Desde la Antártida: con 16 kilos de ropa a cuestas

ropa-polarYa estoy temiendo tener que enfrentarme a mi vestimenta polar... Verán por qué. Hace tres años, cuando estuve en el Polo Sur Geográfico y en la estación McMurdo, la experiencia fue poco menos que alucinante. Entonces acudí juiciosa a recibir los 16 kilos de ropa y equipos polares que me esperaban embutidos dentro de dos intimidantes bolsas anaranjadas en la base aérea de Christchurch, Nueva Zelanda. Esta última es la puerta de entrada a la base de McMurdo, que a su vez es la vía de entrada al Polo Sur, como Chile y Argentina lo son a la Península Antártica.

Pues para ponerse el equipo de frío extremo ECW (siglas de Extreme Cold Weather) había que recibir un curso de física. Cada par de pantalones, cada camisa térmica, camisita, camisona, chaqueta, cortavientos, medias, guantes (4 pares) y gorros (que hacen sentirse a un modelo sueco como el bobo del pueblo) tenían su orden específico y etiqueta de postura. Colóquese usted la cuestión en el orden equivocado y podría estar cultivando una gangrena en alguna parte de su anatomía.

Había que comenzar con un delgado pijama térmico. Luego, pantalones de lana sintética y una segunda capa de dulce abrigo. En situaciones de frío extremo no se puede usar lana natural porque atrapa el sudor y no deja respirar al cuerpo. Encima de eso, un overol de esquiador, coronado con una chamarra negra de lana sintética. Para entonces, sentarse en un banco plantea una dificultad equivalente a doblar una naranja. Y aún no habíamos terminado.

Los tres puntos culminantes fueron la big red parka, una chaqueta con no menos de 10 centímetros de plumas de ganso canadiense; unos mitones de pelo de foca que a los de manos pequeñas nos llegaban hasta los hombros; y las bunny boots, botas-ladrillo de caucho blanco encaramadas sobre un colchón de aire para aislar los pies del hielo. Las botas tenían unas válvulas que había que abrir al entrar a los aviones, para que no reventaran con los cambios de presión. Valor total del equipo: 3.000 dólares. Cada prenda debidamente marcada Property of the US Government, y había que devolverlo todo al regresar a Nueva Zelanda, salvo el vistoso escudo en tela del programa.

Una cosa era ponerse la ropa. Otra, caminar con la parafernalia encima. Era como acarrear un muerto. Y había que ponérsela para abordar el formidable C-17 camino a McMurdo: si el avión tuviese que aterrizar en mitad del hielo, tendríamos puesto el equipo de supervivencia, y el resto en la bolsa naranja. Y bien, así tuve que pasar dos semanas en "el hielo": acarreando la casa a cuestas como un caracol. ¿Alguna vez han visto una granada de mano? Así me sentía yo.

Vamos a ver lo que nos depara el más cálido pero mucho más húmedo medio ambiente en la Palmer Station.

Ángela Posada-Swafford



Para más información Sigue el periplo de Ángela en "Desde la Antártida"

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