Brian Jenkins: "El Gobierno de España no debería cerrar la puerta a una negociación con ETA"


La agencia de detectives Kroll vuelve a estar de actualidad. Sus agentes fueron los que elaboraron el llamado informe Crillon sobre las actividades de Mario Conde, cuyo encargo se ha atribuido al vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra, y al ministro de Defensa, Julián García Vargas. Cuando nos propusimos entrevistar a Brian Jenkins, el segundo máximo responsable de Kroll, sabíamos que no sería una tarea fácil. Antiguo boina verde del Ejército estadounidense, veterano de Vietnam e historiador, Jenkins es, además de vicepresidente de la empresa de detectives privados más importante del mundo, experto en terrorismo internacional y en la lucha contra la corrupción.

Tal como nos temíamos, Jenkins no pudo atendernos la primera vez que quisimos hablar con él. Pero no porque estuviera memorizando los datos confidenciales conseguidos por sus hombres en Brasil sobre los desmanes financieros de algún afamado banquero o tratando de encontrar una explicación a la última masacre de los integristas en Argelia. Simplemente, Mr. Jenkins tenía que llevar a sus hijos al colegio.
Una vez cumplidas sus obligaciones de padre cincuentón, Jenkins accedió a hablar en exclusiva para MUY de terrorismo y corrupción, de la amenaza del integrismo islámico, de la pervivencia de ETA, de la sombra de los GAL... Todo ello en una larga conversación que comenzó, cómo no, con la pregunta que todos nos estábamos haciendo:

-¿Qué piensa uno de los hombres más informados del mundo cuando lleva a sus niños a la escuela?
-En la actualidad me preocupan las consecuencias del famoso atentado con gas venenoso en el metro de Tokio sucedido hace poco, y las posibilidades de que se repita, aunque no tengo claro que se trate de un ejemplo clasificable exactamente en el catálogo conocido de grupos terroristas.

-¿Pero es que existe un catálogo de terroristas, una clasificación internacional?
-Por supuesto. Los expertos en terrorismo hemos creado un completo espectro de personas que pueden perpetrar un acto terrorista. A un lado del mismo están los grupos guerrilleros urbanos y las organizaciones convencionales con pretensiones políticas, nacionalistas o lingüísticas, como ETA y el IRA. En el otro extremo se encuentran los locos visionarios y los fanáticos religiosos. Entre uno y otro lado del espectro habitan cientos de grupos.

-¿Y cuáles son más peligrosos?
-Si tuviera que dar una respuesta rápida diría que, lógicamente, aquéllos que se sustentan en cultos religiosos fanatizados. Pero hay que hacer ciertas matizaciones. Sabemos que los terroristas tienen una capacidad de matar casi ilimitada y que, además, pueden acceder a casi cualquier tipo de arma. De hecho, el terrorismo se está volviendo cada vez más indiscriminado en sus objetivos tácticos. Sin embargo, es importante decir que la mayoría de los grupos armados no tiene interés, generalmente, en causar muchos muertos en una sola acción. En realidad, los grupos terroristas podrían hacer cosas más terribles de las que hacen.

-¿Y qué les impide hacerlo?
-Ellos mismos se imponen autolimitaciones morales. Quieren ser vistos como ejércitos de liberación salvadores de un pueblo y no como pandillas de asesinos sin escrúpulos. No cometen actos salvajes porque tienen miedo a causar deserciones y divisiones en el seno del grupo o a perder su capacidad de proselitismo entre los jóvenes afines.

-¿Estos límites sirven para todos los terroristas?
-Por desgracia, no. En los casos de terrorismo religioso, por ejemplo, el autocontrol desaparece. Cuando un terrorista piensa que está cumpliendo instrucciones de Dios, no tiene que hacer otras consideraciones morales. Solamente debe rendir cuentas ante su divinidad. Por eso es más fácil que estos grupos crucen la frontera y se dediquen a provocar masacres.

-Y en este grupo se llevan la palma, por desgracia, los integristas islámicos...
-Sí, es el ejemplo más claro de lo que estábamos hablando. Las consideraciones morales se diluyen por la fuerza del fanatismo religioso. En cualquier caso, no debemos olvidar que la tendencia a provocar grandes masacres no es exclusiva de los grupos religiosos, sean éstos islámicos, cristianos, judíos o hindúes. Hay otro tipo de conflictos donde se suelen desbordar todas las fronteras de la mesura. Son los conflictos étnicos, de los que estamos teniendo lamentables ejemplos en Ruanda, Burundi o Bosnia. En estos casos, se tiende a pensar que el enemigo es un ser inferior, subhumano. Así se legitiman los genocidios o las limpiezas étnicas.

