Desde la Antártida: ¿Por qué la península se calienta más?

ciencia-zodiac300Lunes 30 de noviembre de 2009. Después del "cuasi-anochecer" más espectacular que he visto en mi vida, y que bauticé como "incendio en el hielo", el lunes 30 amaneció bastante ventoso y algo gris. Y eso no ayudó con la actividad de la mañana: clase de seguridad marina en la Zodiac, en el agua, para practicar maniobras de auto-rescate y rescate, atraque en islas, supervivencia a la hipotermia, reparación de emergencia del motor, campamento de urgencia, y todas esas cosas que en un momento dado te pueden salvar la vida en un lugar tan abrumadoramente hostil y extremo como es la Antártida. El entrenamiento da confianza en uno mismo y el instructor, John Fonseca, hijo de portugueses, es una interesantísima persona que divide su tiempo entre Palmer y los cruceros de National Geographic (esos que cuestan 20.000 dólares por pasajero).

La Estación Palmer no tiene carreteras ni pistas aéreas para comunicarse con el mundo. Sólo cuenta con el mar. Y sólo tiene botes de caucho inflable marca Zodiac (un total de 5), ya que este material es mil veces más resistente a los cortes del hielo que el casco de fibra de vidrio de otros botes parecidos.

La tarde fue más prosaica, dentro del inmaculado laboratorio, aprendiendo a preparar mezclas de polvos reactivos para medir la concentración de nitrógeno en varias muestras de agua que Alex, uno de los biólogos, recogió para nosotros en ciertos puntos clave. Esa misma operación la deberemos hacer varias veces por semana: sacar el bote (ahora que ya tenemos la "licencia" para hacerlo nosotros solos), ir varias millas mar afuera (acompañando a ballenas y focas leopardo), recoger agua y analizarla.

Amplificación polar

La aislada comunidad biológica de la Península Antártica y sus aguas costeras evolucionaron dentro de un clima polar, que durante milenios permaneció relativamente estable. Este sector (la parte occidental de la Península Antártica) cae abruptamente de 700 a 3.000 metros de profundidad, y es allí donde la Corriente Circumpolar Antártica sube hacia la superficie e inunda la repisa continental, trayendo gigantescas cantidades de nutrientes, lo mismo que sucede frente a las costas de Chile y Perú.

La corriente circumpolar recibe el agua caliente de los demás océanos, transfiriendo este calor a las aguas de la Península Antártica. Y es aquí donde comienza la cadena: el agua derrite el hielo que hay sobre su superficie. El hielo es blanco, y este color refleja hacia la atmósfera el 80% de los rayos del sol, evitando que recalienten al planeta. Pero al no haber tanto hielo sobre el mar, el agua absorbe el calor del sol y derrite más hielo, que a su vez calienta más el agua, y el ciclo se refuerza. Es lo que los expertos llaman "amplificación polar".

La Península Antártida se ha calentado 6ºC en los inviernos desde 1950. Eso es una barbaridad. De continuar esta tendencia, la temperatura promedio invernal se elevaría por encima del punto de congelación del agua de mar para mediados de este siglo. Después de eso, ya no se formaría una capa de hielo en el mar, lo cual conllevaría a un cambio en el régimen del ecosistema. Durante el siglo pasado la capa de hielo marino de la Península Antártica disminuyó un 40%, y la duración anual en promedio del hielo sobre el mar se ha acortado en 80 días. Los glaciares, como el Marr, situado detrás de la Estación Palmer, están en pleno retroceso. El hielo glacial no se forma a partir de agua de mar sino de precipitación acumulada sobre la tierra, que eventualmente forma repisas planas de hielo, algunas del tamaño de países. Durante los últimos 50 años se han perdido ocho repisas de hielo, por ejemplo la famosa Larsen, una mole de cientos de metros de altura que desapareció en cuestión de meses.


Ángela Posada-Swafford



Para más información Sigue el periplo de Ángela en "Desde la Antártida"

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