Bichos pintores



Steven Kutcher tiene una mosca que se llama Miró. Le va bien el nombre: este bicho ha elaborado más de una obra de arte abstracto. También tiene una cucaracha de Madagascar que podría bautizar como Kandinsky y un escarabajo que se merecería llamar Pollock, porque trazan espectaculares rayas, curvas y marañas de color. Kutcher, que tiene una diplomatura en entomología, emplea sus conocimientos sobre el comportamiento y la anatomía de toda clase de artrópodos no para pintar insectos, sino con insectos. A la manera de Salvador Dalí, que rociaba de pintura los cuerpos de mujeres desnudas y las hacía rodar por el lienzo, Kutcher unta pigmentos a las delicadas patitas y el abdomen de escarabajos, abejas, saltamontes, cucarachas y moscas, y los deja pasearse por el papel como pinceles vivientes. Sus obras se han exhibido en varios museos de Estados Unidos.

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Permite visualizar el rastro de un ser vivo en tiempo real

No es un trabajo sencillo. En primer lugar, porque este biólogo, de 63 años, ha inventado ingeniosas técnicas que ofrecen resultados espectaculares sin necesidad de matar a los pequeños maestros, que en muchas ocasiones continúan su carrera creativa. Y segundo, porque ha permitido visualizar algo tan etéreo como la huella de un ser vivo en tiempo real, y por tanto, el comportamiento de un insecto en determinadas condiciones.

Pero aún hay más: Hollywood también ha contratado a Kutcher como entrenador de bichejos para algunas de las escenas de bichos más memorables del cine. ¿Recuerdan las miles de langostas que atacaron a Richard Burton en El Exorcista II, las legiones de arañas de Aracnofobia o la araña Steatoda grossa roja y azul que mordió a Tobey Maguire en Spiderman? Nuestro artista-científico estaba detrás de ellas.


La preparación del lienzo lleva horas de trabajo

Steven Kutcher habla animadamente de su trabajo desde su casa-estudio en Los Ángeles, intercalando palabras en castellano que ha aprendido a lo largo de diversos viajes a Latinoamérica. "Mis primeros ensayos fracasaron. Porque si ponemos a caminar a un escarabajo sobre papel seco, sólo va a dejar minúsculos puntitos. Entonces hay que amplificar las huellas, y para eso debo humedecer el papel hasta un grado muy concreto. La clave es que ni gotee ni quede seco, pero que esté completamente saturado. Luego tengo que usar diversas técnicas para que la hoja pierda dicha humedad lo más lentamente posible. Eso incluye aplicar el color del fondo y dejarlo secar. Más adelante lo saturo otra vez; de esa manera logro que el pigmento que llevará encima no se emborrone. Sólo entonces pongo a caminar al insecto. Pero a partir de ese momento no puedo rehumedecer el papel porque la pintura se difuminaría y haría verlo todo como nubes de colores. Todo esto afecta al tamaño del resultado final, que no puede ser muy grande, aunque estoy trabajando en unir varios cuadros en uno", se apresura a añadir. "Lo que sí hago es volver a aplicar pintura a los insectos y combinar diferentes colores en cada pata. A veces sólo pinto las extremidades delanteras, o una sola. Eso es un reto, porque hay que proceder rápidamente, poniendo la cantidad suficiente y evitando manchar las antenas o la boca".

Spielberg le pidió que plasmara improntas de mosca

La idea se le ocurrió en 1985 cuando Steven Spielberg le pidió crear huellas de una mosca haciéndola caminar sobre tinta para anunciar su serie de televisión Cuentos asombrosos. Con los años, Kutcher ha logrado arrojar nueva luz sobre algunas áreas de la entomología, que él suele explicar con una analogía.

"Los insectos caminan en el barro, pero nadie ve sus huellas: cuando se secan, se evaporan o se convierten en polvo. Sólo se distinguen sobre la arena. Lo mismo ocurre cuando una mosca aterriza sobre la pared, un escarabajo camina sobre el suelo o una araña se pasea sobre el césped: no queda ni rastro. Lo que yo he hecho es hacer visibles esos testigos de su paso usando pintura. El modo de caminar de los insectos queda retratado en mis cuadros", explica el artista, quien produjo y filmó su propio vídeo al estilo del pintor norteamericano Jackson Pollock para ilustrar el proceso.

Kutcher, que enseña biología en varias escuelas de California, ha aprendido mucho contemplando a sus artistas. Ha visto cómo tropieza un insecto con seis patas, y cómo los diminutos animales se mecen ligeramente de atrás hacia adelante al caminar. "Lo mismo que la gente, cada uno tiene su estilo", explica. También ha observado cómo se las arreglan para escapar del barro.

Sabe cómo recortar el aguijón de las abejas

"Por ejemplo, cuando impregno con mucha pintura a un escarabajo, en lugar de alejarse en línea recta camina describiendo círculos para tratar de quitársela. Lo mismo ocurre cuando pongo demasiado pigmento en las patas de una abeja -la gente me pregunta cómo hago para que no huya-: antes de volar se las tiene que secar. Y no está mal que lo hagan porque si no... ¡aterrizarían en las paredes y me las pondrían perdidas!".