-Da la sensación de que el terrorismo se comporta por modas, por oleadas diferenciadas. En unas épocas priman los grupos políticos, en otras los conflictos étnicos, en otras los ataques fundamentalistas...
-Así es. Los expertos en terrorismo sabemos que la probabilidad de un segundo acto terrorista es mayor que la del primero. Cuando un grupo se decide a utilizar un arma novedosa o una táctica más osada, el hecho obtiene una gran publicidad en los medios de comunicación. Y siempre es más probable que haya una repetición. Ahora, por ejemplo, después del auge del terrorismo político de alto nivel en los años ochenta, cuando proliferaron los secuestros de funcionarios y aviones y los atentados contra altos cargos, vivimos una nueva moda: estamos en la era del coche bomba.

-¿Y cree que el atentado con gas venenoso en Tokio podría convertirse también en una  moda?
-Bueno, es muy pronto para decirlo. Pero es cierto que sus autores han tenido un gran éxito en su primer objetivo: darse a conocer en todo el mundo. Es posible que haya  creado un precedente y, por lo tanto, existe el peligro de que sea imitado en el futuro.

-Desde el punto de vista ideológico, ¿qué tendencia seguirá el terrorismo en el futuro?
-Después de la caída del bloque soviético, asistimos a una grave crisis en los grupos con motivación política. Los grupos ideológicos que aún perviven han quedado a la deriva, sin un modelo que seguir. Los conflictos del futuro serán en su mayoría étnicos o religiosos. Pero no debemos perder de vista dos fenómenos que, en mi opinión, pueden convertirse en una amenaza en los próximos años. En primer lugar, la proliferación de pequeños cultos liderados por un individuo carismático, con capacidad de organizar un grupo de seguidores y controlar sus mentes. Y en segundo lugar, la posibilidad de que esas sectas acaben en un acto de autoinmolación, como en los casos de los davidianos de Waco (Texas) y de la secta del Templo del Sol en Suiza, donde murieron o se suicidaron -docenas de seguidores radicales.

-Permítame que descendamos al terreno más cercano. En España sufrimos también, por desgracia, el azote del terrorismo. Y usted conoce bien el problema de ETA...
-Sí. Y es un caso muy interesante para un experto en terrorismo, porque ilustra la capacidad de persistencia de los grupos separatistas. En los últimos decenios, hemos asistido al auge y caída de muchas organizaciones ideológicas, pero parece claro que las separatistas, que pueden disfrutar de una mayor reserva de seguidores y simpatizantes, tienen capacidad para continuar su lucha durante mucho más tiempo. Es el caso de ETA, del IRA y de los independentistas corsos. Entre los jóvenes, por ejemplo, apoyar a ETA es una oportunidad para ejercer la protesta e incluso para prestar sus "servicios a la patria" como si se tratara de un ejército regular. Siempre que haya jóvenes dispuestos se puede continuar la lucha indefinidamente. Además, en ETA está ocurriendo algo que afecta a todos los grupos longevos: a lo largo de los años, el aparato económico que los sustenta, y que se nutre de secuestros, extorsiones, robos, etc., va adquiriendo cada vez más importancia y, finalmente, el grupo se convierte en una "compañía comercial" con una fuente muy pequeña de objetivos políticos.

-¿Y qué puede hacer un gobierno como el español cuando un grupo terrorista ha arraigado tanto?
-Por una parte tiene que tratar a ETA como si fuese una simple pandilla criminal; por otra, debe abrir las puertas a la posibilidad de una solución política. Es posible que la negociación tuviera muy buenos resultados, como hemos visto en el caso del IRA. El gobierno tiene que ser creativo y no renunciar a buscar una solución negociada. Pero debe ser consciente de que siempre quedará una pequeña infraestructura económica dispuesta a seguir matando. Lo que interesa destacar es que quizás en el seno de ETA y sus aliados haya mucha gente que vea los casos de la OLP en Palestina o el IRA en Irlanda como éxitos del -terrorismo. Ellos han obligado a los gobiernos a -sentarse a negociar.

