Descubren una molécula esencial para la vida en el centro de la Vía Láctea

Es la primera vez en la historia que se detecta. Se trata de una molécula orgánica quiral compleja.

Un equipo de científicos internacionales ha hecho un hallazgo sorprendente: han descubierto una molécula esencial para la vida en el corazón de nuestra galaxia.

 

Los misterios de la biología molecular

 

La molécula en cuestión es óxido de propileno y ha sido localizada en las zonas frías y exteriores de una nube de gas y polvo conocida como Sagitario B2, que supera, aproximadamente, en tres millones la masa del Sol y se encuentra muy cerca del centro de la Vía Láctea. Al igual que otras moléculas quirales, puede presentar dos formas especulares, con propiedades distintas como si de un par de manos humanas se tratara.

 

Es la primera molécula que es “zurda” y “diestra” al mismo tiempo, una molécula quiral

Así, pueden ser diestras (destrógiras) o zurdas (levógiras); es lo que denominamos quiralidad. Sin idénticas pero no superponibles (tienen, por ejemplo, el mismo punto de ebullición y de fusión). Y la vida en la Tierra está formada por grupos de este tipo de moléculas.

 

Este hallazgo abre la puerta a la comprensión de algunas características fundamentales que explican la vida en la Tierra

Este descubrimiento ayudará, por tanto, a resolver uno de los grandes misterios de la biología molecular: cómo ocurrió que todos los seres vivos utilizaran moléculas de una sola variante y despreciaran al otro.

 

Jamás se había descubierto una molécula quiral en el espacio. Hasta ahora. “Esta es la primera molécula detectada en el espacio interestelar que tiene la propiedad de la quiralidad, por lo que es un salto pionero en nuestra comprensión de cómo las moléculas prebióticas se hacen en el Universo y de los efectos que pueden tener sobre los orígenes de la vida”, afirma Brett McGuire, químico del Observatorio Nacional de Radioastronomía en Charlottesville (EE.UU.) a la revista Science.

 

La presencia de óxido de propileno en el espacio, a pesar de no encontrarse en los organismos vivos, es una señal de la existencia de otras moléculas quirales: “Si bien la técnica que utilizamos no nos dice acerca de la abundancia de cada enantiómero, esperamos que este trabajo permita futuras observaciones que nos hagan comprender mucho más acerca de las moléculas quirales, los orígenes de la homoquiralidad y de la vida en general”, aclara Brandon Carroll, coautor del trabajo.

 

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