Desde la Antártida: Los preparativos

angela antartida exploracion expedicionTres años después una inolvidable visita al Polo Sur geográfico, invitada por la National Science Foundation, regreso a la Antártida como reportera de Muy Interesante. Esta vez no me voy a internar en medio del continente, sino que me quedo cerca de la costa. Allí donde viven los témpanos color menta y los pingüinos juegan a resbalarse sobre sus redondos estómagos. El 20 de noviembre me embarco rumbo a la Península Antártica, ese "brazo" que parece que intenta tocar al continente suramericano. Y todo porque he tenido la fortuna de ser elegida como "la becaria polar" del Marine Biological Laboratory,un venerable centro de estudios ambientales y marinos localizado en Cape Cod, Massachusetts.

Pero antes de poner un pie en "el frío", para comenzar a usar la jerga antártica, había que someterse a una lista de exámenes médicos que rivalizaba en complejidad con los que debe pasar un astronauta antes de una misión. Y también los dientes, de los que pedían una placa original de rayos X. "¿Supongo que es para asegurarse de que no nos vaya a doler una muela?" le pregunté al médico. "En realidad", comentó después un veterano piloto de helicóptero con tono casual, es "para poderlos reconocer..."

Gulp. La frase mató cualquier duda sobre el hecho que Antártida es el sitio más frío, ventoso, seco, aislado, peligroso y hostil del planeta. Allí abajo, un accidente aéreo, un caso de hipotermia o deshidratación, o quedar paralizados indefinidamente sobre un glaciar, bajo una grieta, o en un zodiac, son posibilidades bastante reales. Y  entonces, mientras se está parado en medio de una ventisca apoteósica donde segundos antes había reinado el sol más esplendoroso, es cuando se entiende que un organismo con cualquier mínimo problema de salud está bajo un riesgo en potencia.

La empresa que se encarga de toda la logística antártica estadounidense se llama Raytheon Polar Services. Su razón de ser es prestarle al Programa Antártico todo el apoyo necesario para realizar la imponente tarea de suplir en todos los sentidos sus bases de investigaciones, y organizar, vestir, alimentar, transportar y cuidar al personal que acude en verano -e invierno- a arrancarle al polo sus secretos.

preparativos-antartidaRaytheon se lo toma muy en serio. Lo primero que llegó por correo electrónico, ocho meses antes del antarctic deployment (la palabra me hace sentir a punto de ser lanzada sobre Iraq en paracaídas), es un mensaje que dice: "Anexa encontrará su lista de chequeo médico y dental personalizado para comenzar su proceso de Cualificación Física para Despliegue Antártico". La lista incluye el acceso a varios websites en busca de formularios PDF para rellenar. Hay que imprimir una carta detallada para el dentista y otra para el médico general. Completar un historial médico de 20 páginas. Vacunas varias. Placas dentales completas, originales. Examen de ojos, de cánceres varios, de tiroides, de colesterol, de orina y azúcar, panel de lípidos. Si eres propenso a las bronquitis, placa de rayos X del pecho.

A medida que uno se va haciendo todas las pruebas y las manda a Raytheon, inevitablemente llegan los correos electrónicos haciendo más preguntas que nos dejan en suspenso, como esperando ver las notas del examen final en la pared de la clase. Y esta es la parte fácil. Porque si alguien quiere quedarse allí abajo durante el invierno, en medio de la noche polar eterna, a todo esto habría que sumar los exámenes psiquiátricos. Raytheon no quiere zombies en el hielo.

Tienen razón en cuidarnos a todos. No existe mayor aislamiento y sensación de orfandad que enfermar en el polo, a miles de millas por hielo, mar y aire del hospital completo más cercano. En 2006, cuando estuve expuesta al mucho más amargo frío polar de los 90 grados de latitud sur, mi tiroides se quejó. Yo no lo sentí durante el viaje, afortunadamente. Pero cuando regresé a casa, mis exámenes indicaron que había sido víctima del "Síndrome Polar de la hormona T-4". Básicamente, eso significa que los -45º C me congelaron temporalmente la acción de la tiroides. Es algo que los médicos antárticos estudian con mucho interés.

Lo mejor de todo es que ahora, tres semanas antes de la ansiada expedición, ya puedo anunciar que estoy como un coche recién salido del garaje: ¡todas las piezas funcionan bien!

Ángela Posada-Swafford

Etiquetas: salud

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