Además, estas experiencias le han ayudado de varias formas. Por un lado, sus manos son sumamente hábiles en la manipulación de los insectos, mientras que la mayoría de la gente sabe cómo aplastarlos, pero no cómo manejarlos. Es capaz de hacer cosas como colocar a una abeja bajo el microscopio y recortarle el aguijón para que no se lo pueda clavar; lo fundamental es no quitárselo del todo, porque no pueden vivir sin él.

Las tarántulas pasan de puntillas por el papel húmedo

También usa luces para conducir a sus pequeños artistas hacia una dirección determinada. "Los insectos son fototrópicos, se sienten atraídos por una fuente luminosa. Una vez hice algo divertido. Puse a tres abejas sobre un trozo de papel caminando hacia el sol. Entonces moví la hoja y las abejas cambiaron de dirección al mismo tiempo. También hago cosas como darle vueltas al papel en ángulos ligeramente distintos mientras el animal camina en línea recta. Este control me permite pintar obras como el Sunrise Number 1, donde las patas del escarabajo parecen que siguen diferentes direcciones. Y a veces le doy vueltas al lienzo en círculos, o de atrás para adelante, y así hago que los insectos dibujen una espiral o una circunferencia".

Además de los escarabajos y cucarachas, otras criaturas dejan improntas muy interesantes sobre el papel. "Los escorpiones trazan unas marcas curvas en forma de barrido, mientras que las tarántulas caminan sobre las puntas de sus patas porque no les gusta el papel húmedo y tratan de tener el menor contacto posible. Los escarabajos, con sus patas separadas, dejan huellas geniales. Y como las cucarachas de Madagascar arrastran el abdomen por el suelo, yo les coloco pintura de dos colores, que el insecto mezcla al reptar. También le puse color a las puntas de las alas de una polilla, que dejó un patrón bellísimo, similar a un ojo".

¿Cómo sería entonces la firma de un ciempiés? "Mucha gente me pregunta eso. El problema es que las patas de estos quilópodos están tan juntas una de la otra, que las huellas se unen y dejan un borrón poco artístico".

La casa-estudio de Kutcher es un verdadero santuario consagrado a los insectos que incluye un jardín de mariposas, un zoológico de bichos y varias colecciones de ejemplares disecados. El taller está dentro de un enorme garaje diseñado originalmente para alojar cinco automóviles. Lo ha llenado con sus obras en distintas etapas del proceso. Una mesa contiene botes de pinturas, y otra, cajitas de minipintores esperando su turno.

La pintura no hace daño a los insectos, ya que emplea acuarela, a base de agua. "Yo los cuido mucho. Al lado de la mesa de pintura tengo otra con un recipiente lleno de agua donde echo el insecto a nadar, y también les limpio las patas cuidadosamente con una esponja húmeda. Luego los pongo a descansar en sus celdas. Hay otras personas que también tratan de hacer cuadros con insectos, pero usan pinturas elaboradas con aceites que terminan resultando letales para el animal".
Tratar bien a los insectos es un tema que le preocupa especialmente a Kutcher, que también es ecologista. Le molesta que alguien piense que puede causarles daño. "He llegado al punto de reparar las alas de una mariposa con un pegamento especial para que pueda volar otra vez". Mimarlos es crucial: ¿quién sabe si entre ellos no hay un geniecillo a punto de dejarnos una obra maestra perdurable?

Ángela Posada-Swafford



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Obra titulada Olympic relizada por un escarabajo. El artista Steven R. Kutcher usa sus conocimientos sobre insectos para producir obras de arte únicas.Foto por John Chapple

 

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Un escarabajo trabajando. "Los escarabajos, con sus patas separadas, dejan huellas geniales", asegura Kutcher. Foto por John Chapple

 

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Un escarabajo con las patas pintadas de rojo. Aplicar los pigmentos a las patas y otras partes del cuerpo de los minipintores es uno de los momentos más delicados del proceso. El tipo de acuarela usada es inocua para ellos. Foto por John Chapple

 

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Obra titulada Fly relizada por una mosca. Foto por John Chapple

 



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Obra titulada Sunset Number 1 relizada por un escarabajo. Los primeros pasos del bicho aportan los colores más fuertes; luego las huellas pierden fuerza. Foto por John Chapple

 

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Obra titulada Fly on the Wall relizada por una cucaracha. Foto por John Chapple

 

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Obra titulada Dancing Beetle relizada por un escarabajo. Foto por John Chapple

 

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Obra titulada Sunrise Number 1 relizada por un escarabajo. Una de las técnicas que usa Kutcher es darle vueltas al papel en ángulos ligeramente distintos mientras el animal camina en línea recta. Foto por John Chapple

 

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Obra titulada Stary Night realizada por una cucaracha. Foto por John Chapple

 

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