Carles Lalueza-Fox: "Conocer el ADN antiguo ayuda a reconstruir el árbol de la vida"


Con tan sólo 39 años, Carles Lalueza-Fox se ha hecho un hueco entre los grandes expertos mundiales en el estudio del ADN antiguo. Actualmente trabaja como profesor asociado en la unidad de Antropología de la Universidad de Barcelona. Dos años después de recuperar, por primera vez en la historia, el ADN del moa, una especie de ave extinguida hace 400 años, este joven investigador acaba de apuntarse el triunfo de haber participado en el descubrimiento del ADN mitocondrial de dos fósiles del hombre de Cromañón. El trabajo ha sido publicado por la revista Proceedings de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos. Lalueza-Fox es, además, autor de otros libros: Razas, racismo y diversidad. La ciencia un arma contra el racismo, que ha sido galardonado con el Premio Europeo de Divulgación Científica Estudi General 2001; Missatges del passat y El color sota la pell.

-¿Por qué hasta ahora no se había recuperado ADN de cromañones?
-Hay varias formas de investigar el origen y la evolución de nuestros antepasados. Hasta hace unos años, todo se basaba en observar fósiles pero, por suerte para nuestra especialidad, se descubrió el valor informativo del material genético. Muchos científicos pensaban que lo primero era recuperar ADN de neandertales, para compararlo con el nuestro. Así, después de grandes esfuerzos, en 1997 se consiguió recuperar el primer ADN de neandertal. En los primeros 40 intentos sólo se recuperó ADN en 4 casos. Para los cromañones, teníamos la dificultad añadida de la falta de fósiles en condiciones, pero nuestro equipo lo ha conseguido.

-¿Por qué ha tenido éxito su equipo?
-Hemos tenido el acierto de estudiar los restos de dos individuos enterrados en el fondo de la cueva de Paglicci, en el sur de Italia. No sabemos si aquellos humanos vivieron confortablemente en la gruta, pero sus restos se conservaron perfectamente. Uno de los individuos era una mujer adulta que vivió hace 23.000 años y el otro, un chico joven de hace 24.700 años. Hacía muy poco tiempo que se habían extinguido los neandertales.

-¿Qué han descubierto en estos dos individuos?
-El estudio que hemos hecho nos indica que genéticamente los cromañones de Paglicci eran individuos de la especie humana como la conocemos ahora. En cambio, pese a que habían compartido el territorio europeo durante unos 10.000 años, los cromañones de Paglicci no tenían características genéticas en común con los neandertales.

-¿Por qué no se cruzaron sexualmente?
-No podemos asegurar que no hubiera algún apareamiento o naciera algún híbrido. Pero, si hubo algún cruce, no quedó constancia en el ADN mitocondrial de los cromañones, como hemos podido comprobar con nuestro estudio. Es decir, que los posibles encuentros sexuales fueron esporádicos y no tuvieron repercusiones genéticas. Nuestro estudio ratifica que los neandertales se extinguieron sin dejar ninguna herencia.

-¿Hubo enfrentamientos entre ambas especies humanas?
-Los neandertales eran morfológicamente diferentes a los cromañones, y pertenecían a linajes que hacía por lo menos medio millón de años que se habían separado, pero quizás ellos no se contemplaban como individuos de otra especie, sino sólo como un poco diferentes. No tenemos ninguna prueba de que hubiera grandes batallas entre cromañones y neandertales.

-¿Hasta ahora cuál es la especie más antigua de la cual se ha recuperado ADN?
-Se ha recuperado ADN de huesos de mamut de 42.000 años de antigüedad, precisamente porque vivían en una zona que quedó cubierta por hielo.

-¿Con este ADN se podría revivir a los mamuts?
- Normalmente recuperamos ADN mitocondrial, pero en el caso de los mamuts incluso se han rescatado algunos fragmentos de algunos genes nucleares. El problema es que los mamuts tenían 30.000 ó 35.000 genes, ni lo sabemos... De momento, no es posible pensar en rehidratar una célula de un mamut y clonarla. Es imposible. Si queremos ser imaginativos, aún podemos pensar en secuenciar el genoma de un elefante y cambiar algunos de los genes que podamos recuperar del mamut... Pero tendríamos muy pocas posibilidades de éxito y sería difícil justificar una inversión como ésta. Con este dinero podríamos ayudar a conservar las especies en peligro de extinción que aún viven.

-Usted ha participado en la secuenciación del primer genoma mitocondrial completo de una especia extinguida, el moa, quizás el ave de mayor tamaño que ha existido en la Tierra...
-El moa era un ave gigante, de unos tres metros de alto, que vivía en Nueva Zelanda y que se extinguió hace unos 400 años a causa de la caza de los polinesios que llegaron a estas islas.

