estudiado mucho las anomalías y ha llegado el momento de mirarnos a nosotros mismos con mucha atención y desde una perspectiva global.

-¿Cómo podremos hacerlo?
-En este caso, la televisión, Internet y las nuevas tecnologías pueden ser útiles, porque a través de ellas podemos conocer otras formas de entender la realidad y de relacionarnos con ella.

-María Zambrano, una filósofa española, escribió que "una sociedad depende de la calidad de sus dioses". ¿Qué opina de la calidad de nuestros dioses?
-Es muy buena. Lo que predicaban Jesucristo, Buda o Mahoma era maravilloso. Pero sus lecciones han sido instrumentalizadas con el fin de confundir y manipular la bondad del ser humano.

-¿Piensa que si hubiera más sacerdotisas mejoraría la situación?
-Desde luego. Ya está sucediendo. Como he dicho antes, la mujer un día ocupó el centro de la actividad social. Un papel cruelmente arrebatado por el hombre. En la antigüedad, se adoraba a la mujer, a la Tierra, a la fertilidad. Hubo un tiempo en el que el gran Dios era Diosa, pero fue sustituido por el Dios Padre. En la isla de Malta vi cómo hombres muy machistas adoraban más a la Virgen María, a la Gran Madre, que al Dios Padre. Se lo dije, pero no lo reconocieron.

-Usted diseña amuletos protectores. Parece contradictorio que un científico haga este tipo de joyas. ¿Realmente cree en su poder?
-Claro que no. Pero creo en el poder del que los lleva. Está demostrado que si usted piensa que un objeto le va a proteger y a ayudar, crecen sus defensas y su energía fluye más armónicamente cuando lo lleva. Todo está en nuestro interior.

-Según ha señalado, el aumento de la natalidad es un grave problema que puede acabar con el resto de las especies y tornar el planeta en una inmensa urbe. ¿Qué soluciones contempla?
-Las epidemias. En las ciudades es más fácil contagiarse. Las enfermedades pueden corregir algo el constante crecimiento de la natalidad. Es terrible lo que digo, pero es cierto. El sida es ejemplo de ello.

-¿Es el aborto otra solución?
-No me parece la mejor opción. Tenemos anticonceptivos y se pueden elaborar políticas de natalidad, como en China. Lo ideal, sin embargo, sería que cada pareja no tenga más de dos hijos. De este modo, padre y madre quedan sustituidos por otros dos seres y el nivel de crecimiento se mantiene estable. Pero esto, que parece sencillo, es casi imposible que suceda en países dominados por religiones fundamentalistas, que aplauden las familias numerosas aunque vivan en la miseria. El Vaticano tampoco toma cartas en el asunto. Esto es tremendo porque no considera el gran daño que supone para la supervivencia de la especie humana.

-Como salidas a una guerra catastrófica usted contempla la conquista de otros planetas, mutaciones genéticas en el ser humano que lo hagan más razonable o el advenimiento de un nuevo plano de existencia. ¿Piensa seriamente en estas posibilidades?
-Sí, pero no sé si tendremos tiempo. Se puede generar un nuevo plano de existencia a partir de la influencia del progreso, que es capaz de cambiar nuestras vidas. Si nuestros tatarabuelos, que viajaban a caballo, levantaran la cabeza y vieran los modernos aviones, les parecerían cosa de magia. Probablemente, si pudiésemos ver los avances del año 2500, sentiríamos el mismo asombro. El ser humano, gracias a su curiosidad y capacidad de exploración, puede buscar soluciones.

-Pero, ¿llegaremos a tiempo?
-No lo sé. Lo único que sé con certeza es que ahora podemos reconstruir las ciudades y hacerlas más humanas. También podemos reconstruir nuestros hábitos. Son precisamente los cambios de comportamiento los grandes retos que espero que podamos conseguir.
Juana Vera


Esta entrevista fue publicada en marzo de 2001, en el número 238 de MUY Interesante.

Etiquetas: biología

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