Desde la Antártida: El vuelo submarino del robot

2dic

4 de diciembre. Estamos hoy en medio del océano, a casi 5 kilómetros de Palmer, en una salida de campo que involucra a 3 zodiacs y al menos a 10 personas. Se trata de echar al mar dos revolucionarios robots llamados gliders Slocum. Utilizados en un programa de la Universidad de Rutgers, estos tubos de un metro de largo con aletas se encuentran entre los robots autónomos más sofisticados cuando se trata de hacer mediciones oceanográficas. Cada uno de ellos cuesta unos 100.000 dólares (aunque no lo parezca) y están cargados de sensores equipados para medir clorofila en el océano, salinidad, profundidad y temperatura.

En una de las lanchas, la tecnóloga marina Tina Haskins, con un teléfono satélite en una mano y el teclado de un ordenador portátil en la otra, dirige esta orquesta. Poniéndose de acuerdo telefónicamente con el tecnólogo principal, que está en Nueva Jersey, Haskins da la orden, y varias manos lanzan cuidadosamente al primer "glider" desde el otro bote. Está atado a una boya, por si acaso. Tina luego teclea en el ordenador las coordenadas que le dicen al delgado aparato en qué dirección ir, cuánto tiempo debe permanecer sumergido, y a qué profundidad.

El aparato tarda algo de tiempo en llenarse del agua que le servirá como lastre, pero luego se sumerge y comienza a moverse a una velocidad de 8 metros por minuto. Es momento de liberar al perro de su collar y dejarlo ir a hacer su trabajo solo. El robot comienza a emitir pulsos de luz azul de alta energía que se estrellan contra el fitoplancton que hay en el agua. Si el fitoplancton está vivo y goza de buena salud, responde a la luz azul liberando su propio destello de luz roja. Esta es una buena medida para monitorizar su estado, y por ende identificar los lugares donde se acumula toda esta clorofila.

Porque allí donde está el fitoplancton está el comienzo de toda la cadena de vida, desde el krill hasta las ballenas. El uso de estos "gliders", que por primera vez se lleva a cabo en la Antártida (aunque se usan regularmente en otras aguas del planeta), está demostrando algo interesantísimo, que trataré con más calma otro día. Los robots eléctricos Slocum fueron inventados por Doug Webb en 1991.

Y existe una conexión española con ellos: en estos días llegó al puerto de Vigo uno que hizo historia porque fue el primer robot autónomo en cruzar el Atlántico solo. Es el Scarlet Knight (Caballero Escarlata) y fue lanzado el 27 de abril desde Nueva Jersey. Algo así como el primer vuelo de Lindbergh, pero en el agua. Fue recogido por el buque español La Pinta, del Ministerio de Fomento del Gobierno de España, después de navegar ininterrumpidamente durante 7379 kilómetros en un período de 219 días.


Ángela Posada-Swafford



Para más información Sigue el periplo de Ángela en "Desde la Antártida"

Continúa leyendo

COMENTARIOS

También te puede interesar