Desde la Antártida: Trabajando en el hielo

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10 de diciembre de 2009. Hoy está nevando con fuerza. Hace un año, en lugar de nevar, llovía a cántaros por aquí. Me quedo con la nieve. Los témpanos en la bahía se han cubierto de una escarcha como azúcar en polvo, y el mar tenía una capa de hielo picado blanco y verde que crujía con un canto cristalino cuando el agua se mecía debajo. La visibilidad se redujo hasta apenas un centenar de metros. Y aún así, salimos a tomar muestras de agua con Maggie Waldron, del Marine Biological Laboratory. Dos veces por semana Maggie debe recolectar agua en un aparato similar a una botella Nansen (un invento ampliamente usado en oceanografía que consiste en un tubo con resortes y tapas que funcionan mecánicamente con una pesa) a cinco profundidades distintas (entre los 0 y los 50 metros), siempre en las dos mismas localizaciones (que bautizamos prosaicamente como B y E).

"Se trata de ver qué sucede con los microorganismos, por ejemplo las bacterias, de estos lugares, a medida que va progresando el verano", dice Waldron. "Al regresar al laboratorio los procesamos inmediatamente antes de que cambien demasiado sus condiciones ambientales entre las botellas".

La zodiac para esta tarea es más grande que los demás. Tiene una pequeña grúa, y está impulsado por un motor de 70 caballos de fuerza, lo que le permite pasar por encima de los trozos de hielo picado con más facilidad que los otros botes, para los cuales el hielo es un verdadero campo minado. Trabajar en medio del mar, bajo la nieve y a -1 ºC es difícil si uno tiene que manipular, por ejemplo, la cámara de fotos, la videograbadora y la grabadora. Meter y sacar todo aquello de la "bolsa seca", en medio de las olas y el viento, es un reto divertidísimo. En cambio, la tarea mantener limpias las lentes de todas las cámaras durante la nevada no se la deseo a nadie. Especialmente cuando aparece el primer témpano con un pasajero a bordo. En el caso de hoy, fue un pingüino adelia, que nos miró sobresaltado primero y ofendido después, echándose al agua a la carrera.

Los otros dos científicos a los que acompaño esta mañana son Alex Kahl y Brian Gaas, de la Universidad Rutgers. Ellos están recolectando información acerca de la cantidad y calidad de luz que recibe el plancton vegetal en estas aguas. Estas algas fotosintéticas son la base de toda la cadena de vida marina, comenzando por las bacterias. A diferencia de las botellas de Maggie, Alex y Brian están desplegando dos aparatos llenos de sensores para detectar en qué medida las partículas que flotan en la columna de agua absorben la luz del sol, y cuánto la reflejan, entre la superficie y los 100 metros de profundidad. Además de cuantificar la salinidad y la temperatura. Esos parámetros se estudiarán en conjunto con todo lo demás: la cantidad de plancton animal y vegetal en el agua, el estado de salud del krill y las bacterias, y la dieta de los pingüinos. La información también ayuda a interpretar los datos que los satélites han recogido sobre la Antártida occidental.

?Puesto que este es un medio ambiente tan hostil, la cadena de vida aquí en la Antártida es un poco menos compleja en los altos niveles de organismos?, dice Kahl. La gran diferencia entre esta cadena alimenticia de la Antártida y la de los mares no polares es la energía que "se pone" en el sistema. El fitoplancton (o plancton vegetal, que es la comida del krill) sólo puede introducir biomasa (es decir, energía) en el sistema cuando hay luz suficiente, es decir, durante el verano austral. ?Y esto significa que en el verano se produce un enorme cambio en la energía que entra en la cadena alimenticia?, matiza.

Esto lleva a pensar en la variabilidad del hielo que se forma sobre el mar. Esta variabilidad es crucial tanto para el krill, que se alimenta del plancton vegetal, como para los pingüinos adelia, que se alimentan del krill que depende del hielo. Adicionalmente, los adelia buscan alimento en el borde del hielo marino. Pero si el hielo marino continúa replegándose hacia el sur, no habrá suficiente luz durante el invierno al borde del hielo marino para permitir el crecimiento de algas (plancton vegetal), "lo cual dejaría tanto al krill como a los adelias en la oscuridad, hablando claro".

A propósito de la conferencia de Copenhague que termina la semana próxima, Kahl dice que espera que China y Estados Unidos se pongan de acuerdo y encabecen un cambio que ofrezca incentivos para apartarse de las fuentes de energía basadas en carbono. "Si podemos lograr que las mayores fuerzas de la economía global comiencen a hacer cambios incrementales que nos aparten del status quo, eso significaría una diferencia gigante. No creo que vaya a suceder, pero uno siempre mantiene la esperanza".

El regreso a casita nos sorprendió con mares calmos y un jardín de icebergs que casi nos bloquea el paso hacia el muelle. Uno de ellos tenía su propia piscina interior.


Ángela Posada-Swafford



Para más información Sigue el periplo de Ángela en "Desde la Antártida"

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