Así salvó a la humanidad Víctor Frankenstein

En 'Frankenstein', el creador del célebre monstruo anticipó un principio de la ecología cuando previó que su criatura podría acabar con nuestra especie.

También te puede interesar: La Tierra vive la sexta extinción masiva de especies animales

Frankenstein o el moderno Prometeo, la exitosa obra escrita por Mary Shelley y publicada en 1818, suele ser considerada la primera novela moderna de ciencia ficción. A menudo, la historia del joven Víctor Frankenstein, que da vida a un cuerpo a partir de restos de cadáveres, es considerada una reflexión sobre los límites de la ética y el conocimiento científico.

Ahora, un equipo de investigadores del Dartmouth College, en Hanover (Nuevo Hampshire), y de la Universidad de California, en Merced, señala en un estudio publicado en la revista BioScience que en Frankenstein se explora asimismo uno de los principios fundamentales de la ecología.

Los autores del ensayo exponen que en un momento dado la criatura solicita a su creador una compañera que alivie su soledad y le indica que su deseo es vivir en Sudamérica. En su alegato queda claro que su intención es pasar desapercibido, ya que, además, tampoco ingerirían el mismo alimento que las personas. Estas son sus palabras: “Si accedes, ni tú ni ningún otro ser humano nos volverá a ver. Me iré a las enormes llanuras de Sudamérica. Mi alimento no es el mismo que el del hombre; yo no destruyo al cordero para saciar mi hambre; las bayas y las bellotas son suficiente alimento para mí. Mi compañera será idéntica a mí, y sabrá contentarse con mi misma suerte”.

Al principio, Frankenstein considera razonable la petición, pues piensa que estos dos seres, aislados, apenas interactuarían con la humanidad. Sin embargo, más tarde la reconsidera y concluye que el potencial reproductivo de ambos podría, a largo plazo, suponer una amenaza para nuestra especie. Según los investigadores, se trataría de un ejemplo perfecto de un fenómeno conocido como principio de exclusión competitiva, que no se formularía hasta principios del siglo XX. En esencia, este establece que dos especies que compiten por los mismos recursos no pueden coexistir de modo que sus poblaciones se mantengan estables si los demás factores ecológicos permanecen constantes. Esto es, si una posee aunque sea una mínima ventaja sobre la otra, con el tiempo la acabará dominando. Para los firmantes del estudio, el profesor de Antropología y Ciencias biológicas Nathaniel J. Dominy y el experto en Ciencias naturales Justin D. Yeakel, esto quiere decir que cuando Frankenstein impide el plan del monstruo, en realidad está salvando a la humanidad.

Dominy y Yeakel utilizaron las mismas herramientas informáticas que utilizan los ecólogos para examinar la evolución de las comunidades en expansión y así establecer cuán rápido nos llevaría a la extinción una pareja de monstruos de Frankenstein. De este modo, determinaron que, a partir de los datos de densidad de población de 1816 –cuando fue escrita la novela–, en el peor de los casos, dos criaturas asentadas en una región prácticamente despoblada, en la que apenas tuvieran que rivalizar por los recursos, terminarían por acabar con nuestra civilización en unos 4.000 años.

Etiquetas: culturaecologíaextincion

Continúa leyendo

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS

También te puede interesar