_¿Quiere decir eso que no existe más remedio que llegar a un acuerdo político?
-Es difícil contestar a esta pregunta. La lucha contra ETA ha durado 30 años. Y no porque en España falten agentes preparados, inteligentes y con determinación para acabar con un grupo terrorista... No puedo decir que yo sea más inteligente que tres generaciones de españoles. Así que no soy quien para asesorar sobre qué dirección debe seguirse en la lucha anti ETA.

-Pero usted piensa que la vía política no debe descartarse...
-Siempre tienen que mantenerse abiertas todas la posibilidades para terminar con un grupo terrorista. Yo sé que es muy difícil aceptar una negociación política con personas que han secuestrado, que han matado, que han atacado a la población..., pero el Gobierno de España no debería cerrar la puerta a una negociación con ETA. Aunque sólo sea por razones psicológicas, para provocar divisiones entre los etarras. La lucha contra estos grupos siempre debe ser una combinación de acoso policial, presión a los terroristas encarcelados, ofertas de amnistía para los que están en la calle o de reinserción y reducción de penas si colaboran con el Gobierno.

-Y entre estas formas de lucha contra los grupos terroristas ¿qué legitimidad tiene el terrorismo de Estado como el que supuestamente ha realizado el GAL?
-Para mí es importante ganar la batalla, pero más importante es ganarla de manera justa. El gran peligro del terrorismo en este momento es que haga perder el sentido de la proporción a los gobiernos que lo padecen. Incluso en los casos de actos extremistas como el del metro de Tokio, la violencia terrorista es muy pequeña comparada con la de un conflicto armado abierto. Por eso pienso que el GAL es una victoria de ETA. El terrorismo es una tierra fértil para que crezcan soluciones no aceptables en un Estado de derecho. Pero, irónicamente, una sociedad debe saber sufrir un cierto nivel de violencia para mantener la democracia.

-Quiere decir que en España se ha caído en una trampa con la creación de los GAL...
-Sí. A menudo leo las revistas españolas sobre las revelaciones o, al menos, acusaciones de apoyo por parte del Gobierno a grupos antiterroristas que usan tácticas que no pueden distinguirse de las de los etarras. Si eso es así, el Estado se ha equiparado moralmente a los terroristas de ETA. O, aún peor, se ha puesto a un nivel más sucio. Entiendo toda la presión que se puede sufrir en un gobierno azotado por el terrorismo. Como veterano de la guerra de Vietnam, soy consciente de las reacciones psicológicas que provoca ver morir todos los días a compañeros o empleados. Puedo entender, pero eso no significa aceptar.

-¿Qué papel juega la prensa en este entramado?
-Verá, mis ideas políticas las delimitan Thomas Jefferson por un lado y los anarquistas por el otro. Quiero decir que para mí la libertad es lo más importante de todo y siempre sospecho de todos los gobiernos. Digo esto porque en todas las luchas antiterroristas existe la tentación de controlar la prensa. En muchos casos se ha pretendido prohibir a los periódicos hablar sobre asuntos -terroristas para no darles publicidad a los violentos, pero no se ha demostrado que esto sea eficaz y, además, es mucho más peligroso controlar a los periodistas que dejar que publiciten los atentados. 

-Usted también es experto en la lucha contra la corrupción, otro tema que está de moda en Europa...
-No creo que hoy tengamos más corrupción que antes; simplemente, la toleramos menos. Seguro que no hay más corruptos hoy en Francia o en España que los que había hace un siglo. Lo que sí podemos decir es que hoy la ciudadanía no los quiere en puestos de responsabilidad. Las razones de este cambio son múltiples y le puedo resumir algunas de ellas que se ajustan perfectamente al caso español. Las campañas políticas contemporáneas son cada vez más costosas e incitan a la recaudación de fondos ilegales; el poder judicial es más independiente ahora que nunca y eso ha suscitado la aparición de superjueces que luchan contra los desmanes políticos como héroes sociales; los medios de comunicación han crecido en independencia, libertad y agresividad; los ciudadanos demandan cada vez más participación en el control de las instituciones, etc. Todo ello ha hecho que en países como España se tenga, por primera vez, la posibilidad de ver a políticos en la cárcel por aprovecharse de su puesto. Y esta nueva situación ha creado un ligero desconcierto, pero, realmente, pienso que la corrupción no ha aumentado tanto como se cree.

