Descifrado el genoma del celacanto, un fósil viviente

Un equipo internacional de investigadores ha descifrado el genoma de una criatura cuya historia evolutiva es a la vez enigmática y esclarecedora: el celacanto africano. Este habitante de cuevas marinas, que mide 1,5 metros de largo, se creía extinguido hasta que en 1938 se encontró un ejemplar vivo frente a las costas de África.

Desde entonces, los científicos no han parado de hacerse preguntas sobre estos peces de aspecto primitivo, popularmente apodados como "fósiles vivientes". Sobre todo porque llama la atención que los celacantos de hoy se parezcan tanto a los esqueletos fosilizados de sus antepasados de hace más de 300 millones de años. Su genoma, que acaba de ser secuenciado por en el Instituto Broad del MIT y Harvard (EE UU), and analyzed by an international consortium of experts., confirma que los genes evolucionan más lentamente en este animal que en otros organismos, y eso explica por qué apenas ha cambiado su apariencia, tal y como publica esta semana la revista Nature

Los investigadores suponen que este lento ritmo de cambio puede ser debido a que los celacantos apenas han tenido que adaptarse: viven principalmente fuera de la costa de África oriental (y una segunda especie de celacanto vive en la costa de Indonesia), a unas profundidades que sufrido pocas modificaciones en los últimos milenios.

"Todavía quedan unos pocos lugares en nuestro planeta donde los organismos no tienen que cambiar para sobrevivir, y el océano profundo es uno de ellos", puntualiza Kerstin Lindblad-Toh, coautor del trabajo. "Probablemente los celacantos están muy especializados para un entorno extremo y muy específico, pero que no cambia", añade.

El salto del océano a la tierra firme


Por otro lado, los celacantos poseen algunas características que resultan extrañamente similares a las observadas en la fauna terrestre, incluyendo aletas lobuladas, que se asemejan a las extremidades de los animales terrestres de cuatro patas, conocidos como tetrápodos. Los científicos sospechan que, probablemente, una especie de pez de aleta lobulada ancestral dio lugar a las primeras criaturas de anfibios de cuatro patas que abandonaron el agua para ocupar la tierra firme, pero hasta ahora no se ha podido determinar si el celacanto es el candidato más probable.

En cualquier caso, las cerca de 3.000 millones de "letras" de ADN del genoma del celacanto, comparable en longitud al humano, aportan información muy valiosa sobre los cambios genéticos que permitieron el florecimiento de los tetrápodos en la tierra. Así por ejemplo, muchos de los cambios identificados en el genoma afectaron a genes implicados en la percepción del olor y la detección de olores en el aire. También hubo cambios significativos en el sistema inmune, posiblemente para responder a nuevos patógenos encontrados en tierra, y surgieron nuevas regiones genéticas claves que podrían haber sido "reclutadas evolutivamente" para formar las extremidades de los tetrápodos, los dedos de manos y pies, y la placenta de los mamíferos.

"Esto es solo el primero de muchos análisis acerca de lo que el celacanto puede enseñarnos sobre la aparición de los vertebrados terrestres, incluidos los humanos", concluyen los autores.

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