-¿Sólo 400 años?
-Sí. De hecho, Nueva Zelanda fue uno de los últimos puntos del planeta en ser colonizado por los humanos, hacia el año 1200. Desde su llegada a Nueva Zelanda, el hombre se dedicó a cazar animales indefensos como los moa, que se extinguieron hacia el año 1600. Participé en este estudio cuando estuve en la Universidad de Oxford, junto al profesor Alan Cooper. Aprovechamos como referencia los trabajos ya realizados sobre el avestruz para ir ensamblando los más de 100 fragmentos de ADN mitocondrial de moa que pudimos recuperar, hasta que completamos el genoma funcional de esta especie extinguida. Fue la primera vez, y de momento la única, que se conseguía recuperar el genoma de una especie desaparecida. Pero, como en el caso de los cromañones, ha de quedar claro que hemos analizado el ADN mitocondrial, una información genética que se en cuentra fuera del núcleo de las células y que tiene solamente un 0,0005 por 100 de la longitud de un genoma del núcleo de la célula.

-¿Y para qué sirve un estudio de este tipo?
-En este caso, por ejemplo, pudimos confirmar que los moa eran unas aves que se distribuyeron por el planeta cuando toda la superficie terrestre se encontraba unida en el supercontinente conocido como Gondwana. Pudimos reconstruir el árbol filogenético de los moa y confirmar que eran familiares directos del kiwi, el avestruz o el emú. En general, los estudios de ADN antiguo sirven para reconstruir el árbol genealógico de las especies, trabajos que hasta hace 15 años eran impensables. La contribución más importante de nuestra especialidad ha sido precisamente confirmar las diferencias entre los humanos y los neandertales. Ahora mismo, con esta técnica, se están estudiando poblaciones humanas desaparecidas. Conocer el ADN antiguo ayuda a reconstruir el árbol de la vida y a conocernos a nosotros mismos.

-¿Se puede recuperar el ADN de una especie, de insecto, por ejemplo, que se haya conservado en una gota de ámbar?
-Creo que tampoco hemos de tener demasiadas esperanzas, aunque hay resultados contradictorios. Los estudios que se hicieron hace 10 años con insectos conservados en ámbar tampoco se hicieron correctamente, en especial porque se hacía en laboratorios que trabajaban con insectos similares a los antiguos y, por tanto, la contaminación de la muestra era muy sencilla. El ámbar es poroso y el oxigeno que entra degrada el ADN. Igual que pasa con las momias, el tejido puede tener buen aspecto pero el material genético está degradado.

-¿Con recuperación de ADN de personas muertas hace algunas decenas de años han tenido más éxito?
-Las técnicas de ADN antiguo permiten ampliar los trabajos que se realizan en medicina forense. Por ejemplo, con nuestras técnicas hemos ayudado a resolver incógnitas históricas, como la identificación de los restos del zar Nicolás II de Rusia y su familia. Cuando, en 1991, se encontraron los cuerpos de los supuestos miembros de la familia del zar, se tuvo que recurrir a la técnica del ADN antiguo para comprobar que realmente se trataba de sus restos. En cambio, se pudo demostrar que Anna Anderson no era Anastasia, la hija del zar, como ella pretendió durante muchos años.

-Otra incógnita resuelta fue la de Josef Mengele...
-Sí, el ángel de la muerte de Auschwitz, el terrorífico investigador nazi que pretendía clonar humanos, se ahogó accidentalmente en Brasil en 1979. Los servicios de espionaje de Israel pensaban que esta muerte era un montaje para que el verdadero Mengele pudiera huir y, en 1992, se tuvo que recurrir a la técnica del ADN antiguo para descubrir que el cadáver era realmente el del famoso científico de Hitler.

-¿De qué color era la piel de los primeros homínidos?
-La piel no se fosiliza y por eso no hay evidencias de su color. Pero podemos especular. Se ha explicado que los primeros homínidos tenían la piel oscura, pero creo que no fue así. Si hablamos del primer linaje que se separó de los chimpancés y que llegó a nosotros, probablemente aquellos primeros homínidos tenían la piel clara; porque los chimpancés también la tienen clara, aunque su pelo sea oscuro. Quizás hace dos millones de años, cuando aparecieron los primeros individuos del género Homo, de proporciones similares a algunas poblaciones actuales de África del este y sin demasiado pelo corporal, debían de tener la piel pigmentada.

-¿Por qué eran negros?
-En caso contrario, viviendo en aquella zona de África y sin pelo en el cuerpo, habrían muerto de cáncer de piel.

-¿El color de la piel era un factor de protección?
-En parte, pero también pasa ahora. Las personas de piel clara que han ido a vivir a zonas con mucho sol, como los británicos que se han establecido en Australia o los europeos de Sudáfrica, son los que tienen la incidencia de cáncer de piel más alta.

-¿Por qué se produjo el cambio de color en la piel? ¿Qué ventaja tiene la piel blanca para los habitantes de Europa?
-La principal es la asimilación de la vitamina D. Los humanos necesitamos la luz del sol para sintetizar vitamina D, poder controlar la absorción de calcio en el organismo y formar el esqueleto correctamente. Las personas muy pigmentadas que se han ido a vivir a países nórdicos tienen problemas de calcificación por falta de vitamina D.

-¿La técnica del ADN antiguo nos permitirá demostrar de qué color era la piel de nuestros antepasados?
-Creo que sí. Acabaremos por conocer los genes que están implicados en todos los rasgos externos, no sólo de la pigmentación. De esta forma, podremos inferir el color de la piel de los primeros humanos.

Joaquim Elcacho

Etiquetas: ADNgenética

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