-Ese mensaje es muy optimista, pero ¿no querrá decir que, en el fondo, no tenemos motivos para quejarnos?
-No. Por desgracia, creo que habrá que seguir quejándose por mucho tiempo. La corrupción es un mal muy arraigado en la comunidad política. Y me temo que no será fácil de eliminar. De hecho, en el caso europeo, y por supuesto español, estamos viendo fenómenos de corrupción en altísimas esferas del Estado desde la creación de los puestos de máxima responsabilidad y, lo que es peor, como motivo último de la creación de algunos de estos puestos.

-Así no hay quien pueda con ella...
-Hay que ser realistas. Lo importante es que ha cambiado la actitud de los ciudadanos y de los políticos hacia la corrupción. Estamos en un punto de inflexión y tendremos que seguir progresando.

-En este progreso tendrá mucho que ver la información con la que cuenten los ciudadanos y, por tanto, desempeñarán un papel importante agencias como Kroll...
-Nosotros hemos trabajado para eliminar la corrupción interna en docenas de empresas. Y también hemos trabajado para algunos gobiernos. Kroll, por ejemplo, recibió el encargo del Gobierno de Collor de Melo en Brasil para perseguir las actividades de ciertos corruptos. También hemos hecho un trabajo similar en Perú, en Haití, en Filipinas... Personalmente, formo parte de una comisión creada por el World Economic Forum para ofrecer un catálogo de normas, reglas, códigos éticos y leyes que reduzcan definitivamente el nivel de la corrupción en las actividades comerciales.

-¿Y en la lucha contra la corrupción, ha chocado alguna vez su trabajo con el de la policía?
-No, casi nunca. Tenemos que ser muy pragmáticos. Una sociedad privada como nosotros no puede competir contra las autoridades. En la mayoría de los casos trabajamos junto a la policía o los jueces. No tenemos ningún interés político o comercial en enfrentarnos a ellos. En los casos de corrupción, como por ejemplo el de Collor de Melo, tuvimos como cliente al Parlamento de Brasil. La investigación doméstica dentro del país fue realizada por parte de las autoridades en Brasil. Cuando hubo que investigar ramificaciones internacionales, acudieron a nosotros.

-¿También acudió a ustedes el Gobierno español?
-Sobre los casos actuales, honestamente, yo no puedo hacer ningún comentario. Es una de nuestras reglas. Puedo hablar sobre terrorismo o corrupción en términos generales. Pero, con la excepción de los casos en los que nuestros clientes han publicado nuestra actividad, nosotros no podemos negar ni confirmar ningún aspecto de ningún trabajo.

-Pero usted conoce el informe Crillon...
-Sí, por supuesto. Pero le ruego que me deje evitar ese tema. No -tengo nada que decir al respecto.

-Se arriesga entonces a que se le atribuyan conexiones y trabajos inexistentes...
-Muchas veces he leído casos en los que la prensa dice que la Kroll ha hecho una investigación. E incluso algunos miembros de gobiernos han citado a la agencia en temas que ni siquiera conocemos. Bueno, es una muestra de que la gente ve a la agencia Kroll en más partes de las que estamos. No tenemos bastante gente para hacer todo el trabajo que se piensa que hacemos.


-Ustedes tienen una agencia en París, precisamente...
-Sí, y otra en Londres, y otra en Moscú, y una amplia red de personas por todo el mundo. Se puede decir que hemos trabajado en todos los países europeos.

-¿Le gustaría recibir un encargo  desde España?
-Ja, Ja. Siempre estoy interesado en casos interesantes. Y el español lo es. Ya veremos qué pasa en el futuro con España.

-¿Cree que hay alguna frontera para la información, que cualquier persona puede pedir un informe sobre cualquier asunto sin que nadie lo limite?
-No, depende de la situación. No creo que nadie tenga el derecho a tener información sobre cualquier otra persona. Yo soy un personaje privado y quiero mantener mi intimidad. No creo que haya derecho a invadir la privacidad de nadie. La situación, sin embargo, es un poco diferente cuando uno es funcionario público. En ese caso, es más lícito indagar sobre sus actividades personales que puedan afectar a la tarea que desempeña. Aun así, siguen existiendo ciertos límites, pero no sé dónde situarlos.
Jorge Alcalde

Esta entrevista fue publicada en mayo de1995, en el número 168 de MUY Interesante

 


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