¿Cómo sería la vida si Dios hubiera trabajado el séptimo día?

¿Podría existir un ADN con más letras que permitieran nuevas combinaciones y otras formas de vida distintas a las que conocemos?

Todos sabemos que el ADN es la molécula que contiene la información genética, pero pocos conocemos los misterios que guarda. Curiosamente, se trata de una estructura muy sencilla que rompe con algunas de las premisas básicas de la química. Por ejemplo, nadie pensaría que dos esqueletos con carga negativa podrían unirse en lugar de repelerse, o que la transmisión de tan valiosa información se dejara en manos de enlaces que pueden ser rotos por el agua. Más sorprendente es el hecho de que una combinación de cuatro bases nitrogenadas, emparejadas dos a dos (adenina, A, con timina, T, y guanina, G, con citosina, C), sea la simple responsable de toda la gran variedad de organismos vivos presentes en nuestro planeta.

La existencia de estas cuatro bases nitrogenadas se debe al azar: se formaron y se combinaron según las condiciones existentes en la Tierra en ese momento. Por ello, científicos como el profesor P. Schultz se plantean “cómo sería la vida si Dios hubiera trabajado el séptimo día”. ¿Podría existir un ADN con un alfabeto genético de más de cuatro letras, por ejemplo? Si otra química de la vida es viable, podrían existir otros tipos de organismos distintos a los que conocemos en nuestro planeta: ¿cómo sería esta vida? ¿Seríamos capaces de reconocerla si diéramos con ella? Es tal la relevancia de la respuesta a estas preguntas que incluso la NASA invierte en proyectos relacionados con la química de los ácidos nucleicos.

Ampliando el alfabeto genético

Para saber si otra química de la vida es posible, es necesario determinar las condiciones esenciales que debe reunir una molécula para guardar y transmitir la información genética. Numerosos grupos de investigación han realizado cambios en la estructura del ADN y se ha comprobado la necesidad de las cargas negativas del esqueleto para mantener la tan conocida estructura de doble hélice. Las bases o letras, sin embargo, han permitido más tipos de modificaciones y diversos grupos de investigación han conseguido ampliar el alfabeto genético, llegando incluso a crear un organismo semisintético con un par de letras más, según un estudio publicado en la revista Nature en 2014.

Por otra parte, la traducción de la información genética sigue las premisas marcadas por el código genético para convertir una secuencia de ARN en la secuencia de aminoácidos de una proteína. Este código genético se ha modificado y se han creado microorganismos capaces de introducir aminoácidos no naturales en proteínas que presentan nuevas funciones. Ahora, los grupo de los profesores Romesberg y Schultz, del The Scripps Research Institute están trabajando en colaboración para la creación de un organismo con un alfabeto genético más amplio que sea capaz de almacenar más información, transmitirla y traducirla. De conseguirlo, sería el primer paso para la creación de vida artificial con capacidad de evolución propia y habrían demostrado que debemos de buscar más allá del trabajo que Dios concluyó en 6 días.

Empar Vengut i Climent es investigadora en el Departamento de Química Orgánica y Farmacéutica de la Universidad de Sevilla. Artículo escrito en colaboración con la UCC+i de la Universidad de Sevilla

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