Chatarra espacial: la nueva Némesis

basura-espacial0Últimamente, el espacio se ha convertido en un lugar muy peligroso. No tanto por la hostilidad natural de ese medio ambiente; ni siquiera por las armas que orbitan furtivas y silenciosas esperando el momento de actuar. La verdadera Némesis, dicen los expertos, son las toneladas de chatarra espacial, que en los últimos años han aumentado a ojos vistas. Desde trozos de satélites viejos, hasta motores y etapas vacías de cohetes, herramientas que dejaron escapar los astronautas e incluso un guante.

El pasado 12 de marzo, los tres astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS) recibieron una señal de alarma para que se refugiaran de inmediato dentro de una nave Soyuz: un trozo de chatarra venía volando en dirección del laboratorio orbital. Un agujero en el casco de la ISS, por pequeño que sea, significa descompresión y pérdida de oxígeno, con unos 10 minutos de supervivencia. La tripulación se desplazó a la Soyuz, donde esperaron nerviosamente durante 10 minutos, atentos a la orden de desatracar y regresar a Tierra. Mientras tanto, Control de Misiones observaba el trozo con un creciente nerviosismo. ?El pedazo pasó de largo?, dice Mark Matney, experto en chatarra espacial. ?Es lo más cerca que hemos estado del desastre, que yo sepa?.

basura-espacialHace un mes se estrellaron dos satélites en órbita (un Iridium de comunicaciones y un Cosmos 2251 soviético), los cuales se añadieron a las docenas de satélites destruidos intencionalmente cada cierto tiempo, para engrosar el cinturón de basura que adorna el planeta. Para ser completamente destruida, una nave espacial debe recibir un golpe con una energía de 40 julios de fuerza por cada gramo de su masa. Según Nicholas Johnson, científico principal de detritos orbitales en el Centro Espacial Johnson en Houston, los satélites Iridium y Cosmos chocaron a 42.120 kilómetros por hora, impartiendo 50.000 julios por gramo de masa. El campo de detritos resultante no tiene precedente y está siendo analizado por agencias espaciales del mundo. Algunos expertos calculan que la colisión produjo unas 10.000 partículas del tamaño de una bola de tenis.

?El problema es que, a diferencia de la basura terrícola, la chatarra espacial se mueve a velocidades alucinantes de 5.5 millas por segundo?, dice Jonathan McDowell, un astrofísico de Harvard que se dedica a seguir todos los objetos en órbita. ?Cualquier objeto mayor del tamaño de una aspirina volando a esas velocidades es capaz de abrir un agujero del tamaño de un televisor?.

El US Space Command sigue la pista de 13.943 objetos en órbita mayores de 8 centímetros. De ellos, sólo 900 son satélites activos. El resto es basura. Y eso no tiene en cuenta todos los tornillos que desenfrenadamente le dan la vuelta a la Tierra cada 90 minutos. Normalmente, la NASA manda mover la ISS cuando se acerca alguno de esos bólidos. Pero en el caso de la semana pasada el objeto no se había detectado: su órbita era errática y entraba y salía de la atmósfera terrestre. Aunque las órbitas de los trozos grandes eventualmente se degradan y los objetos se queman al entrar a la Tierra, la mayoría de ellos permanecen en el espacio durante siglos.

?Un trozo que golpee a la ISS en el lugar equivocado es suficiente para arruinarlo todo?, dice McDowell. Existen algunos proyectos de diseño de técnicas para recolectar basura espacial, pero hasta el momento todos están en la mesa de dibujo. Y últimamente algunas las empresas que fabrican satélites y cohetes intentan diseñarlos para limitar la cantidad de trozos generados durante su lanzamiento. Pero no existe una regulación que haga cumplir tales medidas.

En cuanto a los proyectiles creados por la colisión del Cosmos y el Iridium, Johnson dice estar preocupado, ya que los 65 satélites Iridium restantes se mueven en órbitas circulares que se cruzan una a la otra en los polos de la Tierra. La nube de detritos creada por esa colisión habrá originado un anillo de chatarra de alta densidad, a través del cual ahora deben pasar todos esos satélites Iridium. ?El riesgo ahora va a ser mucho más alto?.

Ángela Posada-Swafford

Etiquetas: basura espacial

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