Desde la Antártida: El alcalde de Palmer

palmer-aireComo director de la estación de investigaciones Palmer, Robert Farrell es el alcalde de una pequeña ciudad remota de 40 o menos personas, en la que todos dependen de todos. La dinámica de trabajo en Palmer es como una maquinaria bien engrasada en la que cada persona tiene una responsabilidad exacta, que cumple a rajatabla. La dinámica social es como la de una familia donde los hermanos se llevan muy bien. Por lo general cuando algo va mal la misma comunidad se encarga de autorregularse, con una mínima participación de Farrell.

"El tema más repetido es el alcohol, lo cual es natural porque es una forma de divertirse", dice Farrell en su oficina, que es parecida a cualquiera otra oficina del mundo hasta que él levanta la persiana para mostrar el glaciar a nuestras espaldas. Definitivamente este no es un lugar de trabajo cualquiera. "El 99 por ciento de la gente es responsable en ese sentido, pero en las comunidades grandes la gente tiende a ir más lejos; en lugares pequeños como éste, los mismos compañeros le ayudan a una persona a reconocer que está quedando mal al pasarse de copas".

Farrell es un veterano de la Antártida. Lleva 17 años viniendo aquí a trabajar, primero en la estación Amundsen-Scott, en el polo sur geográfico, y luego en McMurdo. Pero entonces descubrió la Estación Palmer, y rápidamente se convirtió en su favorita. Lleva cinco años como director, viniendo a pasar un mínimo de 6 meses. Después le releva otra codirectora, ya que la National Science Foundation dispuso que Palmer, al igual que McMurdo y Amundsen-Scott, deben estar abiertas todo el año.

"No todo el mundo está hecho para este trabajo", dice Farrell. "Son muchos meses lejos de la familia. Tienes que ser adaptable, comunicativo, flexible,.... No debes estar pensando todo el tiempo en lo que no tienes, en la novia, en la falta que te hace. Hay que aprender a gozar del trabajo, del entorno, de la comida. Por eso la comida es tan buena en Palmer: es algo que está diseñado para mantener en buen estado la moral de la gente, lo mismo que en los submarinos". Tanto, que Stacie Murray, la chef principal (son dos), se graduó en el Cordon Bleu en Paris. Las cenas de Palmer varían desde sopa de cebolla a la francesa, las tortas tatins de manzana y las carnes de alto vuelo, hasta la comida nostálgica de las regiones de origen de los ciudadanos de Palmer. Aprenderlas es parte del trabajo de las dos chefs.

Farrell también tiene que saber caminar esa delgada línea entre su posición como director y su actitud como camarada de la gente. "Si estás siempre en la oficina, tiendes a perderte de lo que está pasando y corres el riesgo de que te perciban como inaccesible. Pero si te pasas demasiado tiempo siendo camarada y tomando cervezas en el bar, entonces no eres efectivo. Además, hay que dejar que la gente se sienta a su anchas, sin tenerte encima todo el tiempo".

Sus otros deberes incluyen el mantenimiento general de las instalaciones, y el manejo del presupuesto, que incluyó la decisión de repintar las paredes del comedor. Cuando me la preguntaron, di mi opinión sobre el color, que fue aceptada, y ahora puedo decir que dejé una pequeña contribución en Palmer. "En la estación nos gastamos unos 2.5 millones de dólares al año y el total destinado a la Antártida son 450 millones. Eso incluye todo: salarios del personal, seguros, logística de barcos, aviones, helicópteros, combustible (aquí usamos 100.000 galones anuales para los generadores y las zodiacs), comida, etc. Todo. Es apenas una pequeña parte del presupuesto de la NSF, de más o menos 6 mil millones anuales. Y a cambio de eso el Programa Antártico entrega ciencia de la más alta calidad".

Acerca del invierno en la latitud 64 Sur, Farrell dice que es alucinantemente bello. ?Sólo hay unas cuatro horas de luz, pero qué luz más extraña y espectacular. Todo es de un azul lechoso, y los témpanos brillan como si tuvieran bombillas interiores. El problema es que la gente tiene mucho menos tiempo para irse a pasear en bote, y si el domingo, que es el día libre, hace mal tiempo, pues no hay forma de asomar las narices. Pero a mí me encanta esa época porque uno se recoge, escribe, lee y ve buenas películas?.

El 21 de julio es el solsticio de invierno (el día más corto de las regiones australes), y siempre ha sido un día señalado en el calendario antártico. ?Desde la época de Shackleton y Scott, todos los exploradores de este continente han celebrado este día que marca la mitad del invierno, y que significa más para nosotros que la Navidad. Entonces intercambiamos tarjetas de saludos y regalos especiales con las demás estaciones, incluso la Casa Blanca nos manda mensajes de buenos deseos?.

La otra parte del trabajo de Farrell consiste en ser el embajador antártico ante los buques de crucero que visitan el Archipiélago Palmer. ?Cuando llega el verano a veces tenemos hasta 2 y 3 cruceros por semana, y eso es la locura porque cada vez tengo que subir a bordo con una pequeña delegación y hacerles una presentación sobre Palmer y la ciencia que llevamos a cabo aquí. Luego damos recorridos de la estación. Lo interesante es que uno nunca sabe quién viene a bordo. Hace un mes tuvimos a Neil Armstrong y en enero viene Buzz Aldrin. Muchas veces son directores de empresas multinacionales, políticos, gente de todo el mundo. Me gusta mucho mostrarles la ciencia que hacemos aquí?.

Ángela Posada-Swafford

Etiquetas: investigación

Continúa leyendo

COMENTARIOS

También te puede interesar