Desde la Antártida: Un día entre probetas

8-dic8 de diciembre. Hoy fue una jornada de laboratorio. ¡Vaya día! Anduve con un par de guantes de caucho demasiado grandes y una bata blanca demasiado pequeña. Y así, blandiendo una pipeta en una mano y un tubo de ensayo en la otra, me dediqué a la tarea de medir la concentración de nitrato en el agua que recolectamos ayer de varios puntos en el archipiélago.

La razón: el nitrato (nitrógeno) es consumido por el plancton vegetal, que produce clorofila y se convierte en la comida del krill, que a su vez es lo que consumen todos los animales aquí. Se dice en la jerga científica que el nitrato es el elemento "limitante" del crecimiento del plancton vegetal, porque es lo que estos pequeños vegetales necesitan para crecer.

De aquí al final del viaje mediremos esta variable cada dos ó tres días. Supuestamente deberíamos ver que, al disminuir el nitrato, aumenta la clorofila. Eso significa que el mar antártico, durante el verano, se vuelve más productivo porque hay más luz y calor del sol. Pero como el objetivo de los Estudios Ecológicos a Largo Plazo (LTER) que se hacen en Palmer es manipular el ambiente en pequeñas cantidades para ver qué sucede (en este caso botellas de agua), mañana lo que haremos será añadir más nitrato a las muestras, para estudiar lo que sucede. En otras palabras queremos replicar en la botella lo que ocurriría si de pronto en el mar hay muchísimo fitoplancton o muy poco (algo que podría suceder como consecuencia del cambio climático). Esta es la manera de aprender cómo funciona la naturaleza. Luego haremos otros experimentos más audaces: añadiremos hierro (que es un nutriente) a otras muestras de agua, y nos sentaremos a ver lo que pasa. Y finalmente incluiremos krill, para ver qué efectos tienen los pequeños "camarones" en su agua manipulada, o viceversa.

Pero si algo he aprendido en esta sesión de laboratorio antártico es que, en este trabajo, cada paso lo pone a uno en peligro de cometer un error que arruinaría todos los resultados de ahí en adelante. Por ejemplo, medir las pequeñísimas cantidades de líquidos y polvos reactivos. Si uno se pasa o se queda corto en un picogramo, si la pipeta se llena de burbujas de aire, si en el cuaderno de notas uno anota un 0 en lugar de un 6, todo se va al traste; y lo peor es que uno no se da cuenta sino al final. El trabajo de laboratorio es delicado y requiere precisión y paciencia... Dos elementos que a veces me faltan.

Mañana aprenderemos a medir la concentración de clorofila que hay en el agua de nuestras botellas. Pero lo más divertido es que iremos a cazar krill. Y eso es más fácil decirlo que hacerlo...

Ángela Posada-Swafford



Para más información Sigue el periplo de Ángela en "Desde la Antártida"

Etiquetas: química

Continúa leyendo

COMENTARIOS

También te puede interesar